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La legalidad del Estado puede truncar todo lo que ha estructurado el proceso soberanista, pero quedará pendiente cómo resolver la ruptura social catalana

César Alcalá

Manifestación en la Meridiana barcelonesa con motivo de la Diada, una imagen que ha repetido desde 2012 / EFE
Manifestación en la Meridiana barcelonesa con motivo de la Diada, una imagen que ha repetido desde 2012 / EFE

Barcelona, 11 de julio de 2017 (17:50 CET)

Desde hace un tiempo no oímos otra cosa en los medios de comunicación y en boca de los políticos del procés. Es un mantra que se repite, se repite, se repite... Todo lo que estamos viviendo en Cataluña o todo lo que está sucediendo es histórico y cambiara las bases establecidas y no sé qué más. Con las Diadas hemos vivido momentos históricos. Con las decisiones de la antigua CiU y ahora Junts pel Si también. Con ciertas leyes que no van más allá lo mismo. Y así podríamos seguir. Creo que no hay nadie, a lo largo de la historia, que en tan poco tiempo haya vivido tantos momentos históricos y trascendentales. Somos unos privilegiados o, los que apoyan al referéndum pueden darse con un canto en los dientes, porque a partir de un determinado momento su vida será monótona.

Algunos son felices por poder haber vivido estos momentos, como los seguidores del Barça no caben de felicidad por haber conseguido ver el mejor equipo de todos los tiempos. Si juntamos una cosa con la otra, alguno puede considerar que no desea que todo esto se acabe, pues su vida volverá a la monotonía.

Decía Jaume Sisa, si no recuerdo mal, que el procés y las performances han provocado que una parte de catalanes lleven cinco años empalmados. Lo cual es grave, porque es como la viagra, hay que aligerarse de tanto en tanto. Y como no han llegado al clímax, allí están. Compitiendo a ver quién la tiene más grande. Algunos han conseguido la felicidad absoluta y, viendo lo que tienen ahí abajo, por nada del mundo desean que se acabe. Pero, como dice el dicho popular, todo lo que sube baja.

Hay una legalidad consolidada para atajar lo que estructura el procés soberanista

Y es que debemos ser irónicos teniendo en cuenta lo que estamos viviendo en Cataluña. Muchas personas critican a Rajoy por no actuar. Hay una legalidad lo suficientemente consolidada para atajar lo que están estructurando los políticos del procés y no hace falta la intervención política. Dicho de otra manera, los miembros del procés están creando estructuras judiciales y legales para llevar a cabo el referéndum. Las estructuras legales del estado tienen los medios para bloquearlo. Si se entrara a debatir el asunto, desde el terreno político, se incurriría en un error. Si unos lo quieren politizar, otros consideran que la ley –una de las estructuras del Estado- puede parar la deriva secesionista.

Lo anacrónico del caso no es si existe legalidad o no en la ley del Referéndum y en toda esta deriva independentista. El problema más grave estriba en la sociedad catalana. Cuando todo esto termine, que terminará, el problema será recomponer una muñeca de porcelana rota. Pau Riba escribió una canción dedicada a una noia de porcelana. Esta niña de porcelana hoy en día es la sociedad catalana. Un colectivo de personas que nunca tuvo ningún problema en convivir juntos y que, gracias a los del procés, han roto la porcelana.

Todo se ha roto, igual que una muñeca de porcelana

Cuando todo esto acabe nos quedarán una serie de palabras en busca de autor: decepción, frustración, división, enfado, desolación, desprecio, impotencia y desastre. Todas ellas resumen los hechos que viviremos. Aznar dijo que antes de romperse España se rompería Cataluña. Él lo dijo pensando en otras cosas más jurídicas. Otros lo podemos decir desde el plano social. Y es que, a día de hoy, la sociedad catalana está rota. Han conseguido dinamitar unos principios, una armonía, una tolerancia, un savoir faire, que había existido y convivido desde tiempos inmemoriales.

Todo esto se ha roto y, al igual que una muñeca de porcelana, será muy difícil recomponer pues siempre quedará la fisura con unas gotas de pegamento.Conozco personas que no se hablan por culpa del procés. He vivido debates subidos de tono. Veo odios. Conozco personas que se sienten impotentes porque no quieren la independencia y no saben qué hacer. Hay más personas enfadadas o cabreadas que cinco años atrás. Muchos decepcionados. Un porcentaje cada vez menos elevados siguen empalmados. Los que no, es porque se han dado cuenta de la realidad, o porque han perdido el efecto de la viagra.

En definitiva, tenemos una sociedad rota. A los políticos les importa poco. Lo vimos el otro día en el Teatre Nacional de Catalunya. Ellos van a la suya. Como si llevaran orejeras como el burro catalán. Los políticos no pueden ni deben desestructurar una sociedad. No pueden romper los principios básicos de convivencia. No pueden hacer nada de lo que han hecho. Sin embargo, lo han hecho. Las consecuencias de todo esto son la ruptura de la sociedad catalana. Una ruptura que tardará años en cicatrizarse, si se consigue. 

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