Discurso de Carles Puigdemont el 21-D en Bruselas. Foto: EFE/SL

2018, simplemente intranquilo

Albert Rivera prefiere rendir pleitesía a Rajoy en vez de asumir la condición de Macron español para liderar un proyecto de cambio y salto hacia delante

Jugar a los pronósticos es casi inocuo. La influencia de las previsiones sobre cualquier futuro depende de su credibilidad. De modo que osaremos definir el año que acabamos de estrenar como simplemente intranquilo. Intranquilo pero estable. Intranquilo, o sea sin los tremendos sobresaltos de los últimos tiempos. No un año de calma y sosiego, algo imposible después del trepidante final de 2107, pero sí de cierta tregua, de preparativos para encarar la recta final de la legislatura. En 2019 sí vamos a entrar en nuevas turbulencias electorales.

Dos son los asuntos de relieve en la agenda mariana, y desde su punto de vista ambos están bien enfocados. Sobre la formación del nuevo gobierno catalán ha practicado la técnica de tirar la piedra en las agitadas aguas del independentismo y esconder la mano. Mientras Puigdemont no sea investido de nuevo, el resto poco importa, ya que todo el mundo está advertido del riesgo y las consecuencias de desafiar al Estado. Que decidan los jueces sobre posibles excarcelaciones, votaciones telemáticas y otras menudencias. La cuestión es evitar que el president por él destituido vuelva a su puesto por obra y gracias de las urnas, aunque hayan concedido a los suyos una holgada mayoría. Todo indica que Rajoy va a conseguir su propósito sin pestañear, ya que ha puesto en marcha los mecanismos para evitar ser humillado.

El diálogo que reclama Puigdemont desde Bruselas no se va a producir por la sencilla razón de que no tiene nada que ofrecer a La Moncloa. En cambio, segundo y algo más espinoso asunto, aunque no demasiado, Urkullu dispone del ungüento maravilloso que va a permitir a Rajoy abordar este año intranquilo con la tranquilidad de quien, salvo imponderables, lo tiene todo bajo control. Los votos del PNV son imprescindibles para los presupuestos y no hay razón para que le sean denegados. Favor con favor se paga. Factura razonable.

Cs ha renunciado a aprovechar su formidable éxito en Catalunya como plataforma de despegue

Distintas serían las previsiones si Rivera hubiera subido de veras el listón de sus exigencias, pero el líder de Cs ha renunciado a aprovechar su formidable éxito en Catalunya como plataforma de despegue. En vez de asumir la condición de Macron español para liderar un proyecto de cambio y salto hacia delante, lo que comportaría desafiar a Rajoy, prefiere rendirle pleitesía: España está bien, y basta con reafirmarse y abogar por pequeños retoques. Entre la conveniencia de Aznar, que le anima a convertirse en ariete de su díscolo sucesor, y la del Ibex 35 que prefiere apuntalar a Rajoy, por lo menos de momento, Rivera ha optado por obedecer a quienes le impulsaron. El primer sondeo del año, que marcará tendencia, le premia con una porción mayor del pastel en forma de una treintena de diputados extra y con eso y la foto de dique contra el independentismo se queda la mar de pagado.

Más contento todavía parece Pedro Sánchez. En lugar de alarmarse porque PP y Cs, las dos formaciones de la derecha, acarician una mayoría absoluta que tiene visos de consolidarse, exhibe en su mano la piruleta, no el cetro, de primer partido de la izquierda. “Chaval, te he ganado”, le espeta con su actitud a Pablo Iglesias, a mayor regocijo de quienes consideran que el inmovilismo político y social es lo mejor para España.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

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