El expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont junto a su abogado, Paul Bekaert, hace unos días en la Ópera de Gante. EFE/Carlos Rey Estévez. ED

Puigdemont y lo que la gente quiere

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Puigdemont entona el argumento de "lo que la gente quiere" con una finalidad puramente electoralista

Fèlix Riera

El expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont junto a su abogado, Paul Bekaert, hace unos días en la Ópera de Gante. EFE/Carlos Rey Estévez. ED

Barcelona, 30 de noviembre de 2017 (04:55 CET)

El credo de Carles Puigdemont reza que “no hi ha crim en defensar el que la gent vol, el crim és violar-ho" y muestra la afición de muchos políticos por arrogarse el mutable sentir de los ciudadanos. Hasta hace poco el independentismo político hablaba del “pueblo catalán”; ahora la estrategia es hablar a la gente.

¿Qué ha ocurrido para que opere tal cambio de orientación hacia el receptor del mensaje? ¿Es que ahora el pueblo incomoda y es más ventajoso hablar a la gente? El cambio obedece a una simple pero enojosa circunstancia; el hecho de que, una vez convocadas las elecciones, se disuelve el pueblo "que hará historia" en votantes que quieren cambiar el presente.

En unas elecciones se pide el voto al ciudadano, no vota el pueblo, que sí lo hace cuando vota un referéndum y plebiscitos. Por eso los referéndums los carga el diablo; una vez puestos en marcha, hasta los convocantes acaban siendo devorados por ellos.

La patria debe salvarse de actitudes políticas que niegan el estado de derecho

"Lo que la gente quiere" se utiliza como doctrina política que pretende utilizar a la gente como caballo de Troya para, una vez pasadas las elecciones, volver a hablar en nombre del pueblo. Otra de las frases del último discurso de Puigdemont, realizado el pasado sábado desde su isla de Bruselas, la Elba moderna del independentismo, refleja aún mejor este cambio de orientación: "Alguns volen ser salvadors de la pàtria, d'altres servidors de la gent”.

Sin duda la patria debe ser salvada de actitudes políticas capaces de llevar a la negación el estado de derecho, escudándose en un pueblo omnipresente, que lo quiere todo y lo abarca todo, pero que nadie sabe muy bien dónde está.

La pregunta que debemos hacernos es de qué gente habla Puigdemont

Servir a la gente implica no disolverla en el pueblo para destruir su individualidad, alejarla de un destino común que no puede ser cambiado y evitar hablar en nombre de todos para no tener que hablar a ninguno en particular.

Una tercera aseveración de Puigdemont, ya dominado por una visión política bonapartista de liderazgo carismático, populismo y dominio de la política por la vía de referéndums y plebiscito, es la siguiente: "Cal un Estat on el protagonisme el tingui la gent”.

La pregunta que debemos hacernos es de qué gente habla, teniendo en cuenta que no todos los catalanes desean ni precisan lo mismo. La respuesta es que Puigdemont habla de la gente para evitar hablar abiertamente del pueblo; el pueblo que en sus manos políticas sigue caminando hacia la historia. 

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