Un grupo de unas sesenta periodistas parlamentarias, que trabajan habitualmente en el Congreso de los Diputados, se han fotografiado en la sala de prensa de la Cámara Baja para mostrar su apoyo a la huelga feminista de mañana, Día Internacional de la Muje

Parar de trabajar no es la solución para revindicar la igualdad

Se están produciendo avances importantes, pero la huelga no es la herramienta idónea para corregir las desigualdades

Si bien es cierto que se están produciendo avances importantes en la igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral y que las empresas están concentrando esfuerzos para incorporar talento femenino a sus órganos directivos, aún queda mucho camino por recorrer.

Es evidente la persistencia de una brecha salarial: siguen existiendo demasiados casos en los que las mujeres cobran menos dinero que los hombres en la misma compañía y con las mismas responsabilidades. Así como también es innegable que las empresas siguen trabajando para ofrecer la flexibilidad necesaria de manera que exista una verdadera conciliación familiar y laboral –igualmente exigible para los hombres, porque la conciliación es cosa de dos–.

Sin embargo, la solución a estas y otras mejoras no pasa por convocar una huelga que anima a dejar de trabajar a miles de mujeres que lo que realmente necesitan es cobrar el sueldo todos y cada uno de los días. Una huelga de estas características no es la solución que estamos buscando ni la respuesta que debemos imponernos.

Es innegable que las empresas siguen trabajando para ofrecer la flexibilidad necesaria para la conciliación

Entre el abanico de opciones de que disponemos para revindicar unos u otros derechos, la vía más poderosa con la que contamos para conseguir mejoras merecidas es seguir trabajando, y no de cualquier modo, sino trabajar para llegar a la raíz del conflicto, para diagnosticar con conocimiento de causa dónde radica su origen y ser capaces de diseñar una hoja de ruta que nos permita solventarlo.

Por ello, más que nunca es necesario diagnosticar los errores y los fallos de un modo real y certero, sin hacer generalizaciones y sin mezclar, como está ocurriendo en esta huelga feminista, temas políticos con decisiones empresariales. Además, estoy convencida de que el vídeo que se ha realizado para la convocatoria de la huelga no representa a la mayoría de las mujeres, sino a una muestra del colectivo.

El vídeo que se ha realizado para la convocatoria de la huelga no representa a la mayoría de las mujeres

La reivindicación programada para el día 8 no hace más que alejarnos de las verdaderas mejoras en las que nos deberíamos concentrar: eliminación de la brecha salarial por razón de sexo, tanto en sueldos como en jubilaciones, e igualdad de oportunidades en las empresas.

Nos enfrentamos a los ya conocidos “techos de cristal” –limitaciones impuestas del exterior, como horarios rígidos, imposibilidad de conciliación y ciertos estereotipos masculinos–, pero también existen otros –los de cemento– que proceden de la mujer, son autoimpuestos, y no son otros que las barreras internas que tienen que ver con la falta de confianza o el miedo al fracaso. Por lo tanto, no solo debemos centrar el foco en las empresas; las propias mujeres también tenemos una responsabilidad, que no es otra que la de romper esos “techos de cemento”.

Las mujeres se enfrentan a los “techos de cristal”, pero también a los de "cemento": aquellos que son autoimpuestos y tienen que ver con la falta de confianza o el miedo al fracaso

Para ser más concreta, quiero destacar una serie de pautas que las mujeres deberíamos siempre tener presentes para no vernos bajo esos “techos de cemento”. Estas son contar con la educación necesaria que nos proporcione la libertad de elegir; apoyarnos en la familia como nuestro principal pilar; tener claras las prioridades para poder seguir avanzando, incluso cuando demos un paso atrás en la trayectoria profesional de modo temporal; mantener una mentalidad corporativa y ser generosas con el tiempo y los recursos que dedicamos a nuestra compañía, por su bien y por el propio; ser conscientes de que nuestra propia percepción nos limita y ser capaces de admitir consejos que nos guíen en nuestra trayectoria.

En el contexto en el que nos encontramos, es necesario empoderar a la mujer y tres son las claves que nos ayudarán a conseguirlo: formación, visibilidad en puestos de dirección y avances hacia la construcción de una empresa que trabaje integralmente las necesidades de sus empleados. Y, por último, cuestionarnos constantemente las reglas con un único fin: mejorarlas.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Nuria Chinchilla

Profesora del IESE, Universidad de Navarra y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia

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