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Hace 500 años la península estaba gobernada por una monarquía defensora del ultra catolicismo, que combatía la Reforma y la tolerancia religiosa

Josep Huguet

Carlos I de España y V de Alemania buscó la alianza con la Iglesia y las oligarquías para consolidar su reinado.

Barcelona, 06 de mayo de 2017 (20:55 CET)

Hace quinientos años Carlos de Gante llegaba a la península para tomar posesión de sus dominios castellanos, acompañado de sus asesores borgoñeses y catalano-aragoneses. Los años siguientes asistiría a las Cortes de Castilla, de Aragón y de Cataluña. Nombró a Alfonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza, regente de la corona catalano-aragonesa; y al cardenal Cisneros para la de Castilla.

Carlos encontró a la península con dos realidades jurídico-políticas y varias sociedades donde las clases emergentes se abrían paso. No era el caso de Galicia, Andalucía, Canarias o Navarra, donde la acción de los Reyes Católicos fue devastadora o pacificadora, según el argot imperial. En Cataluña sus bisabuelos y abuelo ya habían allanado el camino aliándose con labradores y menestrales contra las oligarquías y la Generalitat. Después de la guerra civil del siglo XIV y las guerras de las Remensas llegó una cierta tregua social y política y los deseos de impulsar el país después de la sangría de la peste negra y la guerra.

La monarquía surgió como el brazo armado del papado

En cambio en las Islas Baleares, el Reino de Valencia y en Castilla, las luchas antioligárquicas y antiseñoriales que estallaron, con componentes de xenofobia antimorisca y anticonversa, posicionaron al nuevo emperador junto a la oligarquía feudal. La identificación identitaria y económica de estos territorios empieza en esos tiempos, junto con la ausencia de burguesía comercial en Castilla, la refeudalización de Baleares y Valencia y la acelerada castellanización de las élites. Sin embargo el golpe mortal lo acabó dando Felipe II con la creación de Madrid.

La consolidación de la monarquía castellana con su influencia sobre los otros reinos que controlaba se hizo en gran medida con la construcción de una alianza de las élites políticas con las jerarquías religiosas, y con el concepto étnicamente excluyente del cristiano viejo. Así fue desde los Reyes Católicos, con la expulsión de los judíos, la marginación y persecución de los moriscos, el exterminio con evangelización de los indígenas americanos, la monarquía apareció como el brazo armado de las posiciones del papado. Sin embargo, periódicamente había choques con los papas de origen italiano que temían un exceso de poder de los Hasburgo.

El poder castellano se construyó con la alianza entre las elites políticas con las jerarquías religiosas

La concepción etnocéntrica de los cristianos viejos avaló una persecución sistemática de los conversos judíos y la implantación de los estatutos de pureza de sangre (vigentes hasta el siglo XIX) que les impedían entrar en la mayoría de instituciones. Muchos de ellos escondieron sus orígenes compensándolo con una mayor intransigencia religiosa (la fe del converso) o una mayor espiritualidad.

A partir de estas premisas se buscaban pistas más o menos discutibles para detectar trazas de conversos en posturas místicas o iluminadas: posturas críticas, miedo a la Inquisición, frecuentes invocaciones a la Santísima Trinidad, salidas escapistas como la búsqueda de la fama o el autotormento de “vivir desviviéndose”. Hay grandes coincidencias pendientes de una mayor investigación histórica entre comuneros o hermanados, conversos judíos, luteranos, místicos e iluminados.

La monarquía fue insensible a la reforma de Lutero que sacudió a Europa

La posición de la monarquía como oficialmente católica llevó a que sea insensible a las corrientes reformistas que recorrían toda la iglesia y que culminaron con la reforma de Lutero que se extendió bajo varias acepciones por toda la Europa central y nórdica. De manera que la persecución a la disidencia religiosa tildada de luterana, se acompañaba al mismo tiempo de una persecución a los descendentes de judíos y moriscos conversos o de simples humanistas (erasmistas) o de místicos (Santa Teresa y San Juan de Cruz) e iluminados.

El misticismo, siempre bajo sospecha, fue la única versión de reforma tolerada, junto con los cambios orgánicos propiciados por el cardenal Cisneros y que en ambos casos significaron un cierto saneamiento de la situación corrompida y laxa que se vivía en la mayoría de monasterios y obispados.

Se pusieron todas las universidades de Castilla en manos de las órdenes religiosas de los dominicos, agustinos, y más tarde los jesuitas. La universidad se convirtió en la Edad Moderna en un poderoso mecanismo de ascenso social y de reclutamiento burocrático, tanto para la Iglesia como para las instituciones civiles. A pesar de todo, estas universidades fueron incapaces de incluir la revolución científica.

La inquisición prohibió estudiar fuera de la península en tiempos de Felipe II

El caso del erasmismo es emblemático: considerado a mitad de camino entre el luteranismo y el catolicismo, en la península se lo vivió con grandes polémicas. Autores como Lluís Vives o los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, tuvieron muchos detractores que estuvieron a punto de conseguir su condena en 1527 en la Conferencia de Valladolid. La persecución inquisitorial desde 1521 de todo aquello que fuera sospechoso de luteranismo y de reformismo iluminado, místico o erasmista implicó incluso la prohibición de estudiar fuera de la península en tiempo de Felipe II (pragmática del 22 de noviembre de 1559).

En el mismo año 1517 ocurrían en el mundo unos hechos que ya evidenciaban que habíamos llegado a la época global que ahora está en plena expansión. El 31 de octubre en Wittenberg (Alemania), Martin Lutero exponía las 95 tesis donde denunciaba las indulgencias pontificias y sentaba las bases de la reforma protestante.

Hace 500 años surgieron cuatro imperios monoteístas, cuyo legado continúa en la actualidad

Selim I del Imperio Otomano derrotó a los mamelucos y se anexionó Jordania, Siria, Arabia y Egipto, y buena parte del norte de África. Y llegó a las puertas de Belgrado con Bosnia y Serbia ya conquistadas. Rusia quedaba como reserva del mundo ortodoxo. Hace 500 años el escenario mundial estaba protagonizado por cuatro grandes bloques de potencias imperiales monoteístas: musulmanes, protestantes, ortodoxos y católicos, un esquema que ya quedaba dibujado hasta la actualidad

Mientras tanto en América continuaba la colonización genocida con las primeras expediciones a Yucatán, el mismo año que llegaba Fray Bartolomé de las Casas, el defensor de los indios.

Es curioso como la obsesión conmemorativa del Estado y sus seguidores intelectuales parece que hayan olvidado la efeméride. Será porque predomina la historiografía romántica españolista que prefiere conmemorar mistificaciones y mitificaciones históricas que promover miradas críticas hacia un pasado que lamentablemente todavía nos condiciona nuestra realidad social, política y económicamente.

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