Si yo fuera Rajoy…

21 de febrero de 2016 (01:00 CET)

Si yo fuera Rajoy, que no lo soy como resulta evidente, cerraría a cal y canto mi agenda este fin de semana y alejándome de todo y todos (seguro que conoce de sobra en la maravillosa Galicia unos cuantos rincones para poder hacerlo) dedicaría las horas a reflexionar sin presiones ni pasión sobre mi futuro inmediato, el de mi partido y el del país.

Si yo fuera Rajoy y estuviera en esas circunstancias seguramente llegaría a la conclusión de que mi tiempo ha pasado, que son muchos años de dedicación a la política, que cuatro años en la más alta responsabilidad ejecutiva en España son suficientes y que es el momento de poner punto y final a una etapa que, quizás, pueda presentarse con más luces que sombras.

Si yo fuera Rajoy analizaría con detenimiento las posibilidades de continuar y vería mi aislamiento fuera de mi propio partido y en consecuencia mis dificultades para generar alianzas y estudiaría a fondo las consecuencias que podría tener para mi partido la convocatoria de unas nuevas elecciones, con una ciudadanía cansada y a la que tendríamos que explicar y convencer de que pese a los recientes casos de Madrid y Valencia somos capaces de vencer a la corrupción en este país.

Si yo fuera Rajoy, y tuviera los datos que seguramente él debe tener, vería que los riesgos de que el electorado me responsabilizara de esa nueva convocatoria serían altos y que en ella el PP es más probable que perdiera escaños que por el contrario los ganara, y llegaría además al convencimiento de que el partido necesita una cierta refundación.

Por tanto, si yo fuera Rajoy convocaría a primera hora a mis más inmediatos colaboradores, a continuación a los órganos ejecutivos del partido y les plantearía mi decisión de abandonar y la conveniencia de facilitar la investidura de Pedro Sánchez con la abstención del PP siempre que éste aceptara algunas condiciones mínimas, negociadas tal vez a través de Albert Rivera.

Poco después, convocaría una rueda de prensa y a través de los medios lanzaría al país un mensaje que básicamente diría algo así: Más de 7 millones de españoles nos han vuelto a dar su confianza en unas circunstancias muy difíciles, pero también es cierto que el electorado ha dibujado un parlamento en el que existen otras alternativas de gobierno, en concreto una que podría reunir 130 diputados frente a nuestros 123.

En un acto de responsabilidad y generosidad, para evitar a los españoles un nuevo proceso electoral de resultados inciertos, el PP ha decidido abstenerse; creemos que no es ni de lejos la mejor alternativa  -nuestra apuesta era una gran coalición-, pero no es posible, pero lo urgente para el país ahora es tener un gobierno; ese gobierno va a tener en el PP una oposición exigente y extremadamente atenta, pero dispuesta a abordar reformas siempre que éstas redunden en una mejora de la calidad institucional y económica de España.

Mientras tanto, el PP celebrará un congreso del que estoy seguro saldrá un partido más joven, preparado, ambicioso y limpio que ampliará pronto esa base social de 7 millones de ciudadanos y volverá a liderar el país.

Y  con la sonrisa de mis mejores días haría mutis por el foro con la satisfacción del deber cumplido y de haber sido el presidente de un país que lidió y con cierto éxito una de las crisis económicas más duras que hemos atravesado. Pero como les decía al principio y ustedes ya saben de sobra, no soy Rajoy.

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