La ruptura catalana

26 de junio de 2016 (23:56 CET)

¡Qué manera de perder el tiempo! Al cabo de seis meses estamos donde estábamos. El sorpasso de Podemos al PSOE que auguraban las encuestas no se ha producido. Vaya error que han cometido Iglesias, Errejón y compañía. Las expectativas se han venido abajo porque la confluencia de Podemos con IU ha desplazado a los nacional-populistas hacia el comunismo. El bloque progresista español lleva años sin acordarse del PCE, digan lo que digan Julio Anguita y la gerontocracia intelectual habitual. Podemos ha ido perdiendo frescura con el tiempo y las prisas.

La reacción de Pablo Iglesias no podía ser otra que la que ha sido. Su cara durante la comparecencia era de funeral, como el color de la corbata hipster que se anudó al cuello para la ocasión. Iglesias impidió un gobierno progresista en España y el resultado ha sido que el electorado ha ampliado la victoria del PP. Querían someter al PSOE y le han dado alas a Mariano Rajoy, que repetirá como presidente del Gobierno a pesar de las chistes y las burlas de la prensa enemiga.

Unidos Podemos no es el partido del cambio que fue el 20-D, puesto que este 26-J ha perdido un millón de votos mientras que el PP ha ganado casi medio millón. La equivocación no podía ser más evidente. A Iglesias y sus muchachos les van a salir canas.

En Cataluña la fuerza del cambio está en manos de los independentistas. Sólo ERC y PP han conseguido más votos que el 20-D, pero el mapa político catalán no varía. Los independentistas consiguen retener los 17 diputados y En Comú Podem los 12 que tenía, aunque ha perdido votos. Está claro que la estrategia independentista de concurrir por separado permite a los comunes presentarse como vencedores y les dan el aire que persiguen. La fórmula vencedora, aunque no consiguiese la mayoría absoluta el 27-D, se llama Junts pel Sí. Ese es el movimiento soberanista que reúne mayores adeptos. Junts pel Sí había obtenido el tercer diputado por Tarragona y Lleida y habría sumado uno o dos diputados más por Barcelona. Si los independentistas no se dan cuenta de ello y no se ponen de acuerdo, estoy seguro que sufrirán en el futuro.

El único movimiento político de ruptura real en España es el soberanismo. La tentación española puede ser el inmovilismo, que incluya a Unidos Podemos. Sería un error y la sentencia de muerte de un Estado que se está demostrando que es irreformable. El PSOE no está en condiciones de formar Gobierno y los del PP lo saben. Los populares gobernarán en minoría y será muy difícil que llegue a un acuerdo con los soberanistas catalanes. Ahí tendrá su telón de Aquiles. Lo que no está claro es si los soberanistas sabrán lanzar la flecha que les derrumbe. Cataluña es muy diferente a España, por lengua y por economía, pero también lo es políticamente.  

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad