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Puigdemont está dispuesto a ir a la cárcel, pero quien acabó en prisión fue Jordi Pujol, que llegó a pedir un indulto al dictador Franco

Manel Manchón

El ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, que pidió un indulto a Franco, y su esposa Marta Ferrusola en una imagen de archivo
El ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, que pidió un indulto a Franco, y su esposa Marta Ferrusola en una imagen de archivo

Barcelona, 19 de julio de 2017 (07:55 CET)

Las circunstancias han cambiado. Todo es diferente, aunque una parte del movimiento soberanista quiere que se identifique el rechazo del Gobierno de Mariano Rajoy al referéndum con la dictadura franquista, que no dejaba votar. España es un país democrático, un estado de derecho, pero una parte del independentismo sigue considerando que si no permite un referéndum de autodeterminación de una parte de ese estado, entonces no es una democracia. Para ello no ha dudado –sectores ligados a la CUP-- en colocar retratos de Franco, aprovechando el 18 de julio, para pedir “No votes”, estableciendo una conexión entre la abstención y el régimen franquista. Un despropósito.

El caso es que, con la ley en la mano, y aunque no sea el deseo del Gobierno español, los dirigentes políticos soberanistas podrían acabar en la cárcel. Es algo todavía exagerado, sólo se trata de conjeturas, pero vulnerar la ley, malversar caudales públicos, conlleva una pena de prisión.

Tanto Carles Puigdemont como Oriol Junqueras, los máximos responsables de la organización del referéndum, han asegurado que no temen esa pena de prisión, y que el objetivo es que el “pueblo de Cataluña” logre la independencia.

Después de las penas de prisión llegan los indultos. O pueden llegar. En función de cómo avanzara el proceso soberanista, algunos analistas han pedido que el Gobierno tuviera en cuenta esa posibilidad con los encausados por el 9N, como Artur Mas, y las exconsejeras Joana Ortega e Irene Rigau, además de Francesc Homs.

Puigdemont y Junqueras están dispuestos a entrar en prisión, con la posibilidad siempre de un indulto

Y no sería ningún deshonor, sino la expresión de una voluntad de superar un conflicto político que se intensifica. Se verá a partir del 2 de octubre, una vez se compruebe hasta qué punto el presidente Puigdemont está dispuesto a vulnerar la legalidad.

Quien sí pidió ese indulto, a riesgo de dejar de representar una figura mítica para el catalanismo, fue Jordi Pujol. Su petición se mantuvo en secreto. No aparece en la biografía de Pujol que firmó Manuel Cuyàs. Lo que se narra es algo distinto. Según Pujol, quedó libre el 22 de noviembre de 1962 por dos “indultos de carácter general”, por la conmemoración de los 25 años de paz, y porque él mismo contribuyó a la redención de pena con “dos o tres donaciones de sangre y traduciendo del francés un libro de sistemas penitenciarios de unas 250 páginas”.  

Lo explica con detalle y de otro modo Jordi Amat, en la biografía sobre Josep Benet, Com una pàtria.

La decisión de Pujol de pedir el indulto a Franco, para aprovechar la reducción de pena que se ofrecía para conmemorar que hacia 25 años que Franco había sido designado jefe del Estado, --publicada la medida el 12 de octubre de 1961 en el Boletín Oficial del Estado-- provocó un distanciamiento con Josep Benet.

Fue Marta Ferrusola quien pidió consejo a Benet, con una visita a su domicilio en la calle Calvet de Barcelona. Ferrusola salió del piso con lágrimas en los ojos, como explica Amat, porque Benet fue taxativo. “El consejo de Benet fue que si Pujol había apostado fuerte para llegar a ser un símbolo del catalanismo no debía pedir el indulto, porque sería una tacha en la construcción de su personaje”. Benet estaba convencido de que Pujol no lo pediría. Pero, “sin hacer ruido, en la misma prisión, Jordi Pujol firmó la petición de indulto el 17 de octubre. Le fue concedida el 10 de noviembre”. En agosto de 1963, una vez cofinado en Girona, tras salir de prisión, Pujol pidió un segundo indulto que le fue concedido el 16 de septiembre de 1963. Con él, ya podía volver a Barcelona y a su actividad normal.

Pujol pidió el indulto en octubre de 1961, y le fue concedido

Los motivos de la familia Pujol-Ferrusola eran varios, pero pesó la necesidad de Pujol de dedicarse a Banca Catalana, que ya se llamaba así, después de la compra de la Banca Dorca. Se había decidido el traslado de la banca de Olot a Barcelona, y los Pujol temían “quedarse al margen”. Pujol cumplió dos años y medio en la prisión de Torrero, en Zaragoza, tras los Fets de Palau, en 1960. Había sido condenado a siete años de prisión.

Si uno de los hombres que más luchó, que se partió la cara, que reconstruyó el catalanismo católico y que lideró el activismo contra el régimen franquista llegó a pedir un indulto, con una dictadura que fue feroz hasta el final, ¿por qué no podrá pedirlo Puigdemont si llega el caso?

Pese a todo, aún se está a tiempo de encauzar la situación. Pero depende fundamentalmente del propio Puigdemont, de que sepa parar a tiempo esa especie de insurrección que se ha puesto en marcha en un país, que a diferencia de 1960, es una democracia perfectamente homologada al resto de países europeos, diga lo que diga esa parte del independentismo irredento.  

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