El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont y la presidenta del parlament Carme Forcadell, en la manifestación convocada por la Mesa por la Democracia para pedir la libertad de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. EFE

Forcadell en Barcelona y Puigdemont en Bruselas

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La decisión del Tribunal Supremo debe provocar que Puigdemont asuma la realidad y vuelva desde Bruselas

Miquel Porta Perales

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont y la presidenta del parlament Carme Forcadell, en la manifestación convocada por la Mesa por la Democracia para pedir la libertad de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. EFE

Barcelona, 11 de noviembre de 2017 (04:55 CET)

La decisión del Tribunal Supremo: prisión provisional eludible con fianza para Carme Forcadell, presidenta del Parlament de Cataluña. Muy probablemente, el cambio de estrategia –Carme Forcadell ha decidido contestar las preguntas formuladas por el Tribunal: una prueba de humildad y colaboración con la Justicia- ha contribuido a ello. Y, según parece, Carme Forcadell habría acatado el artículo 155 de la Constitución y habría afirmado el carácter simbólico de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) adoptada por el Parlament el 27 de octubre.

Detalles. Algunos miembros de la Mesa del Parlament habrían afirmado que el referéndum del 1 de octubre carecía de garantías y de validez. Todavía más: algunos de dichos miembros habrían anunciado la voluntad de apartarse de la política  y de ajustar su comportamiento a la legalidad constitucional.  

Otro detalle que retener. La Carme Forcadell que autorizó la votación de la Ley del Referéndum, de la Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República, así como la Declaración de Independencia de Cataluña, ha decidido colaborar con la Justicia. La Carme Forcadell del “ni un paso atrás”, después de la implementación del artículo 155, da una zancada atrás. ¿Una estrategia de la defensa? ¿Una declaración de conveniencia? ¿Una manera de eludir la prisión provisional? ¿La enésima argucia nacionalista? ¿Arrepentimiento? ¿Capitulación? Se verá. En cualquier caso –dadas las circunstancias del caos-, burlar a la Justicia tendría un precio muy alto.

Forcadell acató el 155 y afirmó el carácter simbólico de la DUI

¿Cómo reaccionará la fiel infantería secesionista si se confirma el enésimo engaño de los inductores del “proceso”? ¿Continuarán –como hasta ahora- en su ínsula barataria?

La decisión del Tribunal Supremo, así como la declaración de Carme Forcadell, reducen la tensión existente en Cataluña. Y muestran a las claras que, en España, el Estado no ha dado un golpe de Estado y no hay presos políticos –Amnistía Internacional lo confirma-, sino políticos investigados por –supuestamente- incumplir la legalidad democrática, prevaricar o malversar recursos públicos.

Algunos miembros de la Mesa del Parlament habrían afirmado que el referéndum del 1 de octubre carecía de garantías y de validez

Así las cosas, el secesionismo, ¿continuará en la calle exigiendo la libertad de unos presos políticos que no existen?       

Y ahora, ¿qué puede ocurrir? Diversas cosas. Que los exconsejeros encarcelados salgan en libertad provisional, sobre todo –menos arrogancia- si piden declarar de nuevo y acatan la legalidad a la manera de Carme Forcadell. Que los activistas de la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural sean igualmente excarcelados si actúan a la manera de la presidenta del Parlament. ¿Tiene sentido que unos y otros –inasequibles a la realidad y al desaliento- no imiten el ejemplo de la segunda autoridad de la Generalitat? ¿Cómo justificar un supuesto golpe de Estado del gobierno español cuando los partidos independentistas se presentan a una contienda electoral legal y la presidenta del Parlament reconoce el artículo 155?  

Con Carme Forcadell en Barcelona –con los exconsejeros excarcelados, cuando se dé el caso-, ¿qué sentido tiene la denominada Lista de País que quiere impulsar Carles Puigdemont para las elecciones del 21 de diciembre? Ninguno. Y es que los argumentos del expresidente Carles Puigdemont –golpe de Estado del gobierno español, presos políticos o gobierno catalán en el exilio- van cayendo uno a uno como ocurre con las hojas en otoño. Y Carles Puigdemont no encuentra nadie que le escuche en la Unión Europea y el mismísimo parlamento de Flandes se pronuncia -¡95 votos contra 4!- en contra de la independencia de Cataluña. Y Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, habla del “veneno” nacionalista.

Carles Puigdemont ya está amortizado. Carles Puigdemont es un estorbo. Carles Puigdemont es lo más parecido a una mochila repleta de piedras que nadie –digan lo que digan- quiere cargarse a la espalda.  

Los argumentos de Carles Puigdemont van cayendo uno a uno como ocurre con las hojas en otoño

La ficción secesionista –el famoso suflé- se desinfla. Y muchos deberían pedir excusas por esa enciclopedia de las mentiras que ha sido el “proceso” que ellos –los independentistas- han diseñado sabiendo, a ciencia cierta, que todo era un mera fantasía. ¿Cuántos embaucadores dimitirán y pondrán fin a su carrera política? ¿Cuántos se disculparán por la devastación –política, social, económica y personal- causada? Me temo que ninguno lo hará. Son así.

La realidad es como es. Las cosas están como están. ¿Una lista secesionista unitaria? No. Los partidos tienen los intereses que tienen. ¿Alguien cree que Esquerra Republicana renunciará a la hegemonía nacionalista y a la posibilidad de gobernar –para salvar al Pdecat o a Carles Puigdemont- cuando el “proceso” está ya en su fase de colapso y el expresidente está fuera de la realidad? Probablemente –de la necesidad virtud-, Esquerra Republicana aceptará –sola o acompañada- la legalidad con el objetivo de acumular fuerzas. Y hasta la próxima.

Forcadell en Barcelona y Puigdemont en Bruselas. Un disparate. Llegó la hora de que Carles Puigdemont asuma la realidad y vuelva a casa antes de Navidad. Para asumir su responsabilidad.         

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