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El problema a partir del 2-O es saber qué se quiere y que se necesita, teniendo claro que la independencia no llegará y que con la sonrisa se van a quedar

César Alcalá

La escuela catalana ha potenciado los valores del nacionalismo, y la ha convertido en una escuela catalana. EFE
La escuela catalana ha potenciado los valores del nacionalismo, y la ha convertido en una escuela catalana. EFE

Barcelona, 29 de septiembre de 2017 (12:39 CET)

¿Qué pasará el 2-O? Ante esta pregunta intentaré responder más adelante. Lo que si que sabemos es lo que ha ocurrido antes del 1-O. Y es que una serie de políticos llamados independentistas han dado un golpe de estado al status quo institucional y legal vigente en España desde el 1978. Y digo llamados porque todo este proceso está supervisado por la  CUP. Un partido que no es independentista, tampoco españolista, tampoco catalanista, tampoco… Lo cierto es que son anti todo. Si mañana se proclamara la independencia en Cataluña protestarían por ella. Si se hace, blanco ellos negro. Si se hace negro, ellos blanco. Son outsiders de la sociedad. El problema es que dos personajes siniestros –Puigdemont y Junqueras-  los han necesitado para intentar salirse con la suya.

El problema es que hasta no hace mucho nadie se pensaba que las cosas iban en serio, como escribió Gil de Biedma. Tampoco entre los de Junts pel Si. Ellos estaban tensando una cuerda, pero controlada. Mientras decían ciertas cosas aquí, por detrás seguían negociando con tranquilidad con España y con la Moncloa. El diálogo con España no se ha roto nunca. Ni en estos momentos convulsos se ha roto. El problema es que, para mantener ciertas prebendas han necesitado a los de las CUP. Y, por eso, los días 6 y 7 de septiembre vivimos los momentos más nefastos y vergonzosos de la democracia.

Salieron adelante dos leyes, por así decirlo, que dieron impulso no sólo a esta parte de anarquistas antisistema, sino a aquellos acólitos subvencionados que deben ganarse el suelo. Me refiero a la ANC y a Ómnium. De no hacerlo se quedaban en fuera de juego. Sus dos líderes llevan años viviendo del cuento y sin dar un palo al agua. No quieren que se les acabe el chollo. Por eso levantan las “masas” y organizan concentraciones pacíficas bajo el lema “la revolta dels somriures”. Esta revolta es muy interesante. Mientras sonreían se cargaban coches de la Guardia Civil. Lo mismo en la calle que en las universidades. Al final se quedaran con la sonrisa y con un palmo de narices.

Junqueras y Puigdemont han mentido a los catalanes, que han implantado el lejano oeste en Cataluña

Lo interesante del tema es que todo el mundo miente menos ellos. En un abrir y cerrar de ojos se han cargado la Constitución, el Estatut y ciertas leyes que rigen el día a día catalán. Y las han sustituido por un transgénico sin forma jurídica y sin condiciones. Hace años Charles Bronson estrenó el film “Yo soy la ley”. Pues eso, Junqueras y Puigdemont son la ley. El lejano oeste implantado en Cataluña. Ambos saben y sabían cuando lo votaron que era todo una pantomima. Que nunca se verificarían estas leyes y que no entrarían en vigor. Han mentido a los catalanes y, algunos, aún los siguen y creen lo explicado por ellos.

En los últimos días hemos vivido mentiras, exaltaciones de patriotismo, rupturas de relaciones familiares y de amistad, enrocamientos, dislexias legales, tergiversaciones, sonrisas, lloros, decepciones, intransigencias, degradaciones, abusos… todo esto han tenido que soportar los ciudadanos catalanes por la inutilidad de unos políticos que no han sabido solucionar un problema y que, como siempre, es más fácil sacar a la gente a la calle que dialogar.

El punto importante es saber qué queremos y hacia dónde vamos. Y me refiero al gobierno catalán. Si el 2-O hay que empezar a dialogar lo primero que uno debe plantearse es lo que quiere y necesita. Saben muy bien que nunca conseguirán la independencia. Ni con el PP ni con el PSOE. Ambos son partidos constitucionalistas. Unos pueden hablar de federalismos pero, al final, hablan de España. Y esto lo tienen muy claro. Tampoco Podemos se lo daría, porque se toparían con la ley y esta no se puede romper como han intentado hacerlo en Cataluña.

Cataluña es tan española como Dos Hermanas, y esto lo sabe Junts pel Sí

Por eso es importante tener una hoja de ruta. El futuro del 2-O está allí y no en quimeras. Es cierto y plausible que deben arreglarse cosas. Quizás la estructuración autónoma ha tocado techo y debe ser revisada. Quizás hay puntos de dialogo y de encuentro. Ahora bien, si este es el momento de arreglarlo todo, que Cataluña tome las riendas y no haga como Pujol. Si debemos ir hacia adelante ha de ser con todas las consecuencias y que nadie se retire en el último momento. Porque, la realidad es que, a muchos catalanes ya les está bien el papel de víctima. Y no es eso. Los políticos catalanes deben afrontar este reto teniendo muy claro lo que quieren para la Cataluña del siglo XXI. Sin lloros y sin victimismo. Siendo estadistas y no comprimarios de la política.

A partir del 2-O hay un gran reto. Debemos emprenderlo y trabajarlo hasta las últimas consecuencias. Es la última oportunidad. Cataluña es tan española como Dos Hermanas. Esto lo saben Junts pel Si. Por lo tanto, hagámoslo. No sólo por nosotros, sino por el futuro de catalanes y españoles que desean vivir y crecer en armonía.

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