Premios para vivir

15 de mayo de 2016 (01:00 CET)

He asistido hace tres días a la Noche Irla, el acto anual en el que la Fundación Irla entrega los Memoriales Macià y Companys así como el premio de ensayo. Al ser la última noche que me tocaba ejercer la presidencia de la Fundación, me permití hacer un repaso al trabajo hecho los últimos cinco años.

Las fundaciones de los partidos del régimen se han visto salpicadas por casos de corrupción vinculados a la financiación irregular de estos partidos. No es el caso de Irla, que recibe todos los ingresos del sector público directo o indirecto, a partir de las aportaciones que los cargos electos republicanos tienen que hacer según la carta financiera y de transparencia republicana.

A pesar de las limitaciones presupuestarias que este sistema transparente impone, la acción entusiasta de gente que trabaja por ideales –sí, por ideales-  permite multiplicar el trabajo que en otros casos desarrollan simples mercenarios. Hasta que partidos y fundaciones no recuperen este espíritu utópico y acepten desarrollarse en base al esfuerzo militante o monetario de las propias capacidades, asistiremos a vodevils como el que ya pronostiqué hace una semana, del fracaso del acuerdo sobre el recorte en el gasto electoral.

Dicho esto, el memorial Companys que tuve el honor de poner en marcha ya hace 25 años se ha dedicado a premiar a personas y entidades que se han distinguido en su acción social. Cada año se determina el perfil de los candidatos en función de la conmemoración que haya declarado la ONU o la UNESCO. Este año tocaban los retos del planeta y su sostenibilidad.

El jurado formado mayoritariamente por gente independiente vinculada al mundo sindical de la pyme y el cooperativismo decidió por unanimidad centrarse en los dos grandes retos del siglo XXI: la energía y el agua. Y se eligieron candidatos que en su trayectoria personal y empresarial han realizado un gran trabajo al defender la gestión y la titularidad pública o comunitaria de las fuentes de la producción, la habitabilidad y la vida. Y en nuestra casa tenemos varios ejemplos.

De todos ellos fue la cooperativa Somos Energía dedicada a la producción y distribución de energía limpia, impulsada por el incombustible ingeniero Pep Puig la que recibió el honor colectivo. Y recibió el individual, Josep Alabern, director de Aguas de Manresa, empresa municipal heredera de una gestión comunitaria del agua que proviene de la Edad Media, cuando la ciudad se rebeló contra el feudalismo para evitar la sequía.

Empresa que se ha extendido a otros municipios de Cataluña y ha impulsado la creación de Congia, que consorcia todas las empresas de agua de titularidad pública. Este premio, en plena lucha por la decisión absolutamente discutible de privatización que CiU hizo de Aigües Ter-Llobregat, es toda una declaración de principios republicanos.

En el apartado premio Macià, recibió el galardón colectivo, la entidad Centro Artesano Tradicionàrius de Gràcia por su larga trayectoria de apoyo a la música de raíz – digan folk o world music- que ha permitido una programación estable de un género que en Cataluña estuvo a punto de extinguirse en los 80; mientras en el ámbito céltico, desde Escocia a Galicia, pasando por Bretaña o Asturias, el género de raíz ha generado un florecimiento de creadores y una auténtica industria discográfica y de festivales.

En el discurso, Jordi Fàbregas rechazó frontalmente el escándalo del IVA cultural, que nos pone a la cola en el apoyo a una de las pocas industrias que no es deslocalizable: la de la creatividad.

Y en el apartado individual, el premio fue a parar a Empar Moliner, decisión que se tomó antes de que sucediera la performance anti Tribunal Constitucional, que le ha valido las últimas semanas ser blanco de todo el periodismo del régimen. Una gran escritora y periodista, crítica con el poder de verdad.

A diferencia de los intelectuales y artistas que hacen el papel de los bufones de la Edad Media: servían para mofarse de los burgueses, pero no de los feudales que eran los que mandaban de verdad, porque estos los financiaban y los podían encarcelar; y los burgueses no. Piensen en algún intelectual o miembro de la farándula muy valiente ante la burguesía catalana o de la iglesia, pero mudo ante la monarquía y los poderes estatales y financieros. Piensen, y seguro que lo aciertan.

Cuatro premiados, pues, por la noche Irla, para hacer un mundo más habitable y justo, desde el ámbito de la energía y el agua que necesitamos para vivir y trabajar; y desde el ámbito de la música, la literatura y el pensamiento que necesitamos para ser libres.
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