¿Qué sabe Germà Gordó de Artur Mas?

19 de enero de 2016 (01:00 CET)

Todo está en marcha. Artur Mas ha dejado la primera línea política, pero no lo ha hecho con gusto. Le han obligado. La CUP, y también los suyos, los dirigentes de Convergència, aunque se haya presentado como un acto voluntario de gran generosidad. Lo que pasa es que hacemos de la necesidad virtud. Y Mas, ciertamente, también ha pensado en los suyos, y en la posibilidad de ganar tiempo, con la convicción –y algunas encuestas-- de que convocar de nuevo elecciones hubiera sido letal para Convergència. Tampoco podía hacer otra cosa.

Pero ahora se inicia otra batalla, y muy cruenta. A Mas le gustaría regresar, una vez se comprobara, --y algunos miembros de su partido lo tienen claro--, que el Govern que se ha confeccionado difícilmente podrá aguantar más de un año. El President, Carles Puigdemont, tiene por delante un año con un presupuesto prorrogado. Quiere iniciar las negociaciones para aprobar uno nuevo ahora, pero por lo menos se asegura 2016. ¿Pero y 2017?

En esa tesitura Mas se ha reservado un papel protagonista para refundar Convergència Democràtica, y tener la posibilidad de volver con un nuevo instrumento político. Quiere a Jordi Turull como secretario general, un hombre ordenado y ortodoxo. Siempre llevó corbata, desde pequeño. Y desea que otros no estorben mucho, como Josep Rull, que se ha visto apenado porque su gran ilusión era ser el Capitán de CDC. Para Rull se le reserva la presidencia de la mesa del congreso de refundación.

Con lo que no contaba Mas es con la candidatura de Germà Gordó, a quien le ha faltado tiempo para anunciarla. Sorprende, porque, aunque se había producido una distancia en el último año, Gordó y Mas habían colaborado y de qué manera para lograr un objetivo común: desterrar a Jordi Pujol Ferrusola de la cúpula de CDC, el amo de las finanzas del partido, desde el momento en el que el ex president Pujol dejó en la cuneta a Miquel Roca.

A Mas y a Gordó, que formaba parte de aquel núcleo de jóvenes dirigentes del llamado piñol –Oriol Pujol, Francesc Homs, o David Madí-- les costó lo suyo retirar a Pujol Jr. 

Desde entonces, Gordó ha sido el hombre de las cuentas, de los números de CDC, aunque se haya culpado al tesorero, Andreu Viloca, imputado en el caso del 3%.

Por tanto, ¿por qué ahora Gordó presenta su candidatura, cuando sabe que el hombre de Pujol para dirigir el partido, con él como gran hacedor, es Jordi Turull? ¿Qué sabe de Artur Mas, qué información tiene para buscar ese pulso?

Todo eso se verá en los próximos meses. Un pulso en el seno del partido, y un pulso en el interior del Govern, entre Convergència, que necesita una refundación urgente, y Esquerra Republicana, que deberá lidiar con la parte más áspera del poder: la negociación con Hacienda para salvar el día a día de la Generalitat, porque Oriol Junqueras ha querido ser el conseller de Economía.
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