El espectáculo de Torra en Estados Unidos proyecta la imagen de una Cataluña que muchos no reconocen / EFE

La Cataluña actual: no gracias

La situación que se vive en Cataluña tras años de proceso y agitación soberanista arroja un panorama sombrío

Hace unos días mantuve una larga conversación con Albert Boadella. En ella se habló, como es normal, de la actual Cataluña.

Hace 40 años la gente salía a la calle pidiendo libertad de expresión, pues Boadella estaba en prisión por “La Torna”. Años después se le persigue por no pasar por el tubo y decir la verdad.

Algunos no reconocemos la Cataluña en la que nacimos y vivimos

Este caso es un ejemplo claro del cambio que ha habido en la sociedad catalana. Me comentó Boadella: “si bien es cierto que Franco fue nefasto para España, no lo es menos que los independentistas lo están siendo, actualmente, para Cataluña”.

Y es que, en pocos años, la transformación ha sido devastadora. Algunos no reconocemos la Cataluña en la que nacimos y vivimos. Esta no es nuestra tierra.

La patada hacia delante

Podemos simplificar la historia y decir que Artur Mas es el culpable de todo. ¿Por qué? Sencillamente, montó todo este proceso para salvar a los Pujol, a CDC y a sí mismo de cualquier investigación por corrupción.

En un supuesto país independiente estarían libres de tales acusaciones. El tiempo ha demostrado que no. Ahora bien, esto es simplificar mucho.

Es cierto que la realidad es esta, pero a los independentistas no les gusta y no oyen la realidad. Han aprovechado esta circunstancia para levantarse en pie de guerra contra España y todo lo que esta palabra significa.

Parece como si tuvieran un buen abogado que les haya dicho: “ustedes declaren enajenación mental transitoria”. Conozco a bastantes que padecen esta enfermedad. Están enajenados con el procés y no ven más allá de sus narices.

Es una situación jamás vivida en Cataluña. Cierto es que ha habido independentistas desde mediados del siglo XIX. Pero lo de hoy en días son kamikazes independentistas.

Nada les importa porque viven en una realidad paralela, imaginaria y condenada al fracaso.

No hay ninguna razón que sustente las pretensiones independentistas.

No hay ninguna razón histórica, social, cultural, social, económica, política, judicial y personal que sustente las pretensiones independentistas.

Todo lo que ellos proclaman y defienden es una gran mentira que han vendido a la sociedad catalana y una parte la ha comprado y se ha enajenado con ello.

Las mentiras catalanas

Se dice del axioma que es una proposición o enunciado tan evidente que se considera que no requiere demostración.

Pues lo mismo han hecho los políticos con un axioma llamado “independencia”. Y en matemáticas se puede entender, pero en política no existen los axiomas, pues no es una ciencia exacta.

Estos políticos decidieron hace tiempo que Cataluña tenía que ser independiente.

Para conseguirlo les importaba muy poco las leyes -se demostró el 6 y 7 de septiembre del 2017- el derecho a serlo o no, la paz social y todo lo que supone una decisión de tal calado.

En Cataluña se ha instaurado la manipulación de todo con el único fin de lograr la utopía

Lo decidieron y se enfrentaron -se siguen enfrentando- a todo aquel que esté en contra. En Cataluña se ha instaurado la manipulación de todo con el único fin de lograr la utopía.

Otra gran mentira, pues la utopía es el sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía.

La Cataluña del futuro

En la Cataluña de nuestra juventud se vivía la pluralidad o la cruda realidad de dos culturas: la castellana y la catalana.

Convivíamos con personas que iban al Colegio alemán, al Liceo francés, a colegios religiosos y a los nacionales. Porque en aquella época se les llamaba así.

Convivías con personas que hablaban diferentes idiomas y siempre acababas entendiéndote con todos. Había libertad y nadie hablaba de política. Es más, nuestro nivel intelectual era y es superior al de nuestros hijos, aunque algunos no lo quieran ver y lo nieguen.

No teníamos problemas identitarios y la convivencia era pacífica. Muchos veníamos de una educación aun vinculada con el franquismo y, con el tiempo evolucionamos como muchos otros españoles.

Somos y formamos parte de aquella generación que creció con la Transición. Tuvimos carencias, pero éramos felices. Esta felicidad venía dada del hecho que no conocíamos nada mejor, sí peor.

Los independentistas están destruyendo una parte de España

Si lo que vivimos hoy en día es la Cataluña del futuro, aquella que heredaran nuestros hijos, ya se la pueden quedar. No es mí Cataluña. No es la Cataluña de miles de personas que sienten añoranza de esa tierra en la cual crecieron y que hoy no reconocen.

Los independentistas están destruyendo una parte de España ya no solo con mentiras, sino con la enajenación mental que destilan a diario en los medios de comunicación.

Algunos estamos convencidos que no se debe tirar la toalla.

Que podemos recuperar nuestra tierra. Cataluña, desde hace generaciones, ha sido pragmática, realista, respetuosa, creativa, moderna, emprendedora, europea y abierta.

Estos valores los recuperaremos porque estamos obligados. No por nosotros, sino por nuestros hijos y nietos. Que así sea.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

César Alcalá

Historiador

César Alcalá es historiador, articulista, editor y político. Especializado en las guerras carlistas y la guerra civil española. Es autor, entre otros libros, de Checas de Barcelona. Regidor en activo, está vinculado a la Fundación Aucal como profesor.

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