Rajoy, cuidado, el joven Sánchez se presenta con Serrano

04 de febrero de 2016 (01:00 CET)

Atención. El PP, o mejor dicho, Mariano Rajoy, ha trazado una estrategia arriesgada. Con su renuncia a presentar su oferta de gobierno, en un discurso de investidura, aunque es cierto que no hubiera conseguido ningún apoyo ni en la primera votación ni en la segunda, Rajoy ha querido ser fiel a sí mismo: que sean otros los que fracasen, para que, después, se reconozca el valor seguro del PP.

Pero, ¿qué ocurre si la alternativa consigue el objetivo deseado? Dirigentes del PP admiten que se ha hecho una apuesta de envergadura. Pedro Sánchez se ha dado entre tres semanas y un mes para alcanzar un acuerdo de investidura, que pasa, lógicamente, por un programa compartido que le permita gobernar. Es complicado. Mucho. Pero ha recibido el plácet del rey Felipe, que, --no es un asunto menor— forma parte de su misma generación.

Sánchez se ha puesto manos a la obra. Y, aunque inicialmente su estrategia era la de intentar lograr su investidura para cubrirse las espaldas y que, en caso de que se convocaran unas nuevas elecciones, pudiera asegurar que son otros los que no quisieron el cambio para desalojar a Rajoy de La Moncloa, la elección del equipo negociador aporta grandes dosis de realismo en el proyecto de Sánchez, y ofrece cohesión al PSOE.

Ningún partido puede prescindir de su gente más valiosa, aunque se haya apuntado, desde el inicio de la crisis, que la nueva política pasa por gente muy joven. El PSOE se ha renovado en los últimos años. Eso es un buen asunto del que toma nota Ciudadanos, que ha crecido en España –en Cataluña es una formación ya conocida desde las elecciones autonómicas de 2006—con la bandera de la regeneración.

Pero, aunque Sánchez representa ese cambio, elegido secretario general del PSOE por sufragio de sus propios militantes, los socialistas presentan un equipo de rocosos negociadores, que guardan en su memoria los mejores y los peores momentos de la historia reciente de España.

Sánchez ha querido contar, para negociar con Ciudadanos y Podemos, con un político ya bregado, el portavoz parlamentario Antonio Hernando; con Rodolfo Ares, la mano derecha del presidente del Congreso, Patxi López, en su etapa de lehendakari –pieza fundamental en la política de pacificación del País Vasco, que derivó en el final de ETA; con Meritxell Batet, federalista convencida, con menos experiencia, pero una de las caras nuevas del PSC y del PSOE; con María Luisa Carcedo, diputada en el Congreso por Asturias, --el acento social del cual no puede prescindir el PSOE--; con Jordi Sevilla, ex ministro de Administraciones Públicas con Rodríguez Zapatero, y economista que todavía defiende los principios de la socialdemocracia, y, principalmente, con José Enrique Serrano.

Serrano es poco conocido. Sólo para los iniciados. A diferencia de otros directores de gabinete, como el actual de Mariano Rajoy, Jorge Moragas, Serrano nunca ha salido en las fotos. Pero fue el director de gabinete de Presidencia de Felipe González, y de Rodríguez Zapatero, y la mano derecha de Alfredo Pérez Rubalcaba en su etapa de secretario general del PSOE.

Contar con Serrano es garantía de que Sánchez va en serio, de que querrá negociar un programa político compartido, y de que Felipe González puede estar tranquilo. Junto con Rodolfo Ares, otro político discreto, muñidor de acuerdos, Serrano buscará la cuadratura del círculo. Sabe a la perfección como funciona algo tan complejo como La Moncloa, como se cede para lograr algo más importante para el conjunto. Y sabe entregarse por un proyecto de país, porque, en realidad, es lo que lleva haciendo toda la vida, con conexiones extraordinarias con otros políticos, como el líder del PSC, Miquel Iceta, con quien colaboró en el gabinete de Presidencia.

¿Todo esto puede acabar en nada? Tal vez. Pero Ciudadanos y Podemos deberán arremangarse, porque Pedro Sánchez ha demostrado, por lo menos con la elección de ese equipo, que no quiere perder el tiempo.

Ahora sí, y se verá en las próximas semanas, el PP corre el serio peligro de quedarse en la oposición. Puede, también, buscar acuerdos. De hecho, pocas cosas se podrán hacer en España si el PP elige constituirse como minoría-mayoritaria de bloqueo. Pero esas cosas las conoce un tipo rocoso como Serrano, el Clint Eastwood de la política española.
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