Presentación de 'Anna Karenina' del Ballet Eifman. Foto: Michael Khoury/Liceu

La ley de mecenazgo que no llega

El mundo de la cultura vive una situación ambigua a la espera de una nueva ley de mecenazgo que resuelva las necesidades del sector

El patrocinio no es una ciencia exacta. Cada día más empresas tienen programas de colaboración con proyectos sociales, deportivos o culturales para desarrollar su responsabilidad social corporativa, pero no está del todo claro si estas aportaciones altruistas les permiten conseguir los objetivos deseados. En principio este tipo de aportaciones obedecen a una filosofía que denominamos mecenazgo, aunque no pocas veces su práctica busca retornos que en realidad son propios de otra modelo de colaboración social a la que llamamos patrocinio.

El patrocinio, a diferencia del mecenazgo, no supone una aportación a fondo perdido. Busca un retorno tangible que se manifiesta en forma de compromiso de imagen, publicidad, ventas indirectas o simplemente en una manera de conseguir mejorar la  presencia mediática en entornos que la prohíben o la minimalizan.

Hay productos que tienen limitaciones legales para publicitarse, otros necesitan redimir sus efectos anti-ecológicos, otros buscan mantener un liderato indiscutible de mercado y los hay que simplemente buscan espacios para incrementar sus ventas en régimen de exclusividad. Y todo ello complementado, si es posible, con desgravaciones fiscales que favorezcan la inversión en cierto tipo de actividades. Las empresas que patrocinan están a la expectativa de proyectos que ofrezcan alguno de estos elementos.

El principal beneficiario del patrocinio en España es el mundo del deporte

En España la desgravación fiscal para el mecenazgo es muy relativa. Es de carácter general cuando se refiere a aportaciones a Fundaciones de interés público y restringido a ciertas cantidades cuando se refiere a la producción de actividades artísticas o donaciones a un limitado numero de proyectos que tienen el aval del articulo 27 de la ley del 2002 que ampara el régimen fiscal de las entidades sin afán de lucro y de los incentivos fiscales al mecenazgo.

El principal beneficiario del patrocinio en España es el mundo del deporte, acotado siempre a unos pocos que gozan de una gran atención mediática. En realidad se trata de un intercambio publicitario asociado a nombres propios o a marcas de enorme impacto social.

Los servicios sociales y las ONG, por su parte, reciben importantes aportaciones empresariales de manera más discreta y altruista. Sin embargo, el espacio público donde más puede crecer el patrocinio y el mecenazgo es el de la cultura, bien sea por su capacidad para ofrecer retornos comunicativos como por su implícita elaboración de imaginarios colectivos fácilmente asociables a franjas socioeconómicas definidas. El target de la opera, el del rock o el del teatro son muy específicos y ofrecen expectativas de fidelización de clientes fácilmente asociables a productos concretos.

El espacio público donde más puede crecer el patrocinio y el mecenazgo es la cultura

En este contexto, lo cierto es que el mundo de la cultura y sus contextos socioculturales viven una situación de enorme ambigüedad a la espera de una nueva ley que modernice y adapte a la realidad las expectativas empresariales respecto del mecenazgo y el patrocinio y que resuelva las necesidades de un sector con una indiscutible capacidad para aportar proyectos de interés mediático o logístico a todo tipo de empresas.

La nueva ley del mecenazgo es la promesa permanente de la Secretaria de Estado de Cultura desde que el PP ha vuelto a gobernar en España. Ha habido varios intentos de llevarla al Congreso y varias propuestas transaccionadases con diversos grupos políticos pero el tema sigue sin resolverse. Hay tres razones que lo explican y todas ellas son conceptualmente importantes.

La primera hace referencia a la complejidad existente para definir el sujeto de la aportación económica que generará una desgravación. Si consideramos de manera genérica que se trata de fundaciones o asociaciones sin afán de lucro es probable que haya que modificar las leyes que amparan ambas realidades para evitar posibles fraudes fiscales.

La nueva ley del mecenazgo es la promesa permanente del Gobierno del PP

La segunda tiene que ver con el equilibrio presupuestario que afecta la gestión de la cultura. En este sentido dotarla de más recursos públicos y a la vez favorecer las desgravaciones (menos ingresos fiscales) para complementar su financiación genera contradicciones entre los intereses del Ministerio de Educación y Cultura y el de Hacienda. 

La tercera es de carácter conceptual y obliga a establecer ciertos límites entre la demanda pública y privada de mecenazgo. Que el Museo del Prado sea objeto de aportaciones privadas es plausible pero su capacidad para ofrecer todo tipo de retornos bien pudiera ser vista como una indiscutible competencia desleal a proyectos privados (sociales o empresariales) con menor capacidad de satisfacer los intereses del mecenas.    

Resolver estos problemas es esencial para que dispongamos a corto plazo de una ley que permita adaptar nuestra cultura al siglo XXI.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Marcé

Analista, Economía Digital

Xavier Marcé aporta una visión única de dos ámbitos críticos y transformadores de las sociedades modernas: ¿cómo impacta la economía en la cultura? ¿Y la cultura sobre la economía? Su ensayo más aclamado es El exhibicionismo del mecenas (Milenio, 2007) que escribió junto con Ramon Bosch.

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