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El Govern de la Generalitat desatiende en verano a familias desfavorecidas que necesitan servicios y que no pueden esperar a septiembre

Sonia Sierra

Carles Puigdemont en una sesión de control parlamentario, ha asegurado que Junqueras ya "impulsa" el referéndum del 1-0. EFE/Toni Albir

Barcelona, 29 de junio de 2017 (11:52 CET)

Si preguntamos por la estación del año preferida, seguramente la mayoría de niños y adolescentes contestarían que el verano. El verano evoca, para muchos, horas de juegos en la playa o la piscina o, simplemente, el lento deslizar de las horas en las que no hay nada mejor que hacer que dejarse mecer por la pereza de la canícula.

Cuando yo era pequeña, agosto era como un paréntesis en el que todo parecía quedar suspendido. Las condiciones laborales de todas las personas de mi entorno permitían tomarse todo el mes de vacaciones y las ciudades del área metropolitana de Barcelona quedaban prácticamente desiertas. Gran parte de la población de mi Rubí natal proviene del resto de España así que era habitual que muchos se fueran todo el mes al “pueblo”, al lugar donde habían nacido sus padres, para encontrarse allí con familiares más o menos lejanos. También era muy habitual pasar todo el mes en la segunda residencia, normalmente en la playa aunque también en la montaña. Además, en esa época era habitual que los niños jugaran en la calle y el buen tiempo y las horas de luz hacían que nunca encontráramos el momento de volver a casa.

Actualmente, pocas personas pueden disfrutar de todo un mes fuera de casa y, con la cada vez mayor precariedad laboral, ni tan siquiera de un mes seguido de vacaciones. Lo de las vacaciones en el pueblo, cada vez resulta más lejano y con el precio actual de la vivienda, tener una primera residencia ya es todo un logro así que ni soñar con una segunda. Y, por supuesto, hace años que no se ve a los niños jugando en la calle. Si la conciliación familiar y laboral es un encaje de bolillos durante todo el año, en los tres meses de vacaciones escolares, las cosas se complican y empieza el sudoku de casals, esplais y colonias de verano.

Mujeres solas, familias con niños discapacitados, ese es el drama que la Generalitat no atiende en verano

Si esto es complicado para cualquier familia, resulta prácticamente imposible para las familias con menos recursos. Se trata, en muchos casos, de familias –en muchos casos, mujeres solas- con trabajos precarios que, pese a trabajar, no tienen dinero suficiente para poder pagar estas actividades y tienen que dejar a los niños solos en casa. No se trata de niños desatendidos porque sus familias no se preocupen por ellos, al contrario, la situación produce gran angustia y desasosiego a estas personas, sino de víctimas de la precariedad laboral que, pese a trabajar, no llegan a final de mes. 

Así, el verano se puede hacer muy largo para estos niños que pasan las horas solos en casa, en muchos casos frente a una pantalla, ya sea de la televisión o del móvil. Niños a los que nadie vigila mientras comen por lo que es difícil que tengan una buena alimentación. Niños a los que les cuesta entender la situación y pueden tener cierta sensación de abandono. La administración se desentiende de estas familias y si acceden a actividades estivales mediante becas suele ser gracias a las entidades sociales.

Y la situación todavía se complica más si estos niños tienen alguna necesidad específica. Pensemos, por ejemplo, en las personas con trastorno de espectro autista. Un niño no deja de tener autismo el 22 de junio para recobrarlo en 12 de septiembre y ni la Generalitat ni los ayuntamientos dan ningún tipo de respuesta a estos menores de edad que, en muchos casos, no pueden participar de los casales y las colonias ordinarias.

Hay dinero para volver a repetir otro 9N, pero no para las familias desfavorecidas sin servicios en verano

Como la administración ni está ni se la espera, suelen ser las familias las que se autoorganizan en asociaciones y buscan soluciones a la financiación como, por ejemplo, el crowdfunding.

En el caso de Cataluña, la Generalitat parece encontrar dinero para volver a repetir el 9N pero no encuentra recursos para dar respuesta a todas las familias para las que el verano, lejos de ser un merecido tiempo de asueto, se convierte en un auténtico quebradero de cabeza.

En la deliciosa obra de Fernando Fernán-Gómez, Luis insiste en que “las bicicletas son para el verano”, a lo que su padre responde, “y los aprobados para la primavera”. En este caso, la Generalitat sigue sin aprobar su asignatura pendiente con las familias desfavorecidas y tendrán que volver a presentarse en septiembre.

 

 

 

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