Podemos promueve una moción de censura contra Mariano Rajoy. Alberto Garzón y Pablo Iglesias, en un acto en el Congreso. EFE/Javier Lizón

La moción de censura más extraparlamentaria de la democracia

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La moción de censura contra Rajoy puede ser un búmeran contra Podemos, que no tiene ni programa ni candidato alternativo

Carlos Carnicero

Podemos promueve una moción de censura contra Mariano Rajoy. Alberto Garzón y Pablo Iglesias, en un acto en el Congreso. EFE/Javier Lizón

Madrid, 30 de abril de 2017 (08:55 CET)

Por imperativo constitucional, la figura de la moción de censura permite censurar y sustituir al presidente de Gobierno con la condición de que el candidato alternativo logre la confianza de la mayoría absoluta de la cámara.

El artículo 113 del título V de la Constitución contempla la posibilidad de exigir responsabilidades políticas al presidente de gobierno mediante la interposición de una moción de censura.

La moción de censura es un instrumento tan excepcional que sólo ha sido utilizado dos veces en 40 años de democracia. En 1980 el PSOE presentó una moción contra el presidente Adolfo Suárez y en 1987, Antonio Hernández Mancha, como presidente de Alianza Popular contra Felipe González. Ambas iniciativas fueron rechazadas por la cámara.

En la Constitución se establece que los firmantes tienen que ser al menos el 10% de los diputados, es decir, 35. Y que los signatarios, si fracasa, no podrán presentar otra en el mismo periodo de sesiones.

En 40 años sólo se presentaron dos mociones de censura. Y ambas fracasaron

A primera vista, el anuncio por sorpresa de Podemos de presentar una moción de censura puede parecer un guiño al sol. Desde luego, es metafísicamente imposible que prospere, una vez que los grupos más importantes de la cámara ni siquiera la hayan tomado en serio.

Pero conviene analizar esta iniciativa con detalle porque las circunstancias que la rodean pueden ser poliédricas y con consecuencias múltiples.

La onda expansiva del caso Lezo ha sacudido los cimientos del gobierno de Rajoy

La explosión de la operación Lezo ha cambiado sustancialmente la situación de Mariano Rajoy y su Gobierno. Las olas levantadas por la sucesión de casos de corrupción en el PP y en el entorno personal de Rajoy, al afectar a líderes de su confianza a los que incluso había apoyado en los inicios, parecía haber remitido. Y, de repente, otro expresidente autonómico del PP ingresa en prisión.

Pero, además, las actuaciones del Fiscal General del Estado y del Fiscal Jefe Anticorrupción han despertado muchos fantasmas. Filtraciones sobre las investigaciones judiciales, nuevas conversaciones con el entorno de los encausados en sede del Ministerio de Interior e intentos desde la Fiscalía de limitar y parar las investigaciones han añadido gravedad a los mismos hechos.

El Gobierno se ha debilitado en menos de una semana, hasta el punto de casi ha perdido la opción de disolver las Cortes por la presumible debilidad electoral del Partido Popular. El caldo de cultivo en la opinión pública que ha encontrado la iniciativa de Podemos es tangible. Solo que es una opción política que se sitúa en el extraparlamentarismo por la debilidad del apoyo que ha encontrado dentro del edificio de la Carrera de San Jerónimo. La moción de censura tiene una naturaleza meramente de agitación. Puede conectar con el clima de indignación promovido por los nuevos escándalos. Pero serán sólo fuegos de artificio.

El Gobierno se ha debilitado de gran manera en sólo una semana

También le puede salir a Podemos el tiro por la culata. Hay varias razones para sustentar esta tesis.

En primer lugar, Podemos tuvo en su mano sacar a Rajoy del Gobierno. También había hartazgo entonces por casos de corrupción cuya espoleta estaba vigente. La negativa a una negociación seria con el PSOE y Ciudadanos para presentar un candidato alternativo permitió, a medio plazo, después de repetidas las elecciones, la continuidad de Rajoy solo con la abstención de los socialistas.

Pablo Iglesias no solo le negó el apoyo a la investidura del entonces secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, sino que en el propio debate abrió unas heridas con el PSOE –no solo el episodio de la “cal viva”- que puede que no se cierren nunca. Se cegó con la posibilidad del sorpasso al Partido Socialista que no se produjo nunca.

