La lengua y el 155

El delegado del gobierno en Cataluña, Enric Millo, ha sido el rostro más visible de la aplicación del artículo 155. Efe

La lengua y el 155

Debemos tener un debate amplio sobre la lengua pero también sobre si la aplicación del 155 ha sido excesivamente suave o no

Los principios contra la estrategia. La conveniente contra lo fundamental. Cuidadanos adopto una estrategia que le ha costado no pocas críticas basada en no ir a la investidura y dejar que toda la atención mediática y presión recayera en el separatismo. Hasta ahora estaban teniendo éxito. El independentismo ha sacado a relucir todos sus trapos sucios: la incomunicación entre Carles Puigdemont y la familia de Oriol Junqueras lo más feo, pero también la lucha no solo entre republicanos y seguidores del expresidente viajero sino incluso entre Puigdemont y sus excorreligionarios del Pdecat. Si el objetivo de Inés Arrimadas era poner de manifiesto la inviabilidad de la propuesta de Puigdemont estaba teniendo éxito.

En medio de la cruenta batalla separatista surge la propuesta, globo sonda, sobre si en la campaña de matriculación debe incluirse la casilla de español. Cualquier francés, alemán, inglés, escocés, chino o vietnamita que preste atención a este debate, cosa altamente improbable, alucinará que en España se discuta si a un niño se le puede escolarizar en la lengua oficial de ese país. Pero es que aquí, en Catalunya, ya se sabe, somos especiales.

Desde una perspectiva de análisis de comunicación política lanzar esta propuesta en el momento álgido de la lucha entre separatistas podría considerarse un error de manual. El intento de negar la catalanidad de la lengua española, tan nuestra como el catalán. La pretensión nacionalista de presentar la realidad catalana como monolingüe viene de 1980, desde el primer día de Pujol en el Gobierno de la Generalitat, así que los separatistas frente a la propuesta de que los padres puedan hacer algo tan terrible como elegir la lengua en la que educar a sus hijos, incluso si esta es su lengua materna, se unen para negar sus derechos y su identidad a más de la mitad de la población catalana. Molt democràtic tot plegat.

Pero el debate que debemos tener es más amplio y tiene dos esferas. El primero, más allá de la conveniencia del momento o no, es sobre la lengua en sí. ¿Qué pasa con la lengua que esta semana el Gobierno de la Comunidad Valenciana saco adelante una ley lingüística en medio de la polémica? En Baleares hay un debate abierto sobre la necesidad de conocimiento o no del catalán por parte del personal sanitario.

El globo sonda de la dichosa casilla quizás no llega en el mejor momento pero en verdad nunca es un buen momento para decirle al separatismo que las concesiones de los gobiernos de España en materia lingüística y en otros temas han sido un error y quizás ha llegado la hora de replanteárselo dado que lejos de permitir el acomodo de los nacionalistas a España, que era el gran argumento para pasarse el día con los pantalones por debajo de las rodillas, les ha permitido adoctrinar e impulsar su agenda separatista con casi total impunidad.

El reto será exigir a quien gobierne que respete leyes y derechos de todos los catalanes por igual

La segunda esfera del debate no es nueva y tiene que ver sobre si la aplicación del 155 ha sido excesivamente suave o no. El gobierno de Mariano Rajoy ha argumentado en su favor para la aplicación de un 155 light que debía consensuar dicha aplicación con C's y el PSOE-PSC. Pero en cambio C's en infinidad de ocasiones ha acusado al ejecutivo de Rajoy de tibio en la aplicación del articulo 155.

Lo cierto es que en todas las consellerias hay plastiquillos contaminantes y no biodegradables de color amarillos que manchan fachadas junto a carteles que hablan de presos políticos no de Cuba o Venezuela sino de España.  En TV3 se mofan del Rey o hay presentadoras con camisetas de apoyo a Puigdemont y se siguen repartiendo subvenciones a medios de comunicación voceros de la causa separatista.

Alguien afirmo que el globo sonda lingüístico tenía como fin forzar a los separatistas a ponerse de acuerdo, una especie de “o pactamos o Moncloa se carga todo nuestro legado”.

El separatismo en el ocaso de su procés se debate entre el cumplimiento de la Ley y el acatamiento al marco constitucional, como defiende Pascal –no se sabe si influida por su reunión con Rubalcaba– o el desarrollo de la República orweliana como le dijo Boya al Juez esta semana.

El Constitucionalismo lo tiene mucho más fácil. No parece que aspirar a tener un gobierno con la ideología que le dé la gana, pero que simple y llanamente respete la ley. Por ejemplo, incluir una casilla en la documentación de matriculación escolar para que los padres puedan elegir si quieren escolarizar a su hijo en su lengua materna, sea esta el catalán o el castellano, no parece tanto pedir.

No bastará con que C's haya ganado las elecciones, tampoco con que el constitucionalismo sume un día 68 diputados en el Parlament. El reto será perder el complejo de exigir a quien gobierne que respete leyes y derechos de todos los catalanes por igual. Así de simple, y de difícil.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre, al margen de su carrera política -fue diputado en el parlamento catalán-, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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