El exconsejero y número 6 de JxCat, Josep Rull, al inicio del acto de campaña que Junts per Catalunya celebra en Mollerussa, con las intervenciones de entre otros del presidente de la Generalitat cesado, Carles Puigdemont, por videoconferencia, y otros c

La campaña independentista y la sombra de Phil

Vamos a pasar el ecuador de la campaña electoral del 21-D y el independentismo sigue enrocado en el mismo argumentario

Vamos a pasar el Ecuador de la campaña electoral y pocas cosas nuevas aparecen en el horizonte. Como si Phil se hubiera asustado al mirar su sombra, repitiendo el ritual a que nos tienen ya acostumbrados, el secesionismo vuelve a decir que si ganan el 21-D retomarán la vía unilateral. En puridad, lo que dicen es que si ganan emplazarán a Rajoy para que negocie la independencia y que si, como es previsible, Rajoy se niega, pues continuarán con la matraca.

Arguyen que estamos bajo un estado fascista. Es la teoría Romeva, que va administrando a voluntad el adjetivo. A voluntad, porque es puro voluntarismo lo que hace este eterno adolescente del intelecto, que no ha conocido el fascismo más que en las películas de Hollywood y que lo ha visto de reojo en sus andanzas como cooperante en los Balcanes. Debe de tener nostalgia de algo, pobrecito, porque si precisamente puede ir diciendo las barbaridades que dice, aun estando investigado por rebelión, sedición y malversación y recién salido de la cárcel, es por efecto de uno de los sistemas jurídicos más garantistas del mundo democráticamente civilizado. Tanto, que cuando lo explicas fuera, cuesta que lo entiendan porque en cualquier otro lugar no tendrían tantos miramientos con toda esta iniquidad.

Afirman que el secesionismo tiene que ganar porque así sacarán de la cárcel a los que permanecen en prisión provisional. Es la teoría Puigdemont, que crea de la nada un sistema jurídico en el que no son los jueces quienes deciden sobre los delitos y las penas. Tiene nostalgia de la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república, que pretendía instaurar un poder judicial controlado desde la Generalitat y amnistiar a todo aquel que, aunque contara ya con sentencia firme, hubiera tenido o tuviera cuentas pendientes con la justicia por causa de la independencia de Cataluña. No se puede hacer peor ridículo. No son los políticos los que decretan o levantan la prisión provisional. Si el secesionismo ganara, se daría de bruces con una realidad: Son los jueces, conforme a Derecho, teniendo en cuenta las normas procesales y los escrutinios interpretativos acerca de la regulación jurídica, los que deciden si una persona, investigada por la comisión de un delito grave, debe poder ser puesta en libertad o permanecer en prisión provisional.

Todo indica a que el destino de Puigdemont será el mismo que el de Junqueras 

Alegan, algunos, sin argumentos fundados, que volverán a formar el mismo Gobierno de la Generalitat que el que fue depuesto en aplicación del art. 155, con Puigdemont a la cabeza. Es la teoría de Rull, expuesta con todo detalle en un debate televisado, sin explicar a sus seguidores que ello va a resultar imposible. Otros, por el contrario, en la teoría de ERC, alegan que tiene que ser Junqueras quien pase de Extremera al Palau de la Generalitat, porque Puigdemont no puede tomar posesión desde Bélgica. En todo sistema jurídico democrático normalizado, las órdenes judiciales son ejecutivas y así va a serlo la de detención que se mantiene para los prófugos que están en Bélgica y que les será aplicada en cuanto pisen suelo español, para ser llevados a declarar ante el instructor del Tribunal Supremo.

Salvo sorpresa mayúscula, el destino de Puigdemont no puede ser otro que el de Junqueras, es decir, que aplicando el escrutinio sobre la prisión provisional, parece que ambos pasarían una temporada encarcelados. Y desde la cárcel no se puede tomar posesión como presidente ni acudir a las reuniones de gobierno. Tienen un buen lío formado ahí los secesionistas pues, en el caso de que consiguieran la mayoría suficiente de escaños, tendrán que hacer “correr la lista” para ver quién puede resultar investido. De todos modos, ya están acostumbrados y sino que se acuerden de cómo corrió la lista cuando Mas firmó su suicidio político en favor de la investidura de Puigdemont.