Moción de censura: a Podemos le puede salir el tiro por la culata

Ahora, en sigilo y en solitario, Pablo Iglesias anuncia la proposición negativa de una moción de investidura. Proponer derribar a Rajoy por compromiso cívico y moral, pero ni siquiera propone, al menos todavía, un candidato alternativo como exige el artículo 113 de la Constitución.

Las noticias que nos llegan indican que ni siquiera se discutió esta inciativa en la dirección del Grupo Parlamentario de Podemos. Fue un gatillazo probablemente irreflexivo analizado únicamente por el entorno más próximo al líder de Podemos. En la foto, esta vez, ni siquiera estaba Errejón.

Iglesias se ha cegado con la posibilidad de un sorpasso que nunca se produjo

Horas después se ha filtrado que la dirección del partido planea consultar directamente a las bases sobre la conveniencia de consumar lo que hasta ahora es un anuncio para presentarlo formalmente en el registro del Congreso de los Diputados.

Otras fuentes aseguran que Iglesias está dispuesto a apoyar la presentación de un candidato que sea de otro partido e, incluso, a un independiente. Analizando estos movimientos, todavía sería plausible que ni siquiera llegara a presentarse la moción de censura.

Supongamos que se presente. Supongamos que el candidato sea el propio Iglesias, ya que sería demasiado rocambolesco ponerse a buscar un independiente para que fuera sparring de Rajoy. ¿A quién beneficiaría y a quien perjudicaría la puesta en escena de la moción?

De la lectura de la Constitución y del reglamento del Congreso de los Diputados se desprende que el candidato que presente la moción de censura tendrá que presentar su propio programa de gobierno, toda vez que sería investido automáticamente para presidir el ejecutivo si prosperara la moción de censura.

Iglesias se verá expuesto a la fragilidad de un programa improvisado

Una vez que los partidos han reaccionado negando cualquier apoyo a la moción, Iglesias gozaría del escaparate en el Congreso para presentar un programa alternativo. Pero el mecanismo de este acto parlamentario favorece al presidente que se censura. Tiene uso ilimitado de la palabra, toda la información de la administración pública para rebatir los argumentos del censor y la tranquilidad que confiere la enorme soledad parlamentaria de podemos con esa iniciativa.

Estos factores pueden ser un arma de doble filo para Iglesias. Podrá agitar la calle y a sus seguidores más radicales. Pero también se verá expuesto a la fragilidad de un programa improvisado y al hecho de tener en contra a todos los grupos de la Cámara, tal vez con la excepción de algunos apoyos minoritarios.

El escenario pronostica un balón de oxígeno para Rajoy que se podría presentar como la única garantía de estabilidad y subrayar la ausencia de alternativa. Una nube de humo en la que ocultarse de unos escándalos que podrían deteriorarle más mediante los mecanismos parlamentarios de investigación y de exigencia de responsabilidades políticas.

La moción de censura podría derivar en un balón de oxígeno para Rajoy

Quienes pretende que la moción de censura podría debilitar al PSOE al quedarse al margen de este intento inverosímil de desalojar a Rajoy del Gobierno, habría que recordarles el pasado cuando se pudo colocar a un presidente alternativo a Rajoy y Podemos torpedeó esa iniciativa.

Una vez más están contrapuestos dos modelos de acción política. La que considera prioritaria la labor de control, marcaje y permite iniciativas parlamentarias constructivas sobre todo en un gobierno en minoría y la que basa sus iniciativas en la agitación y propaganda desdeñando la acción parlamentaria.

Es difícil valorar el efecto que puede tener la iniciativa de Iglesias en el proceso de primarias. Sobre todo porque al no tener fecha ni estar formalizada la moción, si se llegara a materializarse bien podría ser después de la elección del nuevo secretario general del PSOE.

Lo que sí se puede asegurar es que Iglesias está solo. Con un clima de división interna no solo por esta iniciativa. Y con la negativa a escucharle incluso de quienes proponía como puntal de su moción, las asociaciones de jueces progresistas y por ahora el silencio de los sindicatos.

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