El nombre de la cosa

12 de julio de 2016 (01:00 CET)

¡Menudo lío se van a hacer algunos de los más veteranos votantes convergentes cuando tengan que acudir de nuevo a las urnas! Más de uno no sabrá ya qué vota, tantos han sido los cambios de nombre con que Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) ha concurrido a las elecciones, en especial estos últimos años, desde que Artur Mas sucedió a Jordi Pujol y poco después se empeñó en abrazar la vía del independentismo.

Quienes votaron por vez primera a CDC el 15 de junio de 1977, en las primeras elecciones democráticas celebradas después del franquismo, lo hicieron a favor de una candidatura llamada Pacte Democràtic per Catalunya, coalición integrada por CDC, fundada y liderada por Jordi Pujol, Esquerra Democràtica de Catalunya (EDC), creada y presidida por Ramon Trias Fargas, el Partit Socialista de Catalunya-Reagrupament (PSC-R), fundado por el entonces ya difunto Josep Pallach y dirigido por Josep Verde Aldea, y el Front Nacional de Catalunya (FNC), liderado por Joan Cornudella.

A partir de los primeros comicios municipales, los de 1979, la candidatura de CDC fue ya la de Convergència i Unió (CiU), coalición formada con la democristiana Unió Democràtica de Catalunya (UDC), con la que solo un año después conquistó por primera vez el control del Gobierno de la Generalitat, que mantuvo de manera ininterrumpida durante casi un cuarto de siglo, hasta 2004.

Nada queda ya de aquella CiU que fue pieza esencial en la política catalana. La antigua coalición de CDC y UDC, convertida luego en una federación, saltó por los aires cuando los democristianos liderados por Josep Antoni Duran Lleida no quisieron asumir la deriva soberanista e independentista emprendida por Artur Mas.

CiU desapareció y CDC se presentó a las elecciones autonómicas de 2015 en una nueva coalición, de la mano de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y algunos grupos y personas independientes, bajo el nombre de Junts pel Sí. Pero esta fue una coalición de vida muy efímera, ya que CDC se presentó bajo el nombre de Democràcia i Llibertat en las elecciones generales de diciembre del mismo año 2015, para hacerlo por vez primera como CDC el pasado 26 de junio.

Nada queda ya de todo esto. Por no quedar, no queda ni tan solo el nombre de CDC. CDC ha pasado a la historia, tras un suicidio asistido auspiciado por Artur Mas. Se trata de fundar un nuevo partido, y por tanto de dar con otro nombre para la cosa. El nombre elegido ahora es el de Partit Demòcrata Català (PDC). Aunque está por ver si el nuevo nombre de la cosa es o no impugnado ante los tribunales por Demòcrates per Catalunya (DPC), la escisión de UDC liderada entre otros por Antoni Castella, Núria de Gispert y Joan Rigol, y a quién le dan la razón los tribunales finalmente.

Mucho, demasiado lío acerca del nombre de la cosa. Tanto, tantísimo lío, que a no pocos de los más fieles y conspicuos antiguos votantes convergentes, aquellos que durante casi cuatro décadas votaron a ciegas a todos los candidatos convergentes –a Pujol y a Roca, a Trias Fargas y a Duran, a Cullell y a Mas, a Trias y a cualquier otro, fuese quien fuese-, tal vez empiezan a entender que el lío del nombre de la cosa es la consecuencia de un lío mucho más importante y sin duda alguna mucho más trascendente: el lío de una formación política que hoy nada tiene que ver ya con aquella CDC catalanista, centrista, moderada y reformista, capaz de pactar con unos y otros en la política española y con un reconocimiento notable en el panorama internacional, en especial en Europa.

El nombre de la cosa es importante. Pero lo realmente importante es la cosa. Y cuando la cosa es inconsistente e inane, poco importa qué nombre se le quiere dar a la cosa.
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