Rajoy y Sánchez, dos cabezas por el precio de una

12 de junio de 2016 (10:00 CET)

Todavía no me he repuesto de la afirmación patriótica de Podemos. La matiza a continuación, añadiendo que es un "patriotismo plurinacional", que no acabó de entender qué cosa es amar a varias patrias. No hay nada más celoso y monógamo que la patria. Tenemos suerte de no estar en Semana Santa, porque si no veríamos a Pablo Iglesias de hermano mayor de una cofradía, arrastrando una pesada cruz coronado de espinas. ¡Pelillos a la mar!

Todo populismo que se precie necesita una patria unida y fuerte, un caudillo y un pueblo. Además los populistas crean con esos componentes un amplio espectro uniformizado porque aspiran a succionar a todos los ciudadanos en su proyecto de patria. Unidad, aunque sea de parámetros distintos y contradictorios.

Bueno, pero vayamos a inspeccionar el futuro.

La síntesis de las encuestas publicadas vaticinan un horizonte cercano al que tuvimos el 20-D. La diferencia puede estar en que el PP pierda algunos escaños y el PSOE quede por debajo de Podemos. No es poco.

Primera hipótesis, que la suma del PP y Ciudadanos no permita una mayoría, incluso con el apoyo de algunas fuerzas minoritarias. La llave la tendría el PSOE con la posibilidad de permitir un gobierno de Rajoy –o de otro candidato del Partido Popular- o absteniéndose o formando una gran coalición. Ese horizonte sería sin el liderazgo de Pedro Sánchez. Y tendría el enorme peligro de dejar a Podemos la hegemonía de la oposición.

El PSOE está probablemente en la mayor encrucijada de su historia. Perder el liderazgo de la izquierda es un escenario complicadísimo. Muchas voces del PSOE hablan claramente de que Pedro Sánchez tendría que dimitir la noche electoral. Y ni siquiera se daría paso a un congreso inmediato. Formar una gestora, agarrar un candil y buscar un líder en todos los rincones de la organización que pueda dar garantías para la refundación de un partido histórico en peligro de irrelevancia o desaparición.

Esa es  la primera cabeza que rodaría como condición de poder formar gobierno y evitar la pesadilla insoportable de unas terceras elecciones.

Es impensable, dados los antecedentes históricos de la relación entre Mariano Rajoy el PSOE, que este partido permita la investidura de Rajoy. La condición sería un presidente de Gobierno distinto.

Segunda cabeza por el precio de una.

Segunda hipótesis.

Que la suma de votos de Podemos y el PSOE permitiera un gobierno de ambas formaciones o con la abstención del PSOE. La hipótesis invertida que hemos vivido en el proceso recién cerrado.

Entonces Podemos no quiso apoyar el acuerdo del PSOE con Ciudadanos. ¿Por qué el PSOE lo haría después del 26-J? Si Podemos sobrevivió a permitir nuevas elecciones, por qué el PSOE empeoraría su situación haciendo lo mismo. Sencillamente porque  los votantes de Podemos le perdonan a sus líderes cualquier pirueta. Los del PSOE, afortunadamente, no.

En el PSOE hay dos tendencias claras. Un sector importante de las bases que apoyan y creen en la posibilidad de un gobierno formado con Podemos. Por lo menos en el supuesto en que el PSOE estaba por encima. Hubiera sido un gobierno liderado por el PSOE. Ahora, si las encuestas tienen razón, sería a la inversa.

La mayoría de dirigentes del PSOE piensan que apoyar o formar gobierno con Podemos sería letal para España y también para el propio PSOE. E incluso para refundar el partido desde los cimientos.

La convicción generalizada es que el populismo supuestamente izquierdista de Pablo Iglesias sería una bomba de relojería para el socialismo español, independientemente de las  consecuencias para España. Creyeron que los esfuerzos negociadores de Pedro Sánchez para formar gobierno serían correspondidos con un mayor apoyo electoral y castigado a Podemos. Ha ocurrido lo contrario. El acercamiento a Pablo Iglesias no tiene rédito, sino todo lo contrario.

Los teóricos electorales afirman que en circunstancias normales una campaña electoral solo cambia un 5% de los votos. Ahora tenemos muchos indecisos, que pueden ser voto oculto. Pero un mal dato: la abstención amenaza ser muy elevada y eso es consecuencia de una falta de movilización electoral.

También hay consenso de que la campaña del PSOE carece de nervio y dirección. Y hasta ahora no hay síntomas de rectificación.

El escenario que se dibuja solo tiene una cosa probable y casi inevitable. La foto de los partidos tendrá un cambio importante de protagonistas. Los cuatro líderes serán producto de la nueva política, aunque sea tan vieja como cualquiera. Porque ni Pedro Sánchez ni Mariano Rajoy estarán en ella.

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