El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y el expresidente, Artur Mas, han exhibido las prisas del independentismo catalán. EFE/AD

Las prisas del independentismo catalán

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Las prisas del independentismo han provocado una sociedad más débil, más dividida, más sectaria

Joaquim González Muntadas

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y el expresidente, Artur Mas, han exhibido las prisas del independentismo catalán. EFE/AD

Barcelona, 14 de noviembre de 2017 (08:58 CET)

Tenemos prisa, ahora o nunca, llevamos esperando 400 años, no podemos esperar más…. Podríamos llenar páginas con las expresiones de los líderes del procés que reflejan las urgencias y el ritmo acelerado con las que han impregnado su estrategia política hacia la independencia de Catalunya.

El objetivo lo merecía, dijeron. Si no había mayoría social, era igual, teníamos prisa. Si no estaban a punto las estructuras mínimas e indispensables de un Estado, como han reconocido los responsables que habían sido elegidos, nombrados o contratados para el efecto, era igual, teníamos prisa.

Si la actual Constitución no permitía circular por esa vía, anunciando un peligroso choque de trenes con graves consecuencias económicas, de convivencia, de reputación etc, era igual, teníamos prisa. Por ello hemos saltado todos las obstáculos legales y democráticos en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre. No había otra forma, llevamos 400 años esperando, no podemos esperar más, dijeron. 

Y las prisas llevaron al día 27 de octubre, la fecha soñada por la mitad de la ciudadanía catalana y temida por la otra mitad. Se llenaron las calles de emoción, lágrimas, banderas esteladas, tractores y carteles. Gritos de “Hola República”. Se había culminado el procés. Se había llegado al final del trayecto. Ese que la CUP, como siempre, supo explicar con su excelente vídeo en el que tiraba por un barranco una vieja furgoneta que representaba el procés, y anunciaba: “Ara comença el Mambo”.

Es cierto que empezó el mambo. Sólo hay que ver lo sucedido en estas pocas semanas. El estropicio que ha representado esa estrategia de los líderes independentistas de deprisa, deprisa, que ha dado la vuelta completa a la rotonda para llegar al mismo punto de partida. Pero con una sociedad, la catalana, más preocupada, más insegura, menos libre a la hora de expresar sus opiniones.

Tras el procés tenemos una sociedad más dividida y más sectaria, con varias rupturas

Una sociedad más débil, pues se ha llevado por delante relaciones personales, de trabajo y familiares. Más dividida y más sectaria, puesto que ha provocado la ruptura y división en todas las organizaciones políticas, empresariales, sindicales y profesionales catalanes.

Quizás ahora, cuando se vuelven a discutir las estrategias y se presentan los programas electorales para las elecciones del 21-D, puede ser un buen momento para volver a ver la excelente película Colors (1988) de Dennis Hopper y aprender de la historia que Robert Duvall le cuenta a Sean Penn cuando después de una  agotadora carrera  persiguiendo a un pequeño traficante en Los Ángeles, vuelve agotado, frustrado y enfadado: Un toro viejo y un toro joven (nosotros, para evitar malas interpretaciones,  podríamos cambiarlos por dos vacas y unos toros, que para el efecto podría ser lo mismo) están pastando tranquilamente en lo alto de una colina.  En un momento dado el toro joven le dice al toro viejo: "¡Toro viejo, toro viejo! ¿Por qué no bajamos corriendo y montamos a una de esas vacas?"  A lo que el toro viejo le contesta: "¿Y por qué no bajamos andando, y las montamos a todas?”.

Aprovechemos el 21-D para recuperar a las personas olvidadas desde hace tanto tiempo

Un sabio consejo de Robert Duvall recordando que las prisas no son buenas, y los atajos demasiadas veces pueden llevar a un barranco como el del vídeo de la furgoneta de la CUP. Pues casi siempre se llega más lejos desde el respeto a las aburridas leyes, con lentas reformas, con diálogo y suma de esfuerzos entre diferentes.

Se abre una nueva etapa, el 21-D donde, sin renunciar a ninguna idea o principio, debería permitir la oportunidad de reconstruir puentes y guardar, al menos por un tiempo, esas armas tan peligrosas que las banderas han demostrado ser, cuya tela -como oí hace unos días a una joven en la radio- no abriga nada aunque uno se envuelva en ella.

Volvamos a ser una sociedad normal, antes de que sea tarde. Aprovechemos el 21-D para dedicar nuestros esfuerzos a las personas, olvidadas desde hace tanto tiempo, en lugar de discutir solo de las esencias. Hemos tocado fondo, muchos catalanes y catalanas estamos agotados, de verdad. Miren hacia atrás y vean los resultados, no son para sentirse orgullosos ¿verdad?

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