Foto de familia del nuevo Govern de la Generalitat de Cataluña. EFE

El Gobierno del referéndum echa a andar

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Los últimos cambios en la composición del Gobierno de la Generalitat dibujan el nuevo Ejecutivo que intentará realizar el referéndum

Barcelona, 15 de julio de 2017 (08:00 CET)

La crisis abierta por las declaraciones del exconsejero Jordi Baiget no acabó con su destitución del pasado 4 de julio. Diez días después esa primera crisis arrastra fuera del gobierno a tres consejeros del PDeCAT, Neus Munté, Jordi Jané y Meritxell Ruiz, y al secretario del Govern, Joan Vidal de Ciurana. Es la misma crisis pero en dos fase diferentes. Puigdemont  se equivocó cuando optó por substituir a Baiget en solitario en vez de provocar a principios de mes la crisis de gobierno de ahora.

Hablar a toro pasado es fácil. Pero cada vez estoy más convencido de que Puigdemont debería haber abordado un cambio en la composición de su gobierno cuando superó la moción de confianza que convocó cuando la CUP tumbó los presupuestos de 2016. Fue entonces cuando Puigdemont se comprometió a convocar, con o sin acuerdo con el Estado, un referéndum de independencia en septiembre de 2017 si la CUP se comprometía a aprobar los presupuestos de ese año.

La promesa presidencial se va a cumplir, porque el referéndum ya tiene fecha y el nuevo gobierno se autoimpone el encargo de no flaquear, a pesar de que la CUP atornilló al gobierno cuando se presentaron los presupuestos de 2017. Pero eso ya se sabía que sería así. Si algo ha caracterizado al PDeCAT desde su nacimiento un año atrás es su falta de estrategia, substituida por esa sinfonía de voces que a menudo desafinan. Marta Pascal tiene ahora la oportunidad de poner orden.

Si el presidente Puigdemont hubiese remodelado su gobierno en setiembre de 2016, ahora no estaríamos hablando tan dramáticamente de lo que es normal en todas las democracias consolidadas, que es que los gobiernos se adaptan a las necesidades políticas de cada momento. En enero de 2016, cuando se constituyó el primer gobierno, no estaba en el horizonte el referéndum que se pactó en setiembre de ese año. Si entonces se hubiese aprovechado el cambio de rasante provocado por la aritmética parlamentaria, el PDeCAT no hubiese sufrido el desgaste de estos últimos meses.

La promesa presidencial se va a cumplir porque el referéndum ya tiene fecha 

Además, esa hubiese sido la ocasión de transferir al vicepresidente Junqueras las competencias sobre procesos electorales, lo que hubiera sido lógico ya que él y el consejero Romeva fueron los encargados de organizar el referéndum, que es lo que también anunció el presidente en el debate de la moción de confianza. Lo hecho, hecho está, aunque no sea lo óptimo. Pero por primera vez el organigrama gubernamental es coherente con la decisión de organizar un referéndum de verdad para no repetir el proceso participativo que fue el 9-N.

La remodelación del gobierno no es ninguna purga. A algunos consejeros sus entornos no les han ayudado en nada. Al contrario, han fomentado el desánimo y al hacerlo han debilitado la posición de sus jefes. Eso a veces pasa y no es bueno si no se sabe atajar a tiempo. Los nuevos consejeros, mucho más políticos que los anteriores, necesitarán un entorno disciplinado, eficiente y animoso para superar los meses que quedan hasta el referéndum. Lo que tiene que hacer el PDeCAT es volcarse en favor de sus consejeros para atajar, en primer lugar, las posibles heridas que haya provocado la operación de cambio de gobierno.

Por primera vez el organigrama gubernamental es coherente con la decisión de organizar un referéndum de verdad 

El PDeCAT debe luchar, además, contra las falsas interpretaciones sobre su compromiso con el referéndum. Para eso ya están Ada Colau y los comunes, que dudan y menosprecian el referéndum y encima no asumen ningún riesgo como han asumido todos los consejeros demócratas, los anteriores y los de ahora. Si tienen alguna duda, pregúntenle a la consejera Meritxell Borràs, que sigue en su puesto en el nuevo gobierno y a quien persigue con saña la justicia española por poner en marcha el concurso para comprar las urnas.

Este es el gobierno de Carles Puigdemont. Digamos que este es el gobierno de Junts pel Sí, aunque la remodelación sólo haya afectado a una parte de la coalición. Por el momento nadie se lo va a reconocer, pero en un futuro se verá que el sacrificio del PDeCAT ha ayudado a llegar hasta aquí con un desgaste impresionante. Y es que estamos inmersos en un proceso de autodeterminación inimaginable en los tiempos en los que Oriol Pujol se dedicaba a trapichear con licencias fraudulentas. El mismo día que echa a andar el gobierno del referéndum, Oriol Pujol ha aceptado una condena de dos años y medio de cárcel por el caso ITV y la deslocalización de las empresas Sharp y Yamaha. Sólo han pasado cuatro años desde que Pujol júnior dimitiera como secretario general de Convergència y como portavoz de este partido en el Parlamento. ¡Qué cosas tiene el azar!

La remodelación del gobierno no es ninguna purga. A algunos consejeros sus entornos no les han ayudado en nada

La tarea de los tres nuevos consejeros del PDeCAT va a ser ardua y debería servir para apaciguar el ambiente. Los tres están comprometidos con el presidente y de los tres se podría decir que de raza le viene al galgo. Turull es un fajador en las filas nacionalistas de la segunda corona metropolitana, Forn es un hombre forjado en el caladero de Ramon Juncosa, uno de los coroneles mejor dotados de la vieja Convergència, y Ponsatí es una académica brillante, que en su juventud fue bastante activa políticamente, y que además atesora un regalo familiar que le vincula casi íntimamente con la institución a la que sirve. Su abuelo es el pintor Josep Obiols, quien durante la Guerra Civil diseñó papel moneda para la Consejería de Hacienda, departamento que también le encargó algunas pinturas murales para decorar las paredes ministeriales que ahora son propiedad de la Cambra de Comerç i Navegació de Barcelona.

El nuevo gobierno del referéndum tiene una clara orientación política y las decisiones trascendentales deben volver a la mesa gubernamental para eliminar resistencias y acabar con el bloqueo de los últimos tiempos. A partir de ahora todos van a tener que remar en las misma dirección, porque está claro que si el gobierno español no cede ni un milímetro, lo lógico es que el gobierno catalán se conjure al estilo de los tres mosqueteros de Alejando Dumas, que por otro lado es el lema nacional de los suizos: “uno para todos, todos para uno”

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