Libres, en Cataluña

05 de octubre de 2016 (01:00 CET)

La política catalana y española están en plena transformación. El sistema político tiene nuevos actores, algunos han caído, otros sufren un enorme deterioro. Nada está escrito, pero se llegó a pensar que en Cataluña siempre estarían presentes CiU y el PSC, con parcelas de poder, colaborando en algunas cuestiones, y dejando el campo abierto para la batalla en otras. Eso ahora ha cambiado por completo. Convergència tiene otro nombre, y va remolque de Esquerra Republicana. Y el PSC está herido de gravedad, pendiente de la situación del PSOE.

En Cataluña se ha producido un auténtico fenómeno: conviven dos realidades, dos cosmovisiones, dos mundos que casi no se hablan entre ellos. Los soberanistas piensan que están a punto de conseguir sus objetivos, y el debate se centra en cómo convocar un referéndum unilateral. Los contrarios a ese proceso, aunque ven problemas que se deben resolver, insisten en que todo es humo, que el independentismo es una mera ilusión. No hay contacto.

Y lo que ha ocurrido, desde un punto de vista ideológico, es que Cataluña ha virado hacia la izquierda de una forma clara y diáfana. Esquerra se ha situado como la fuerza del presente y del futuro, la CUP mantiene su atractivo entre una parte de la población, y el movimiento que está construyendo la alcaldesa Ada Colau es netamente de izquierdas. También la nueva Convergència, el PDC, ha adoptado un ideario de centro-izquierda. El PSC, que trata de sacar la cabeza, quiere ir hacia la izquierda, con los partidarios de Núria Parlón, y con matices por parte de Miquel Iceta.

¿Y dónde ha quedado el centro-liberal catalanista? Algunos ex dirigentes de Convergència, como Antoni Fernández Teixidó, y Xavier Cima, y miembros de Unió, como Roger Muntañola, buscan recuperar ese espacio. Y comienzan a tener agua en la piscina.

En un primer acto con los promotores de un movimiento con vocación de transformarse en un instrumento político reunieron este martes a  200 personas, con muchos jóvenes, y profesionales de mediana edad que no tienen un referente político en Cataluña.

Se definen, y no es nada menor en Cataluña, como Libres (Lliures), como "defensores de las libertades", con la idea de que el potencial del autogobierno se ha menospreciado, porque no se aprovechan todas las posibilidades que ha generado la autonomía para mejorar las condiciones de sus ciudadanos. Gestión, administración, menos presión sobre los contribuyentes, más oportunidades para los que quieren arriesgarse….esos son los postulados que defienden, junto a un acento "humanista", con el objeto de que se indentifiquen con el nuevo movimiento los huérfanos de Unió Democràtica, pero también todos los liberales que crean que los valores siguen siendo importantes. El peligro será si todo eso puede ser una especie de réplica de la CiU de hace unas décadas.

Las palabras de Fernández Teixidó en el acto fueron clarificadoras, y expresan la frustración de un sector de la población catalana que no ha entendido nada de lo que ha ocurrido en los últimos años: "Llevo toda la vida dedicada al centro catalanista, y me niego a que todo ese legado quede arrinconado, en favor de la izquierda y del populismo", clamó.

El movimiento ha comenzado a dar sus pasos. No tiene ninguna garantía de éxito. Puede, en función de su recepción, que derive hacia lo que se pretende, un partido político que sea "una fuerza de gobierno para impulsar políticas liberales", y puede también que no tenga cabida. Pero el análisis de Lliures puede dar en el clavo: todo el proceso soberanista, sin nada tangible, con una distancia sideral hacia la realidad, puede acabar en un gobierno de izquierdas que prolongue el cuento del nunca acabar: el llamado "procesismo".

Las sociedades deben entender, --y eso se ha ido perdiendo en Cataluña—que si se está disconforme con un poder establecido, si se está en contra de algo, porque se considera que no es justo o bueno para el interés general, lo que no vale es la apatía y el cabreo permanente. Y que existe la responsabilidad individual, la capacidad de organización, la acción, en definitiva. Y eso vale para todos, para ciudadanos, para empresarios, para entidades, para organizaciones, para todos los que desean cambiar las cosas. 
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