¿Por qué Rajoy y Junqueras se quieren?  

22 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

Pero si son antagónicos se dirá. Precisamente por ello, responderemos. Mariano Rajoy y Oriol Junqueras se quieren. Se podrá expresar de otra forma: se necesitan. ¿Por qué? El Gobierno de Mariano Rajoy, con la batuta de Soraya Sáenz de Santamaría para los asuntos catalanes, no puede activarse realmente si no dispone de un interlocutor que, al día siguiente de cerrrar un acuerdo, lo pueda defender. Y ese es el problema, que en Cataluña todo se ha enrarecido tanto que nadie sabe quien puede ser ese hipotético socio del Gobierno español.

El PP, en Madrid y en Barcelona, ha comenzado a interiorizar que deberá negociar en el futuro –un futuro próximo-- con Esquerra Republicana.

La situación en la política catalana está marcada por una tendencia: los republicanos, minoritarios desde la recuperación de la democracia, han logrado marcar el relato político desde el primer tripartito que presidió el socialista Pasqual Maragall.

Y, con avances y retrocesos, se ha plantado en estos años como la fuerza política que puede ocupar la centralidad, una especie de nuevo PSC con acento convergente, socialdemócrata pero nacionalista con un horizonte independentista.

Esquerra siempre tiene un adversario: sus propias divisiones internas, pero esta vez Junqueras ha conseguido algo impensable: cuida lo que pasa en la sede del partido, y busca una gestión lo más profesional posible en el Govern.

Eso lo sabe Junqueras. Lo saben los cuadros medios de Esquerra. Son conscientes de que en Cataluña será difícil una salida sin una fuerza política central. Y ahora mismo no se sabe quién será, porque gobierna una coalición extraña, con independientes, y gente ajena a la política, que se llama Junts pel Sí. Se trata de una anomalía, formada por convergentes antiguos y jóvenes del PDCAT junto con los republicanos. Por tanto, sólo se puede salir de este embrollo con unas nuevas elecciones.

Pero, ¿cuándo y cómo se convocan? ¿Ahora ya, forzando que la CUP no apruebe los presupuestos, o buscando el acuerdo en el último minuto para ganar unos meses y celebrar los comicios antes del verano o en septiembre? Junqueras analiza esas posibilidades. También lo hace el PDCAT como último intento para forzar a Carles Puigdemont a que se presente como candidato. Y también lo analiza Rajoy, porque necesita saber con quién deberá negociar.

Rajoy y Junqueras se quieren. Saben que los dos crecen con la búsqueda de ese antagonismo. Sólo se acuerda con el adversario, y se puede defender lo pactado ante los propios.

Otra cosa será perder más el tiempo, alargar una agonía, porque todo el bloque soberanista sabe que no puede repetir un nuevo 9N, un referéndum forzado, que canse más a los ya convencidos. Sobre el papel todo sigue igual, pero algunos dirigentes nacionalistas ya no pueden más, como la presidenta de la Diputación de Barcelona, Mercè Conesa, que constató el pasado fin de semana que no se podrá celebrar ese referéndum.

¿A qué esperan entonces? Rajoy, contento después de que Aznar le haya regalado el centro con su decisión de abandonar la presidencia de honor del PP –ya no quedan aznaristas-- espera al republicano. Sáenz de Santamaría preparará el terreno. Mientras, Junqueras ya lo hace, explorando la situación en Madrid con otras personalidades con ganas de que se muevan las cosas.  
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