Del ‘Papa’ del Palmar de Troya al ‘president’ de Waterloo. EFE

Del ‘Papa’ del Palmar de Troya al ‘president’ de Waterloo

Puigdemont intenta legitimar a toda costa su candidatura para ser investido presidente de la Generalitat

Los más jóvenes desconocerán las andanzas de Clemente Domínguez Gómez, un modesto funcionario de seguros sevillano que se proclamó Papa legítimo de la Iglesia Católica al morir Pablo VI. Previamente había Fundado la orden de los Carmelitas de la Santa Faz. Clemente Domínguez consiguió importantes donaciones para sacar adelante su proyecto religioso. La más importante fue la que realizó en 1972 la anciana baronesa del Castillo de Chirel por un importe de 16 millones de pesetas. Una verdadera fortuna para la época.

En 1976, el exiliado arzobispo vietnamita de Hué, en Vietnam, Pierre Martín Ngo Dinh Thuc, que había sido abducido por el sevillano, decidió ordenarle obispo. Se sentaron las bases de una “iglesia verdadera”, se ordenó una pléyade de obispos, sacerdotes y monjas que culminó con la investidura como Papa legítimo de la Iglesia Católica al obispo Clemente, instalando su santa sede en el Palmar de Troya. Se proclamó Papa, con el nombre de Gregorio XVII, según su declaración, coronado personalmente por el propio Jesucristo, por medio de una aparición realizada al efecto.

Un excéntrico millonario católico suizo, Maurice Revaz, apoyó con entusiasmo y promovió la “iglesia legítima”. Con la colaboración del empresario suizo, Gregorio XVII creo su propio “Diplocat” y se dedicó a conseguir apoyos y reconocimientos internacionales para su causa.

Hoy casi nadie se acuerda de esta aventura legitimista

Recuerdo todo esto para llamar su atención sobre el hecho de que Carles Puigdemont no ha inventado nada nuevo con su huida a Bruselas y su intento de crear una realidad legitimista paralela. Como el Papa del Palmar de Troya, Puigdemont reivindica la presidencia legítima de Cataluña, creó un cuerpo diplomático para su reconocimiento internacional y ha conseguido financiación de empresarios y donantes para sostener su “presidencia” en el exilio. Nada original.

El legitimismo da para muchas historias. Podría definirse como la obcecación en mantener derechos extinguidos por la ley y por la historia, arropándose representación de poderes que en realidad le son ajenos.

Puigdemont ha conseguido financiación de empresarios y donantes para sostener su presidencia en el exilio

Si se bucea en Google y en publicaciones sobre la nobleza, Europa está llena de pretendientes a tronos y otras instituciones que deambulan pidiendo limosna y reconocimiento por las cortes europeas, invocando legitimidad frente a poderes legales y de verdad legítimamente establecidos.

En cierta manera, Carles Puigdemont es un gran innovador de los legitimismos. Sencillamente porque está a punto de consagrar su complacencia y connivencia con dos legitimidades e incompatibles. La vigencia de su presidencia de la Generalitat, suspendida por el artículo 155, y la que nace de unas nuevas elecciones libres en las que ha participado, reconociendo su legalidad y legitimidad. Pretende ser investido de acuerdo a los resultados electorales, por supuesto saltándose otra vez la legalidad, y en caso de que esto sea imposible agarrarse a la pretensión de que no ha existido el artículo 155 y él es el único presidente legítimo.

Carles Puigdemont es un gran innovador de los legitimismos

A estas alturas del artículo tengo que pedirles comprensión. Estamos buceando en procelosos universos surrealistas en los que convivimos con argumentos y tesis fantasmales, carentes de coherencia y remitidas nítidamente a intereses personales, universos ficticios y paralelos, excentricidades impropias de cualquier planteamiento riguroso.

Los periodistas estamos acusando la fatiga de los materiales definidos en las leyes de la física. El cansancio nos hace levantar la guardia y asumimos el lenguaje de estos extraterrestres que redefinen su realidad virtual a un ritmo agotador.

El cansancio nos hace levantar la guardia y asumimos el lenguaje del independentismo

Recuerdo que en víspera de la jornada electoral del 21-D, en una tertulia de televisión se insistía en que Carles Puigdemont no había solicitado participación por correo, pero había delegado su voto en una joven que se había ofrecido al efecto. Llegado el momento culminante de la expectación sobre la identidad de la votante por delegación de Puigdemont, no me pude contener y exclamé: “No nos volvamos locos, por favor.

No existe el voto delegado en unas elecciones en España. Esta chica votará lo que quiera, pero es metafísicamente imposible que ejerza un voto delegado de un candidato fugado de la Justicia”.

Junts per Catalunya juega al desconcierto en su vano intento por conciliar dos legitimidades incompatibles

Nos hemos familiarizado con la pretendida existencia de dos investiduras, una simbólica y otra real. Como el Papa del Palmar de Troya, Puigdemont ha implantado una sede de la Generalitat en Waterloo, que en realidad no es más que una casa alquilada por el empresario y amigo Josep María Matamala, un remake del papel que jugó Maurice Revaz como mecenas y constructor de la basílica del Palmar de Troya.

Junts per Catalunya, que es la envoltura de la iglesia personal de Carles Puigdemont, juega al desconcierto en su vano intento por conciliar dos legitimidades incompatibles. La primera, una investidura legal a distancia o telemática. La segunda, una investidura simbólica que tenga autoridad sobre una investidura real.

En estas dos historias paralelas, sale más beneficiado Gregorio XVII que Carles Puigdemont en la coherencia de sus legitimismos.

Dentro de unos años, nadie se acordará del 'president' Puigdemont en el exilio

Gregorio XVII rompió con la Iglesia de Roma y creó una suya sin relación con aquella. No pretendió simultanear dos legitimidades. Era más serio y coherente en su impostura que el fugado en Bruselas.

Pero habrá que recordar a Puigdemont, que solo un bicho raro como yo es capaz de acordarse del Papa del Palmar de Troya. Y lo he rememorado solo para que sea más visible la impostura de un oportunista que utiliza la política catalana para sus propios intereses.

Los periodistas tenemos la obligación de superar la fatiga de este surrealismo para no contaminarnos del lenguaje conceptual de los impostores.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Carlos Carnicero

¿Qué se puede destacar de la biografía de Carlos Carnicero? Quizá lo que recuerda con más cariño: las revistas Tribuna y Panorama, el periódico Diario 16 y su paso por la radio. En particular, esas noches de debate político con Carlos Llamas en Hora 25, de la SER. En 2015 se incorporó a Economía Digital donde hoy es corresponsal jefe en política.

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