JJoan Coscubiela en el parlamento catalán. El portavoz de CSQP se niega a ser la muleta del gobierno de Carles Puigdemont. /EFE

Un señor demócrata llamado Joan Coscubiela

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Coscubiela se ha convertido en el símbolo de los demócratas al señalar las vergüenzas del soberanismo

Manel Manchón

JJoan Coscubiela en el parlamento catalán. El portavoz de CSQP se niega a ser la muleta del gobierno de Carles Puigdemont. /EFE

Barcelona, 08 de septiembre de 2017 (01:14 CET)

Por su hijo Daniel. Y por la causa que ha defendido siempre. Joan Coscubiela, diputado en un grupo extraño que se llama Catalunya Sí que es pot, en el que se integra ICV, la formación que mantiene el espíritu del viejo PSUC, pero donde también están presentes políticos de la rama catalana de Podemos, tan peculiares como Dante Fachín, ha mantenido en las últimas 48 horas la bandera de la democracia en el Parlamento catalán.

Coscubiela no es un hombre fácil. Se irrita con cierta facilidad. Tal vez hace demasiado deporte, y corre en exceso, con esa moda del running. Con los periodistas ha tenido momentos complicados. Pero no pasa nada. Todos tenemos nuestras cosas. Pero Coscubiela, exsecretario de CCOO, exabogado laborista junto a tipos de una pieza como Francesc Casares o Luis Salvadores, ha dado en el clavo: las formas y el contenido, el fin y los medios, las lecciones de Norberto Bobbio, el viejo maestro al que citó en diversas ocasiones.

Coscubiela atiza al soberanismo al señalar que sólo busca defender un relato hasta el 1-O

Coscubiela simpatiza, de hecho, con los soberanistas. La apuesta por el derecho a decidir dividió en dos a ICV cuando los soberanistas lo impulsaron después de la Diada de 2012. Coscubiela trataba de navegar. Considera que el independentismo es totalmente legítimo, pero que no se pueden lograr sus objetivos con las formas empleadas en los últimos dos días, con una ley de referéndum, sin dejar participar a la oposición, y con una ley de transitoriedad que «es papel mojado» y que rompe con la democracia de un estado de derecho como España para no edificar nada.

Joan Coscubiela fue aplaudido por los tres partidos constitucionalistas, PSC, Ciudadanos y PP, y por algunos diputados de Catalunya Sí que es pot, aunque no por Dante Fachín, más cerca cada día de la CUP. Lo que afirmó Coscubiela es que ninguna mayoría parlamentaria puede vulnerar los derechos de los diputados, que no hay ninguna causa superior si se pone en peligro la democracia, y que, y eso es lo que duele de verdad al soberanismo, el movimiento independentista « se ha cargado todo lo que había conseguido en los últimos años, con su imagen democrática impecable». Eso se ha roto «en 48 horas».

Coscubiela molesta, porque le dice a los soberanistas la verdad, sin herir su proyecto legítimo

Pero el mensaje de Coscubiela, desgranado en sus diferentes intervenciones a lo largo del debate sobre la ley de transitoridad, fue que el soberanismo ha querido forzar la máquina en el Parlament «sólo para mantener un relato que les permita seguir hasta el 1-O», sabiendo que, difícilmente, se podrá celebrar el referéndum. Es decir, que al bloque independentista le pierde la estética, como decía Unamuno de los catalanes, que sólo le preocupa parecer que son coherentes.

Hubo otros demócratas en el hemiciclo, como Miquel Iceta, con un discurso trabado, que dejó en evidencia a Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, que, en distintos momentos, no sabían dónde mirar.

Sin embargo, el foco de estos días lo ha monopolizado –también porque forma parte de ese grupo extraño que quiere atraer el soberanismo para su causa—un señor demócrata llamado Joan Coscubiela.

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