Mas y la segunda derivada. El expresidente de la Generalitat, Artur Mas. EFE
  • Síguenos:

Mas y la segunda derivada

Si Mas se ha ido ahora es porque ha sido el primero en advertir que su intento de camuflar la herencia de Pujol ha fracasado

Unos lo llaman desbandada de líderes independentistas y otros carrera de relieves, por no decir de obstáculos, pero por mucho que los perdedores hagan propósito de enmienda (ante los jueces) y se pavoneen los ganadores (ante los medios), las voluntades y los ánimos no han cambiado. Tampoco las estrategias. Sólo el tempo.

Las cabezas pensantes del estado, bastantes menos de lo que pueda parecer,  siempre han tenido por ciertos dos principios: primero, que los catalanes se aprovechan de la autonomía para remar en dirección contraria a España; y segundo, que Cataluña es capaz de levantarse y competir con un brazo atado a la espalda, o incluso retorcido. De ahí la falta de inversiones, la cicatería en la financiación y la progresiva laminación de competencias.

De ahí el cepillado del Estatut y la sentencia vejatoria del Constitucional en vez de la búsqueda del encaje. De ahí la actual y encarnizada represión de los cabecillas de un movimiento que ya se puede dar por descabezado pero sigue siendo un movimiento, algo insólito en la Europa de hoy. De ahí que la reducción de TV3 o la campaña contra la inmersión vayan a surgir el efecto contrario del deseado.

 En vez de castigar a Mas, Pujol le premió nombrándole administrador de su legado y valido de sus hijos.

Desde el catalanismo biempensante y conformista, que también existe, el propio Pasqual Maragall acaba de ser acusado retrospectivamente de irresponsable por haber promovido el nuevo Estatut. Claro que sin esta bandera, y sin la errónea oposición inicial de Pujol, que se alarmó ante la reforma al intuir el final de su largo reinado, los socialistas nunca hubieran gobernado en la Generalitat. Por aquel lejano entonces, Artur Mas, ya segundo de a bordo de Pujol, conspiró contra su decisión y consiguió tumbarla con la ayuda de los principales del reducido clan, incluidos algunos de sus hijos.

El anecdotario de las reuniones clandestinas en el Palau de la Generalitat es tan suculento y burlesco que a lo mejor ninguno de sus protagonistas se atreve a contarlo. El declive era inevitable. Se trataba de sobrevivir al gran capo y para ello era imprescindible disputar a Maragall el liderazgo del nuevo Estatut. Por eso, en vez de castigar a Mas, Pujol le premió nombrándole administrador de su legado y valido de sus hijos. Lo del 3% o el 5% ya existía pero no salía de los círculos reducidos si no era en forma de rumor.

 Mas observó enseguida que se trataba de ponerse al frente del movimiento soberanista o ser barrido por Esquerra Republicana

Pasan los años. Sin una aparente y aún menos acuciante necesidad, Artur Mas se lanza a por el estado propio. ¿Interés, conversión, camuflaje? Ante todo, fría capacidad de análisis y cálculo de la segunda derivada. El movimiento soberanista era imparable. Observó enseguida que se trataba de ponerse al frente o ser barrido por Esquerra Republicana.

La ciénaga de la corrupción empezaba a apestar hasta extremos insoportables, pero a pesar de haber aceptado en el trato inicial con los Pujol hacer la vista gorda sin participar del saqueo, Mas consiguió sobrevivir hasta que la CUP le forzó a dar el famoso paso al lado. Sin el estigma de su origen como delfín de un Pujol ya apestado para siempre y sin el error de haberse estrenado en la presidencia como campeón de los recortes en vez mostrar empatía social, pedir humildes disculpas, y echar la culpa a los socialistas y a Madrid, la CUP le hubiera confirmado.

El Pdecat es un cadáver pero los demás aún no se dan cuenta

A pesar de todo, ha conseguido resistir hasta ayer mismo. Si se ha ido ahora, sin cerrar la puerta a volver, es porque ha sido también el primero en advertir que su intento de camuflar la repugnante herencia moral de Pujol ha fracasado. El Pdecat es un cadáver pero los demás aún no se dan cuenta.

La equivocación de Mas no consistió en aceptar las condiciones de la sucesión de Pujol. O lo tomaba o dejaba la política. Se le ha acusado del error, para él fatal, de retrasar la convocatoria de autonómicas plebiscitarias en el 2015. Es probable. Sin embargo, quien a pesar de su victoria electoral y su condición de símbolo cargará con el mochuelo de no haber convocado elecciones inmediatas tras el 1-O en vez de seguir hasta la DUI y el 155, no se llama Artur Mas. Él ya estaba seguro de algo muy cierto que pocos comparten, ya sea en Barcelona o en Madrid: quien rectifique, gana.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

Enviaremos un mensaje al correo indicado con el enlace que deberás clicar para completar el alta. No recibirás ningún boletín hasta entonces. Política de privacidad