Gritan, no sólo en las manifestaciones, que los prófugos, los encarcelados y los provisionalmente liberados, son el “gobierno legítimo de Cataluña”, desconociendo que la legitimidad política, además de ser de origen, debe serlo también de ejercicio. Los teóricos al uso son Max Weber y Bobbio, poco sospechosos de fascismo. Para ellos, la legitimidad de ejercicio, en la teoría democrática de todos los tiempos y lugares, aúna acción política con legalidad y quien se desmarca de la ley mediante una acción política contraria al orden constitucional democráticamente establecido, pierde cualquier legitimidad que haya ostentado en el pasado.

El independentismo ha intentado confundir a los ciudadanos a raíz de las decisiones judiciales

Tergiversan, a sabiendas, el significado de las instituciones jurídicas, sin respetar su naturaleza, en el sentido exigido por la teoría garantista del Derecho. Quizás también intentarán, ya puestos, tildar de franquistas a Santi Romano o a Häberle, para confundir mejor a la ciudadanía. Nos dicen, contrariamente a su genuino sentido, que la retirada de la euroorden de detención y entrega del depuesto President y los consejeros, todos ellos prófugos, ha sido un triunfo de la estrategia procesal de los abogados belgas, cuando lo que la retirada ha originado ha sido la liquidación directa de toda la amalgama de tretas de leguleyo con que nos estaban obsequiando. En España los procesos siguen todas las garantías establecidas en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, interpretadas por el Tribunal de Estrasburgo. Y la libertad de expresión es un derecho real y efectivo. De otro modo, no estaríamos como estamos, aguantando las lindezas y los improperios, cuando no las mentiras, que nos lanzan los candidatos secesionistas.

Mienten, como durante todo el procés, siguiendo la teoría de Artur Mas, consistente en intentar “engañar al Estado”, que pretenden extender hacia un engaño generalizado. Han mentido con el “España nos roba”, han mentido con que no saldríamos de la Unión Europea con la independencia, han mentido prometiendo una avalancha de empresas acudiendo a Cataluña por las ventajas que el nuevo estado les conferiría, han mentido con las pensiones, con los desvíos de fondos sociales hacia su manipuladora propaganda, con todo. Han mentido afirmando que el 80 % de los catalanes quería el referéndum cuando ahora se ha descubierto la manipulación de las encuestas, que sólo conceden un 28% a esta opción. Han mentido cuando afirman que tienen un “mandato democrático” de dos millones de electores que votaron el 1 de octubre. Mienten también en los vídeos, manoseados, en los audios, estremecedores, fomentados por unos Comités de Defensa de la República que, más que a otra cosa, se dedican a intentar imponer forzosamente sus criterios sobre la ciudadanía democrática no secesionista.

El independentismo miente al asegurar que tienen un "mandato democrático"

No contentos con ello, ahora, cuando comienzan a temer que con sus métodos no van a poder imponerse como representantes de “un sol poble” [un solo pueblo] como continúan proclamando en sus mítines, en sus panfletos y en su goebbeliana propaganda, pretenden lanzar sospechas sobre la corrección del escrutinio electoral del 21-D. Ellos, que votaron todas las veces que quisieron en los “referendos” que han venido organizando. Ellos, que organizan votaciones que la propia Comisión de Venecia afirma que carecen de las necesarias garantías. Ellos, que son capaces de falsificar vídeos y datos, a la ucraniana manera. Ellos, que no respetan las reglas de la campaña electoral y nos llenan de lazos amarillos rotondas, ayuntamientos, hospitales, carreteras, escuelas… Ellos, que son tan demócratas que sólo están apoyados en el extranjero por los más antieuropeos y ultraderechistas partidos políticos. Ellos, que afirman ante los jueces, para poder salir en libertad condicional, que acatan el orden constitucional y respetan las medidas del art. 155 CE que han sido decretadas tras la autorización del Senado y, una vez fuera de la cárcel, vuelven al día de la marmota y pretenden continuar con el procés.

Si pasando el Ecuador de la campaña estamos así, ¿cómo piensan abordar el duelo que tendrán que afrontar si los resultados no les gustan?

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Teresa Freixes

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