Por qué el PSOE facilitará la investidura de Rajoy

17 de julio de 2016 (00:00 CET)

Rajoy no tiene ninguna capacidad de seducción política. Su vocación es la espera para que el tiempo solucione sus problemas por él. Ahora tiene una ventaja: si no consigue apoyos para ser presidente y hay nuevas elecciones, él no cargará con la culpa y todavía sacará más votos.

Solo hay una cosa clara que puede ser permanente. El partido al que los ciudadanos culpe si no hay acuerdo y se tienen que celebrar nuevas elecciones lo pagará muy caro en la urnas. Cualquier solución para una investidura pasa por el PSOE. Si es culpable del bloqueo, estará muerto. Por eso tendrá que facilitar en primera o segunda votación la investidura de Mariano Rajoy.

Casi seguro que será en segunda votación cuando el PP necesite más votos a favor que en contra. El proceso a mi entender será de la siguiente manera: cuando Mariano Rajoy se despierte del letargo tendrá que negociar con Ciudadanos. Negociar de verdad. Elaborando un documento de programa que pueda ser la base de una negociación.

Tendrá que leer con detenimiento el documento que acordaron Ciudadanos y PSOE después del 20-D.

Ese será el pilar de un acuerdo que Ciudadanos no pueda rechazar. Intentará comprometer a Ciudadanos para que entre a formar parte del gobierno. Es el primer paso para facilitar la abstención del PSOE.

El PSOE se dejará querer. Tendrá que recalcar que si finalmente hay un gobierno del PP apoyado por Ciudadanos es una responsabilidad directa de Podemos que nunca quiso apoyar ninguna forma de gobierno de Sánchez. Después el PSOE reclamará el sentido de Estado para evitar nuevas elecciones y anunciará un compromiso de oposición dura contra el nuevo gobierno.

Si Mariano Rajoy no consigue un acuerdo de una u otra manera con Ciudadanos, ni siquiera aceptará el encargo pretérito del Rey. Tiene las espaldas guardadas aferrado a la tesis de que no solo volvió a ganar las elecciones sino que además consiguió ampliar el número de escaños. Podemos no está en condiciones de ponerse digno. Al anteponer sus intereses, creyendo que el "sorpasso" iba a ser una realidad, puede aparecer como el responsable de un gobierno conservador.

Si Pedro Sánchez intentara una segunda investidura buscando un acuerdo con Podemos, que sería insuficiente, y con otros partidos independentistas, solo conseguiría acelerar su muerte anunciada.

En estas hipótesis, nos encontraríamos en una legislatura necesariamente corta, en donde el Gobierno tendría que negociar cada una de las medidas importantes que previamente habría tenido que acordar con Ciudadanos, cediendo en partes sustantivas de su programa electoral e incluyendo modificaciones en la reforma laboral, en la política fiscal y aceptando una reforma constitucional que facilite un nuevo escenario en Cataluña.

El PSOE tiene un inconveniente y una ventaja. El inconveniente es buscar la forma de convertir el rechazo provocado entre sus votantes por la abstención que permita la investidura de Mariano Rajoy en un acto de responsabilidad para defender los intereses generales. La ventaja será disponer de un plazo de tiempo para ejercer una oposición responsable y reorganizar el partido afrontando el congreso para la reelección de Pedro Sánchez o la elección de su sucesor.

A Mariano Rajoy le toca el considerable esfuerzo de aprender a negociar, pactar y ceder. A encabezar de verdad la lucha contra la corrupción y por la regeneración democrática. Una legislatura muy complicada en la que necesitará el apoyo del PSOE para aprobar leyes y medidas que tendrán que tener una filosofía radicalmente distinta que las de su anterior gobierno.

Es muy posible que este proceso sea lento al principio y fulgurante después. El tiempo que transcurra entre la primera y segunda votación de investidura, apenas veinticuatro horas, será el escenario de la negociación que permita la abstención del PSOE. Mientras tanto, solo nos toca esperar.
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