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Puigdemont ha dado un golpe en la mesa, pero si en el Pdecat no se ve su lucha contra viento y marea que vayan al oculista

Agustí Colomines

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, dice que el soberanismo dará "miedo". EFE/Toni Albir

Barcelona, 07 de julio de 2017 (17:21 CET)

Si ustedes tuvieran la oportunidad de pasearse por el Parlamento catalán, enseguida se darían cuenta de que los diputados de CSQP están peleados. Por una parte deambulan los diputados adscritos a Podemos y EUiA, quienes a menudo comparten mesa y conversación con las diputadas de la CUP, y por otra los diputados de Catalunya en Comú, la antigua ICV, con Coscubiela y Rabell al frente, mofándose del proceso soberanista con comentarios desagradables.

A veces incluso son más impertinentes que los diputados de C’s y el PP. Lo ve todo el mundo pero pocos lo cuentan. Supongo que esa reproducción política de Laurel y Hardy tiene algunos cómplices en el mundo de los media para que prohíbe informar de según qué con la típica “omertá” del cómplice.

A los medios unionistas sólo les preocupa las supuestas divisiones entre los soberanistas y, en especial, entre las filas del PDeCAT. El episodio de la destitución del consejero Jordi Baiget ha abierto la veda y ahora la tesis es que el presidente Carles Puigdemont está loco y que vive preso de la voluntad de la CUP y sus aliados gubernamentales de ERC.

En el mundo de Catalunya sí que es pot sí hay divisiones, con gente que no se habla entre si

Los comentarios son tan exagerados que podría parecer que el presidente no tiene quien le apoye en el PDeCAT, excepto esa especie de oportunista malvado, llamado Santi Vila, cuya ambición es, precisamente, substituir a Puigdemont a la mañana siguiente de que fracase en su empeño de convocar el referéndum. ¿Y si lo que estuviese ocurriendo es que los del PDeCAT no tienen estrategia alguna? El presidente sabe dónde va y ahora ha demostrado que no va a permitir que nadie le pase la mano por la cara.

No voy a negar que exista un sector del PDeCAT que expresa sus dudas sobre el resultado del proceso. Ayer mismo la alcaldesa de Sant Cugat y presidenta de la Diputación, Mercè Conesa, expresó sus dudas en una entrevista cuyo titular fue: “No sabemos dónde vamos a llegar con el proceso soberanista, tal vez a un callejón sin salida”. Es posible que no sepamos dónde llegaremos pero sabemos cómo se hará.

Dudar en público no es la mejor opción para quien está siempre bajo sospecha, en especial si has tenido la oportunidad de serlo todo en estos momentos. La destitución de Baiget ha dolido porque este hombre ha sido siempre leal al partido y fue un excelente  secretario del Govern en tiempos de Artur Mas.

Algunas reacciones ante su destitución han sido demasiado emocionales, otras, en cambio, han servido para que algunos manifestaran su desafección con el proceso y volviesen a la posición de salida, de cuando se sentían cómodos siendo un simple complemento de temporada de PP o PSOE, según cuál de ellos estuviese gobernando. Reeducar es peor que educar.

La destitución de Baiget ha dolido porque ha sido siempre leal al partido

Pero en el PDeCAT, a pesar del disgusto que haya podido provocar la destitución de Baiget, la sangre pocas veces llega al río. A Marta Pascal le costó un disgusto tener que echar a Germà Gordó del grupo parlamentario y ahora ha colocado a uno de sus peones como consejero de Cultura, responsable de estos asuntos en el PDeCAT incluso antes de que este buen profesional se asociase a él.

Lo uno por lo otro, incluso en el caso de que no fuese verdad. No es una situación idílica, pero el rebote de Pascal con Puigdemont no llega a los extremos de la animadversión que exhiben Fachin y los suyos en contra de Coscubiela y Rabell. La extrema izquierda siempre ha demostrado ser humanamente mucho más endeble que los moderados. Es cosa de tradición política y civilización. Así pues, los del PDeCAT deberían cuidar-se muy mucho de parecerse a los excomunistas, cuya especialidad ha sido el asesinato del aliado más próximo.

Carles Puigdemont no está solo. En primer lugar porque tiene la aprobación de la mayoría de votantes moderados que ven en él la garantía de que este proceso no lo dirigen ni aprendices ni extremistas. Y en segundo lugar porque hoy el PDeCAT tiene en Puigdemont a su mayor activo y su gesto de autoridad con Baiget le ha reforzado ante todo el mundo.

Puigdemont redime a los militantes del Pdecat de los pecados inasumibles de Pujol

El presidente está acompañado de gente muy válida y sobradamente preparada que está diseñando la hoja de ruta. No es la misma gente que acompañó a Mas, pero es su gente y son fieles a lo que representa el PDeCAT ideológicamente. Quien piense lo contrario se equivoca y quien quiera volver al pasado seguramente morirá en el intento.

La autodestrucción es la tentación de los dogmáticos. La política es el arte de la mediación y de la estrategia. Todo lo que no es político se convierte en conflicto y provoca el error de quien actúa por simple reacción.

Y Puigdemont ofrece ahora una visión de la política que goza del atractivo que tiene la miel para con las moscas. Te engancha mientras disfrutas del placer de verle lidiar contra viento y marea. Quien no lo vea en el PDeCAT que vaya al oculista. Puigdemont, además, les redime de los pecados inasumibles de ese Pujol disminuido que les ha desgarrado política y emocionalmente.

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