Rompamos el muro de cristal o nos quedaremos sin vida

Salvador Alemany, presidente de la fundación de El Liceu, simboliza el directivo que ha salido de su despacho para implicarse en la mejora de su entorno. EFE/Marta Pérez

Rompamos el muro de cristal o nos quedaremos sin vida

Empresarios y directivos vivimos parapetados tras un grueso muro de cristal; lo que no afecta directamente a nuestra empresa nos importa poco

Vivimos tiempos convulsos y, sin duda, interesantes. Las coordenadas del universo económico y empresarial han cambiado enormemente tras la gran crisis y la convivencia social se ha vuelto más compleja. El poder de la información ya no está sólo en los grandes medios de comunicación. Las redes sociales trasmiten información, desinformación, corrientes ideológicas, y por encima de todo, conectan personas.

Lo que está sucediendo es un cambio de paradigma en toda regla y lo que me deja atónita es que el colectivo de empresarios y directivos sigamos rigiéndonos con los mismos códigos e idénticas formas que resultaban válidas cien años atrás.

Me duele ver al mundo empresarial tan despegado de la cultura, el arte y la acción social

El mundo empresarial es percibido por la sociedad como un ente complejo, distante, a veces invisible y en otras ocasiones, demasiado vociferante. Miramos a nuestro alrededor parapetados tras un grueso muro de cristal. Pareciera que más allá de nuestros intereses particulares, es decir, lo que afecta directamente a nuestra empresa o a nuestro sector, el resto nos importara bastante poco.

Me duele vernos tan despegados del mundo de la cultura, del arte y de la acción social. No estoy hablando de mecenazgo, patrocinios o aportaciones dinerarias. Estoy hablando de dedicar nuestro tiempo personal y de poner nuestra experiencia y nuestra inteligencia a disposición de otros ámbitos, porque realmente queramos contribuir a edificar una sociedad mejor.

De lo que no me cabe ninguna duda es que a la clase empresarial cada vez nos resultará más complicado seguir mirando a nuestro alrededor sin coger polvo. Y desde mi punto de vista, es una excelente noticia.

El ejemplo de Salvador Alemany

Hace apenas unos días, supimos de la salida de Salvador Alemany de la presidencia de Abertis. La noticia me causó tristeza, pues para mí, Alemany simboliza el directivo que ha decidido salir de su despacho para implicarse personalmente en la mejora de su entorno social y cultural.

No sé gran cosa de los detalles de su gestión en Abertis, pero sí conozco la gran labor que realiza en multitud de organismos sociales, económicos y culturales, que son lo que, en realidad, vertebran una sociedad y la hacen rica en valores.

Si los directivos no nos implicamos en la sociedad, nos quedaremos sin aire, sin vida, disecados

Ya hace tiempo que salí del muro de cristal, necesitaba aire fresco. Busqué espacios en los que aportar y encontré causas por las que luchar. Sin que él lo haya sabido nunca, Alemany ha sido uno de los principales referentes que he seguido a la hora de implicarme en diversas organizaciones. Se trata de dar sin esperar nada a cambio, más allá de la inmensa alegría que supone que tu aportación tenga efectos positivos.

Los empresarios y directivos tenemos que empezar a hablar de valores y de cómo podemos contribuir al bienestar de la sociedad. Si no lo hacemos y seguimos tras el muro de cristal, nos quedaremos sin aire, sin vida, disecados.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Anna Gener

Analista, Economía Digital

Anna Gener es conocida por su dominio del sector inmobiliario, como presidenta y CEO de Savills Aguirre Newman Barcelona. Pero tiene más frentes: forma parte de la comisión ejecutiva de Barcelona Global y de las juntas directivas de Pimec y del Círculo Ecuestre, entre otras instituciones. También impulsa 50 a 50, que reivindica más presencia de mujeres en el mundo de la empresa.

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