Mariano Rajoy declarará como testigo en el juicio de la Gürtel. Rajoy en una comparecencia ante los medios. EFE/archivo

¡Rajoy ladrón!, los gritos en Uruguay que definen la precariedad del gobierno

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Los conflictos de la Fiscalía del Estado demuestran las dificultades del Gobierno para controlar una situación de corrupción preocupante para su estabilidad

Carlos Carnicero

Mariano Rajoy declarará como testigo en el juicio de la Gürtel. Rajoy en una comparecencia ante los medios. EFE/archivo

Madrid, 28 de abril de 2017 (07:55 CET)

Hasta hace unos días el apellido Moix sólo evocaba el recuerdo inolvidable del escritor Terence Moix, fallecido en el año 2003. Ahora ha tomado el relevo en notoriedad el nuevo fiscal jefe anticorrupción, que con apenas dos meses en el cargo ha motivado una de las más fuertes polémicas en la actuación del Ministerio Fiscal en los años de democracia.

Manuel Moix ha cambiado los criterios de funcionamiento de la fiscalía de la mano del Fiscal General del Estado. Naturalmente, la causa ha sido la investigación de delitos relacionados con las tramas corruptas que trufan el Partido Popular.

El estatuto del Ministerio Fiscal deja clara la dependencia jerárquica y escalonada de todos sus miembros. El Fiscal General está facultado para dar instrucciones genéricas y también concretas a todos los miembros del cuerpo, siempre a través de los jefes respectivos, estableciendo una cadena piramidal que no se puede saltar.

El Fiscal del Estado no tiene un poder arbitrario para dirigir las investigaciones

¿Quiere esto decir que el Fiscal General del Estado tiene un poder arbitrario para dirigir las investigaciones que realizan los miembros de las fiscalías en la defensa de la legalidad y en la investigación de conductas delictivas? La respuesta es no. La dependencia jerárquica y el principio de disciplina se establece en el ordenamiento legal fundamentalmente para conseguir que la acción de la Justicia tenga un principio de unidad de criterios, en todos los casos en los que actúa.

El nuevo Fiscal General del Estado se inició en el cargo con una decisión polémica. El cese del fiscal anticorrupción de Murcia inmediatamente después de que López Bernal acusará al entonces presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, por presuntos delitos de corrupción.

Fue la primera convulsión promovida por el nuevo ministerio fiscal. Finalmente, después de una grave crisis en las relaciones entre el PP y Ciudadanos, el presidente de Murcia se vio obligado a dimitir, víctima del compromiso adquirido si era imputado. Mariano Rajoy, dependiente del apoyo de Ciudadanos, no solo para la gobernabilidad de Murcia sino también para el Gobierno de la Nación, tuvo que echar marcha atrás en su defensa numantina del presidente de Murcia.

Pero el episodio más negro de la nueva Fiscalía General del Estado se ha producido en el marco de la Operación Lezo. Un precedente significativo fue las demostraciones de alegría de Ignacio González, ahora en prisión, ante el nombramiento del nuevo Fiscal del Estado. También hemos conocido que antes de ser nombrado, Ignacio González ya había apostado por él.

Ignacio González había apostado por Moix y ahora se puede entender por qué

¿Qué oculta el intento de Manuel Moix de limitar en el tiempo y condicionar la investigación de la trama de corrupción del Canal de Isabel II? ¿Se puede pasar por alto que dirigentes del PP conocían la existencia de cuentas en Suiza de Ignacio González y ni denunciaron el hecho ni actuaron?

El nuevo fiscal anticorrupción, Manuel Moix, intentó condicionar y limitar la investigación de la trama que ha conducido al expresidente de la Comunidad de Madrid a prisión. Hasta tal punto que el fiscal encargado del caso, Carlos Yánez, forzó una junta de fiscales amenazando con dimitir. Manuel Moix perdió estrepitosamente la votación e hizo intentos desesperados por apartar del caso al fiscal Yánez. También perdió la batalla.

La oposición ha actuado con rapidez. Ciudadanos y PSOE presentaron el pasado miércoles una iniciativa para discutir en el pleno la actuación de la fiscalía en el marco de la operación Lezo. Piden el cese conjunto y por colleras del Fiscal General del Estado y del fiscal jefe anticorrupción de Madrid.

Por si faltaba algo, Podemos inmerso en continuas polémicas de fuegos de artificio como tecnología de oposición, ha presentado una moción de censura contra Mariano Rajoy que ha durado un cuarto de hora.

Pero el agua de los nuevos episodios de corrupción y los efectos colaterales sobre la credibilidad del Ministerio Fiscal están moviendo las aspas del molino de Mariano Rajoy.

El presidente, que creía superadas las afectaciones afectaciones sobre su credibilidad de los muchos casos de corrupción que se le conocían, se enfrenta a nuevos episodios de una gravedad extrema. Otro presidente de Comunidad Autónoma en prisión.

Rajoy, ¿no deberia actuar como Aguire, por su error in vigilando?

Una noticia importante, que tiene un recado personal para Mariano Rajoy. Esperanza Aguirre, la política más incombustible de la democracia, se ha visto obligada a dimitir por no haber vigilado con suficiente eficacia el comportamiento de sus subalternos. ¿No es una doctrina aplicable al propio Rajoy por su falta de diligencia en casos como la Gürtel, sus defensas del tesorero Bárcenas, las andaduras de Rodrigo Rato en Bankia y otros episodios que no son menores?

Mientras Podemos se entretiene con su autobús turístico, sus disputas con la Cadena Ser para colocar como tertuliana a Irene Montero y una moción de censura puramente espectáculo, el PSOE calibra su respuesta a la situación precaria de Rajoy con un nuevo as en la manga.

Las posibilidades de amenazar con una disolución de las Cortes de las que deponía Mariano Rajoy se han visto disminuidas drásticamente con la nueva oleada de casos de corrupción que todavía no han ensañado todas sus consecuencias.

Que el presidente del Gobierno fuera recibido en Uruguay con gritos de “ladrón” no es un buen vaticinio. De repente la balsa de aceite en la que se creía instalado Mariano Rajoy se ha convertido en un rio de aguas turbulentas.

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