¿En qué siglo vive Barcelona?

La Pedrera es una de las mayores atracciones turísticas de Barcelona

¿En qué siglo vive Barcelona?

El éxito de las Olimpiadas propició un modelo de éxito para Barcelona que aún perdura, pero que no es necesariamente el más beneficioso para la ciudad

En el año 2014 Arturo San Agustín publicó  Cuando se jodió lo nuestro, un recopilatorio  de entrevistas informales a personajes de todo tipo acerca de las relaciones entre Catalunya y España. El titulo del libro parafrasea la pregunta que se hace Vargas Llosa en sus Conversaciones en la Catedral  y viene a cuento a tenor de la rapidez con la que se han deteriorado.

¿Cuando se jodió el Perú? ¿El estado del bienestar?¿Lo nuestro? Es difícil de saber; lo cierto es que vivimos inmersos en una época de sensaciones inciertas en la que predomina u gran  sentido de la finitud. Aquellos tiempos que no volverán; aunque a fuerza de ser precisos cuesta recordar a que tiempo nos referimos.

La dialéctica entre el liberalismo y el intervencionismo económico tiene poco que ver con ideologías políticas

Tony Judt nos recuerda en Postguerra que el conservadurismo político y económico occidental permitió el desarrollo del Estado del Bienestar como un poderoso antídoto al enorme atractivo del comunismo. Berlin Occidental es, quizá, la muestra mas lograda de este fenómeno mediático que logró imponerse en la etapa de la guerra fría, aunque una vez ganada la batalla, el mismo conservadurismo, ahora bajo la formula del neoliberalismo económico, recompuso sus estrategias para recuperar el tiempo perdido.

Nicholas Whapshott en Keynes versus Hayek nos explica que la dialéctica entre el liberalismo y el intervencionismo económico tenía poco que ver con ideologías políticas sino más bien con una determinada concepción del crecimiento y el progreso económico. En este sentido Reagan fue un presidente profundamente Keynesiano y con Clinton, en cambio, predominaron las lógicas Hayekianas.

El éxito de los Juegos propició que se basara el futuro crecimiento económico en el despliegue internacional de la ciudad

De entre todas las opiniones que se recogen en el libro de Arturo San Agustín hay una que me llamó poderosamente la atención. Barcelona organizó los Juegos en el año 92 aún sin telefonía móvil, o cuanto menos con unos pocos teléfonos pesadísimos y carísimos en manos únicamente de los grandes responsables del evento. Los Juegos se organizaron con walkie talkie.

Aunque no sucedió de manera inmediata porqué el país cayó en crisis a partir del 92, el éxito de los Juegos precipitó un brutal despliegue internacional de la ciudad hasta el punto de basar su futuro crecimiento económico en las rentas pasivas de este proceso a través del turismo, los congresos, los cruceros y la atracción de todo tipo de laboratorios creativos y start ups.

Aunque algunos eventos durasen poco la capacidad de la ciudad para atraer otros de nuevo era enorme, con lo cual había poco de que preocuparse. Unos años después la ciudad organizó el Fórum de las Culturas con un doble objetivo: acabar el antiguo Plan de la Marina y liderar el debate social global alrededor de la cultura y el arte. No fue un éxito y probablemente a la vista de los acontecimientos no podía serlo de ninguna manera

El proceso de concentración empresarial a escala global encontró en Madrid una sede más atractiva

A partir del año 95, la transición digital evolucionó de manera exponencial a partir del desarrollo de la tecnología del móvil. Los escenarios de esta evolución centrados en una incipiente nueva economía y sobre todo en un proceso de concentración empresarial a escala global encontraron en Madrid una sede más atractiva y sobre todo con mayor centralidad política. Además Barcelona apenas compitió para atraerlos concentrada como estaba en administrar su éxito turístico.

A partir de aquel momento Barcelona y Madrid pasan a tener intereses distintos, todos ellos poderosos pero contrapuestos, y los poderes políticos cambiaron radicalmente su posición: ya no se trataba de administrar un país con dos capitales, sino de  posicionarse por una de ellas y evidentemente la elección del Gobierno Central fue Madrid en un contexto de liberalización de nuestra economía. España también entró en un ciclo Hayekiano.

El modelo de crecimiento de Madrid está basado en los parámetros reales del siglo XXI

Aquel proceso tuvo consecuencias que llegan a nuestros días. El Mobile World Congres puede decidir quedarse  o marchar de Barcelona en función de la evolución política del país; lo trágico es que 12 años después de venir no sea el impacto industrial y tecnológico en la ciudad lo que le impida plantearse la opción de abandonarla.

La sensación de ser un escaparate relativamente propicio para favorecer los intereses ajenos, sin el nivel de exigencia que comporta ser el amo de las propias decisiones afecta de manera evidente la percepción negativa que muchos ciudadanos tienen respecto del turismo y de los congresos que nos visitan.

No es la misma percepción que tienen en Madrid, quizá porque su modelo de crecimiento, que con toda seguridad tiene componentes especulativos, está basado en los parámetros reales del siglo XXI mientras que el nuestro aún confía en las virtudes de una buena localización.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Marcé

Analista, Economía Digital

Xavier Marcé aporta una visión única de dos ámbitos críticos y transformadores de las sociedades modernas: ¿cómo impacta la economía en la cultura? ¿Y la cultura sobre la economía? Su ensayo más aclamado es El exhibicionismo del mecenas (Milenio, 2007) que escribió junto con Ramon Bosch.

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