Perplejidad

10 de julio de 2016 (10:00 CET)

Un intelectual y estratega como Jacques Attali, al que tengo en alto aprecio, muestra su perplejidad ante las causas del "brexit". Y de los síntomas que señala. En dos artículos recientes a su blog constata que el referéndum británico es un cambio ideológico importante en la historia de Occidente. Un giro a peor.

A pesar de valorar que la democracia está por encima de todo, Attali advierte del riesgo de que se coja la consulta para salir de Europa como una rendija para cuestionar "democráticamente" cualquier derecho que hasta ahora era considerado como irreversible: la misma democracia, la libertad de culto, la prohibición del trabajo infantil, la abolición de la pena de muerte... Dice Attali que "admitir que nada está garantizado, puede dar lugar a una época como cuando la razón y la libertad fueron aplastados por la fe y el fatalismo".

En este sentido Attali hace una propuesta que puede ser controvertida, porque abusando de ella también se frenarían posibles reformas progresistas. Propone que cuando el voto pueda afectar de forma importante al destino de las generaciones futuras, no tiene que ser tomado por la mayoría de menos del 60% de los votantes. Es decir con una participación de más del 60% de votos. En cualquier caso no cuestiona que, con esta participación, gana quién saca un voto más que el otro.

La obligación de participación quiere evitar que una minoría electoral influida por un capricho o un miedo momentáneo decida por la mayoría que no ha opinado. En otra dirección Attali cuestiona el abuso del término pueblo que están haciendo posiciones populistas de todos los signos. Presentando al pueblo como víctima de los políticos en general, de los funcionarios, de los mercados sin matizar ni afinar se crean las condiciones por movimientos basados en el azar.

Pero también está claro que el problema de fondo es que a la globalización económica no ha seguido la globalización democrática y de derechos. Y por eso, está la percepción que estamos bajo una dictadura del dinero descontrolado y ante esto aparecen las populismos autoritarios y autárquicos.

La Unión Europea, que tendría que haber establecido un verdadero estado de derecho, ha preferido respetar la soberanía estatal en temas de derechos, y en cambio ha impuesto criterios económicos parcialmente unificados. Sólo en la moneda y el déficit, pero no en la fiscalidad ni su distribución intraterritorial e interclasista.

Attali avisa que la UE, sin un golpe de timón, puede acontecer en nada más que una yuxtaposición de enanos gobernados por dictadores, matándose entre sí por unas migajas de una nueva abundancia que no llegará. Este giro tendría que abonar un proyecto que promueva el altruismo, contra las dos formas de egoísmo que son la competencia económica descarnada y el populismo político.

Fomentar todavía más el intercambio entre poblaciones que no se limiten a los Erasmus de los estudiantes. La reindustrialización del continente para generar ocupación. Y, de una vez por todas, una política común de defensa financiada por un presupuesto común.

No puedo estar más de acuerdo con lo que dice Jacques Attali.

MACEDONIA

En nuestra casa ya hemos superado los límites de la perplejidad en una semana donde se descubre de boca del comisario, Pepe Villarejo, la Operación Cataluña; con la subsiguiente desaparición de documentación clave. Una semana donde se desvela cómo el Estado orienta toda su política exterior no a exportar sino a controlar de cerca las tareas de internacionalización de la Generalitat de Cataluña, seguimiento que no hace de las acciones exteriores del resto de Comunidades Autónomas, algunas de ellas con mucho más presupuesto y actuaciones que las de Cataluña.

En la semana que el TC tumba leyes catalanas no por lo que dicen sino por la intención. Una semana donde el aeropuerto del Prat ha llegado al colapso por culpa de la carencia de intervención de la Agencia de Seguridad aérea, que ha permitido a Vueling una expansión sin previsiones de eventualidades. Una semana más donde cómo si fuera el Tercer Mundo, vemos centenares de viajeros andando por las vías de Renfe después de haberlos abandonado en cualquier lugar.

Una semana donde el rey invita a la cena de Obama a todos los partidos menos a los partidos regionales o independentistas. Aquello es más propio de una monarquía bananera, teniendo en cuenta que incluso en una dictadura como Cuba, a Obama lo dejan entrevistarse con la oposición ilegal. Y finalmente, después de un despliegue de tanta musculatura represiva y tanta capacidad de desgobierno centrado en Cataluña, la enésima noticia que se ha vaciado la caja de la Seguridad Social. Y España está a punto de quebrar. ¡Olé!


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