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El nuevo escenario político ha puesto al PSOE frente al espejo y le lleva a tener que definirse cuando finalicen las primarias

Barcelona, 11 de mayo de 2017 (08:36 CET)

En Europa, todos los partidos tradicionales viven su particular agiornamento, una puesta al día para mantener vivo el compromiso con los ciudadanos, que hoy piden más promesas cumplidas que ideologías que ilusionen. Las propuestas post ideológicas de Podemos en España, En Marche en Francia o Cinco Estrellas en Italia, buscan un acercamiento a las necesidades psicológicas de la población, con un discurso basado en hacer pagar a los partidos tradicionales sus errores y abusos, sin formular soluciones para resolver los problemas de los ciudadanos.

Incluso los moderados de Macron han jugado inteligentemente esta carta centrada en las necesidades psicológicas de los electores, que pedían combatir  el lepenismo con una nueva fuerza política. Hoy se impone la psicología a la ideología, y el diagnóstico político ha dejado paso, directamente, a la terapia. La política actual, como ocurre también en el arte contemporáneo, o es una expresión de nuestro tiempo o deja de tener interés para los electores. En esa tesitura se encuentra el PSOE, encarando encontrar una respuesta al nuevo tiempo político.

Las propuestas post ideológicas de Podemos en España buscan un acercamiento a las necesidades psicológicas de la población

Mientras el PP se ve asediado por la corrupción, que implica afrontar una renovación menos tranquila de lo que parece, el PSOE se encuentra sometido a la tensión de tener que conciliar sus convicciones, el no al PP y la responsabilidad de hacer posible un gobierno en España, aunque sea a costa de taparse la nariz. El problema surge cuando muchos de sus votantes no están dispuestos a hacerlo y todavía menos apelando a razones de Estado que consideran contrarias a sus intereses.

Mientras que para el PP todo acuerdo posible con el PSOE es sancionado positivamente, pues lo hace desde el poder y, por lo tanto, queda enfatizada su capacidad para lograr  acuerdos, en el caso del PSOE, asediado por Podemos, implica un continuo desgaste.

Sin embargo, todo partido con vocación de llegar al poder y que aspire a gobernar España, sabe que la etapa de los cordones sanitarios contra la derecha ha de quedar atrás, si pretende  impulsar las reformas que el país necesita, o España quedará en manos de los extremos. Lo que el PSOE definirá en las primarias no es resolver el conflicto interno, sino decidir si es más conveniente  liderar un partido, opción que representa Susana Díaz, o apostar por un movimiento de oposición al PP, opción de Pedro Sánchez, con el fin de consolidar un adelanto electoral. 

Gane la opción que gane, PSOE deberá ser capaz de no colapsar el presente y el futuro del partido

Las primarias deberán resolver el dilema de la política moderna en el seno del propio partido, entre los que quieren escuchar a sus votantes y considerar sus opiniones, o quienes dan prioridad a fomentar la capacidad de ofrecer opciones, ideas y alternativas para mejorar el gobierno del conjunto de los españoles.

Hoy la batalla interna del PSOE se da entre contrarios: los que quieren un PSOE sin ataduras y capaz, no sólo de ganar al PP en una elecciones, sino de cambiar radicalmente la suerte de España y los que plantean una continuidad capaz de crear las condiciones de cambio que implica ganar al PP, pero sin cerrar la puerta al diálogo para llegar a acuerdos con ellos y con otros partidos de la derecha.

Gane la opción que gane, PSOE deberá ser capaz de no colapsar el presente y el futuro del partido. Deberá asumir que, antes que destruir, es más conveniente descrear aquello que ya no sea útil a los ciudadanos. El miedo a caer del lado de Podemos o del PP, sea Pedro Sánchez o Susana Díaz, es un acto de simplificación en el que no deberían caer los convocados a votar en las primarias.

Lo que está en juego es salvar al PSOE y afrontar los miedos que le impiden actuar políticamente.

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