Sánchez y Rivera: la atracción del abismo

21 de julio de 2016 (01:00 CET)

La atracción del abismo se dibuja al tener que plantear unas terceras elecciones o dar continuidad al gobierno de Mariano Rajoy. En ambos casos, la caída al abismo parece inevitable. Las terceras elecciones abren la incerteza de cosechar, muy malos resultados electorales para PSOE y Ciudadanos. Una tendencia que, en el caso de Ciudadanos, podría llevarles a resultados muy parecidos a los que obtuvo UPyD hace unos años.

En cuanto al PSOE, podría suponerles tener que vivir el sorpasso de Podemos. Por otro lado, la abstención para facilitar un gobierno del PP implicaría mayor división en el Psoe y la pérdida de perfil de Ciudadanos para seguir manteniendo la idea de su propuesta de regeneración de la política española.

La atracción del abismo se encuentra en la fascinación que encierra en los espíritus del romanticismo, como explicó Rafael Argullol en su libro del mismo título. Sin embargo, la atracción a la que me refiero, no es producto de la imaginación y la búsqueda de lo extremo, sino del imperativo político de sobrevivir aplicando el mal menor.

Circunstancia que lleva a todos los partidos a ser atraídos al borde mismo del acantilado para intentar, en un último esfuerzo, resistirse a saltar el vacío. Gran parte de esta atracción se debe a la capacidad que tiene el relato político desplegado en la opinión pública para condicionar la posición del PSOE y Ciudadanos.

Se nos advierte que no pueden haber unas terceras elecciones, que la situación económica no aconseja repetir las elecciones y que el triunfo del PP debe llevar a todos a aceptar la lógica de la gobernabilidad. También se nos dice que el PSOE no puede plegarse a las exigencias de la gobernabilidad, renunciando a su espacio político, que Ciudadanos no debe desdecirse en referencia al veto a Rajoy y que ambas fuerzas políticas deben primar sus programas electorales a la aceptación sin condiciones de que gobierne el PP.

La atracción, como en caso de Ulises, viene provocada por los cantos de sirenas que llegan con más fuerza cada día que pasa. Unos cantos dirigidos a debilitar la voluntad de los partidos, a evitar su resistencia. Todas las sirenas mostrándose sinuosas para convertir su resistencia en colaboración.   

No hay duda de que, se tome la decisión que se tome, sólo provocarán el desgaste de ambos partidos. No hay duda de que será una de las dos opciones la que se deberá tomar. Así pues, lo que ahora se debe dirimir es decidir a qué acantilado se salta, cómo se explica el camino elegido, cuándo debe producirse y en qué condiciones. Dicho de otra forma, decidir qué estrategia deben seguir para minimizar los costes derivados de la decisión que tomen.

Sin duda, la altura desde la cual el PSOE debe saltar es muy superior a la de Ciudadanos. El PSOE  debe buscar la mejor estrategia para convertir su salto al vacío en un salto controlable. Debe decidir cómo explicar a sus electores, de forma que no parezca una sumisión al PP, la decisión de abstenerse total o parcialmente. Tendrá que plantear, de forma trasparente y clara, las razones que les llevan a permitir que el PP siga gobernando.

Se verá obligado a crear un sólido argumento para que su decisión sea aceptada por su partido en Andalucía y Cataluña. De hecho, el salto ya se ha producido. Ahora sólo queda ver cómo explicar que la atracción del abismo no obedece al poco margen político que tiene, sino a una decisión basada en la responsabilidad y en la necesidad de ganar tiempo.

El acantilado de las terceras elecciones no parece ser la opción ganadora, entre otras cosas porque ese salto sí fortalece definitivamente al PP.
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