Sí, claro, Rivera puede pedir la cabeza de Rajoy

13 de octubre de 2015 (00:00 CET)

Recepción de los Reyes en el Palacio de Oriente. Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, es el protagonista. De forma directa, --quiso estar ahí, a diferencia de otros dirigentes, como Pablo Iglesias--, e indirecta, porque toda la política española gira ahora alrededor de su figura.

Las diferentes encuestas sitúan a Ciudadanos como la formación clave para facilitar la gobernabilidad del próximo presidente del Gobierno español. Una de las circunstancias determinantes, es que Rivera no genera rechazo, ni entre las bases del PP ni del PSOE, sea o no el preferido para gobernar España. Es cierto que Ciudadanos tiene un problema, y es que no se ha podido ver todavía un gran equipo detrás, con cuadros y dirigentes que ofrezcan confianza. Pero también es cierto que el PSOE presenta una situación similar, con Pedro Sánchez a la cabeza, aunque se entienda que los socialistas disponen de una larga experiencia.

Al margen de esa cuestión, que queda compensada con el trabajo de dos personas que sí se han acercado a Ciudadanos e influyen en el programa electoral, como el economista Luis Garicano, y el inspector de Hacienda, Francisco de la Torre, --y todo un equipo de colaboradores a su alrededor— Rivera aparece en el centro de la política española, hasta tal punto que dirigentes del PP se han apresurado para situar como una línea roja que Mariano Rajoy no está en venta.

Es decir, que el PP no prescindirá de Rajoy aunque ese sea el precio que pida Ciudadanos para colaborar en un pacto de gobierno que le dé al PP la presidencia del Ejecutivo tras las elecciones del 20D.

Y sí, Ciudadanos puede pedir la cabeza de Rajoy, por muchos motivos. El primero, y en el que andan confundidos algunos analistas y dirigentes políticos, es que Ciudadanos se define como un partido progresista, mucho más cercano al cuerpo doctrinal del PSOE. En Cataluña, de donde surgió el partido de Rivera, esa apuesta es más clara. Ciudadanos surgió como el intento de hacer rectificar al PSC, al considerar que se había dejado influir en exceso por el nacionalismo, jugando siempre en el terreno de juego que había marcado el pujolismo.

Pero el factor más importante es que Ciudadanos, si se ve en la tesitura de apoyar al PP, pedirá un precio que cree imprescindible y es la cabeza de Rajoy, un político que ha protagonizado los últimos 20 años de la política española, como ministro de los gobiernos de Aznar, y ahora como presidente del Ejecutivo. Rajoy, en un momento en el que –se considerará injusto o no—lo que prima es el cambio de caras, de gestos, de vocabulario en la comunicación, puede ser la moneda que exija Ciudadanos, y el PP, que necesita una profunda renovación, no se negará a ello. Al tiempo.

En caso contrario, y si los resultados son tan ajustados que lo permiten, Ciudadanos no dudará en buscar un acuerdo con el PSOE, un pacto que goza del apoyo de buena parte del sector económico.

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