Los enigmas del PP y la clave de las elecciones

19 de abril de 2016 (20:18 CET)

Vuelve a llover en Madrid. Una ciudad que nunca se acostumbra a la lluvia. Mi barrio, Chueca, sufre depresión con el mal tiempo. La gente se acobarda en casa o sale corriendo a hacer la compra del día. Aquí no hay grandes supermercados. La tristeza se asienta en el ambiente.

En una vieja tienda de vinos me encuentro con algunos paisanos. El más expresivo me dice: "tengo la sensación de estar instalado en la sala de espera del dentista, esperando que me saquen una muela el 2 de mayo y que no me la suturen hasta el día de las elecciones, el 26 de junio".

Nadie cree ya en el milagro. La resignación se instala ante la nueva campaña electoral. Me citan algunas ventajas. La primera es la confirmación de que Podemos defenderá el derecho a la autodeterminación de las autonomías que lo pidan, encubierto en la formulación epicúrea  del derecho a decidir sin dolor ni sobresaltos, que no existe.

También me destacan el interés antropológico de conocer cuántos españoles seguirán votando a Mariano Rajoy y al PP en este universo de corrupción que gotea todos los días.

Me acuerdo del artículo que tengo que escribir y me apresuro a beneficiarme de la sabiduría de mis vecinos. "¿Quién gobierna ahora el PP?," me aventuro a preguntar.

No me resulta fácil darle seriedad al debate. No me toman en serio. Me doy cuenta de que Mariano Rajoy en general y el PP en particular no suscitan mucho respeto.

Al final se establece una división entre quienes consideran que no manda nadie, quienes creen que Soraya Sáenz de Santamaría se ha hecho con el control y quienes opinan que no hay debate interno porque nadie se atreve a decir en voz alta lo que todo el mundo piensa: que el tiempo de Rajoy está caducado.

Ha sorprendido mucho la dureza, aparentemente innecesaria, con que Cristóbal Montoro sentenció a José Manuel Soria. Y también la filtración que se hizo desde el Ministerio de Hacienda de la inspección a José María Aznar.

El entorno de Soraya está activo en sentenciar a quienes no son de su bando. También llama la atención la fulminante salida del alcalde de Granada, sin que nadie haya movido un dedo para concederle el beneficio de la duda.

Se espera un golpe de efecto del Partido Popular antes del día 2 de mayo. Tratarán de culpabilizar al PSOE de la celebración de nuevas elecciones, incluso formulando una oferta aparentemente atractiva de última hora.

Pasamos a intentar concretar el escenario de la nueva campaña electoral desde el convencimiento de que todos los partidos están analizando con lupa y circunscripción a circunscripción los resultados del 20 de diciembre.

Podemos va a hacer una campaña muy dura. Desde luego culpando al PSOE de no haber echado a Rajoy y de haber impedido lo que llaman el "gobierno del cambio". Está por ver si la reafirmación en el derecho a decidir en toda España les causa perjuicios fuera de Cataluña.

Abrir la espita a la ruptura del estado casa mal con los planteamientos de izquierda. Llama la atención la última afirmación de Pablo Iglesias: "apoyamos las consultas porque sabemos que no va a prosperar la separación". ¡Magia potagia!

El PSOE tiene difícil formular un mensaje diferente al que ya utilizó. Si casi nadie cree que pueda ganar y tampoco puede llegar a un acuerdo por la izquierda, ¿para qué va a servir en términos prácticos de formar gobierno el voto socialista?

Se ha fortalecido el liderazgo de Pedro Sánchez, pero hay dudas de que al final haya quedado como un perdedor concienzudo.

Ciudadanos va a sufrir el acoso y derribo del PP. Le atacarán por haber vendido su alma al PSOE para nada. Y reclamarán el voto útil para quedarse con sus alforjas.

El PP tiene la campaña hecha. Necesita más votos para no depender de nadie. Amenazará con las penas del purgatorio para la economía española, aduciendo que solo esta interinidad ya ha obligado a corregir las cifras de crecimiento. Amenazará a los votantes del PSOE, afirmando que si no ha logrado un gobierno con Podemos es sólo porque Pablo Iglesias no ha querido.

Cae la tarde en Chueca. Gracias a mis interlocutores he aclarado algo las ideas. Me ha gustado mucho la imagen de la larga espera en la consulta del dentista. A lo mejor tanto sufrimiento no sirve, siquiera, para encontrar una fórmula de Gobierno.

Hay algo genéticamente preocupante en la política española cuando el principal partido de la oposición y el que ocupa el gobierno ni siquiera pueden dialogar. Y también el hecho de que la pretendida transversalidad de Podemos no llegue siquiera para negociar con Ciudadanos.

Tendremos que aprender y modificar comportamientos. La demonización del adversario tiene efectos secundarios en la falta de interlocución con los afectados. Esperemos que se haya aprendido la lección.
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