Rajoy asume el riesgo a la espera de otro plan

22 de enero de 2016 (01:00 CET)

Mariano Rajoy, al margen de las bromas radiofónicas, --¿dejaremos de abusar de ese tipo de programas?--, tiene claro que en los próximos días deberá prepararse el discurso de investidura. El Rey Felipe VI tiene previsto encargarle la tarea de formar gobierno, aunque sabe que no cuenta con los votos necesarios para salir investido.

Es un riesgo que Rajoy asume, porque quiere, antes que otra cosa, mostrar su ideario, ofrecer la posibilidad de llegar a un gran acuerdo con el PSOE, o, al menos, a pactos con los socialistas y con Ciudadanos, que permita al conjunto de la sociedad española seguir avanzando.

En otro momento, y, tal vez, en cualquier otro país del entorno europeo, el ofrecimiento de Rajoy sería bien recibido, y se consideraría normal. No en España. Y no ahora, después de que Rajoy haya demostrado su poca capacidad para liderar la política española, con graves problemas, además, de corrupción que han afectado a su partido.

Rajoy acepta el envite porque quiere dar su versión de los hechos, porque, en caso de nuevas elecciones, el conjunto de los españoles sepa qué ha hecho y que ha dejado de hacer. En estos momentos no tiene ninguna posibilidad de ser investido. Ni en primera ni en segunda vuelta.

Por ello, el riesgo es el de salir, definitivamente, quemado y fuera de toda opción. Con ello dejaría el campo abierto al socialista Pedro Sánchez, que, poco a poco, ha ido salvando obstáculos, pero cuyas dificultades para gobernar serían enormes.

Otra cosa es que Rajoy tenga otro plan, y haya pensado, realmente, en dar un paso atrás, después de su discurso de investidura, dejando a otro dirigente del PP la posibilidad de formar gobierno, siempre, claro, con el concurso de los socialistas.

¿Sería esa una opción realista? Es el esquema que se ha producido en Cataluña, y que ha ofrecido a Convergència, sin Mas, pero con Puigdemont, algo de aire y un tiempo precioso para afrontar su refundación.

Pese a todo, no debería ser tan extraño, y esa es la impresión que el PSOE de Pedro Sánchez persiste en difundir, que se produjera algún tipo de acuerdo con el PP, como ha buscado el presidente del Círculo de Economía, Antón Costas, en sus entrevistas con Rajoy y Sánchez. Si el problema es Rajoy, hay otros dirigentes en el PP, pero también independientes, referentes políticos que pudieran aunar intereses y facilitar un nuevo salto económico y social durante un tiempo acordado, antes de unas nuevas elecciones.  
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