Puigdemont y Junqueras se atan a la celebración del referéndum, con un calendario que tiene ahora el 1 de octubre como gran hito. EFE/Toni Albir

Maldito calendario

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El soberanismo se aferra ahora al calendario, al 1 de octubre, pero nada de lo que ha ido anunciando se ha cumplido y Cataluña sigue siendo una autonomía

Jordi García-Soler

Puigdemont y Junqueras se atan a la celebración del referéndum, con un calendario que tiene ahora el 1 de octubre como gran hito. EFE/Toni Albir

Barcelona, 12 de julio de 2017 (08:55 CET)

No, Cataluña sigue aún sin ser un Estado independiente. A pesar de lo anunciado con gran solemnidad por el presidente de la Generalitat, Carles Puigddemont, en su sesión de investidura como sucesor de Artur Mas, transcurridos ya los dieciocho meses entonces prometidos, a día 10 de julio de 2017 Cataluña todavía es una comunidad autónoma española.

En este último año y medio el Parlamento catalán ha aprobado tan solo unas pocas leyes y, por lo que se refiere a la recta final del llamado “proceso de transición nacional”, todo son todavía anuncios enfáticos de unas leyes de ruptura que por ahora no solo siguen sin ser sometidas a su correspondiente aprobación sino que en su concreción textual solo son conocidas por un reducidísimo sanedrín de dirigentes secesionistas.

Como viene siendo habitual en Cataluña desde hace ya cinco largos, interminables años, vivimos sometidos de nuevo a un calendario maldito, poco menos que infernal. Desde la teatralización de un muy peculiar 4 de julio en el TNC, tal vez por aquello del “Independence Day” estadounidense, por el momento únicamente sabemos con certeza que este calendario tiene otra fecha marcada ya con claridad, la del domingo 1 de octubre, día fijado por el presidente Puigdemont para la celebración del referéndum sobre la independencia de Cataluña.

Todo lo anunciado por el soberanismo no se ha cumplido, ¿también cabe esperar lo mismo el 1 de octubre?

También es mala suerte que de un remedo a la catalana del “Independence Day” como el que se presentó el pasado 4 de julio en el TNC vayamos directamente a un 1 de octubre que a algunos, por aquello de la edad, a la fuerza nos retrotrae a aquellas siniestras celebraciones franquistas del “Día del Caudillo”. O que a todos nos lleva, y no sé si todavía puede ser peor, a la conmemoración de la proclamación, el 1 de octubre de 1949, de la República Popular China, con Mao Zedong como dirigente máximo de una dictadura que sigue aún en el poder a pesar de sesenta y ocho años transcurridos desde entonces.

Se celebre o no finalmente este referéndum unilateral, y por tanto ilegal, promovido por la mayoría secesionista formada por Junts pel Sí y la CUP, está claro que el próximo 2 de octubre ya nada será igual en Cataluña, y de alguna manera también en el conjunto de España. Lo más probable es que el referéndum no llegue a tener lugar, o que a lo sumo sea una reedición más o menos corregida y aumentada del 9N. No obstante, en cualquier caso habrá ya vencedores y vencidos, a pesar que también puede haber exclusivamente vencidos, aunque sean derrotas de mayor o menor medida.

Es positivo recordar el 2 de octubre de 1986, con la firma del Acta Única Europea

Puestos a echar mano del calendario, convendría que unos y otros sepan que el día 2 de octubre tiene también sus propias referencias históricas, algunas de muy ingrato recuerdo. El 2 de octubre de 1944, por ejemplo, las tropas nazis sofocaron con gran brutalidad el Alzamiento del Gueto de Varsovia. Otro 2 de octubre, el de 1968 y en México D.F., tuvo lugar la brutal matanza de civiles en la plaza de las Tres Culturas por parte del ejército.

Aunque también hay otros días 2 de octubre con motivos mucho más positivos para recordar: en España, el de 1986, con la ratificación en el Congreso de Diputados del Acta Única Europea; y a nivel mundial, la declaración de esta fecha, por parte de las Naciones Unidas, como Día Internacional de la No Violencia.              

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