La perplejidad de Foment, entre Puigdemont y el sainete español

26 de enero de 2016 (01:00 CET)

La ejecutiva de Foment estaba con las manos vacías. Tenía la intención de valorar los acuerdos políticos en Madrid, o, por lo menos, las negociaciones que se están produciendo. Pero no hay nada de nada, a la espera de que el Rey Felipe convoque, otra vez, a todos los candidatos. Lo que sí tienen claro los miembros de la patronal, que preside Joaquim Gay de Montella, es que todo apunta a "nuevas elecciones", aunque no es el escenario más deseado.

Los miembros de la ejecutiva de Foment se reunieron este lunes y acabaron abordando "cuestiones ordinarias", pero sí se habló sobre la situación del nuevo gobierno en Cataluña. Si para La Moncloa se rechaza por completo un acuerdo de izquierdas, del PSOE con Podemos, en Barcelona la patronal debe asumir el acuerdo entre Junts pel Sí y la CUP.

Aunque no hubo reproches, sí se mencionó que el President Carles Puigdemont no ha contactado todavía con la patronal, aunque ha tenido relación con Gay de Montellà, en las comarcas de Girona, por los asuntos profesionales del presidente de Foment. Tampoco se ha establecido, todavía, un canal con el resto de consellers, aunque sí existe una primera aproximación con el titular de Empresa, Jordi Baiget, un hombre respetado. "La relación con Baiget es buena, es un político con gran sentido común, al que ya conocemos", asegura un miembro destacado de la patronal.

Pero la perplejidad en la gran patronal catalana es total. Los que van y vienen de Madrid a Barcelona explican que existe "un gran temor" a que se constituya un gobierno de izquierdas que podría echar atrás las reformas realizadas en los últimos años. El mensaje, como reitera Gay de Montellà, es que "todo pasa por el diálogo", pero ni el PP ni el PSOE han logrado, hasta ahora, liderar un proyecto para investir a sus dos dirigentes, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.

Foment ha mantenido una posición muy crítica en Barcelona con el proceso soberanista, pero ha buscado puentes para mejorar la situación económica. Gay de Montellà mantiene su obsesión por "el diálogo", convencido de que el proceso independentista no podía ir a ningún lado sin un acuerdo político previo con el Gobierno del Estado, algo que muchos dirigentes soberanistas han entendido ahora. Para empezar, el propio Carles Puigdemont, que insiste en que no se dará ningún paso en falso que suponga saltarse la ley. Eso ha gustado. Y aunque las diferencias son claras, Foment espera escuchar pronto a Puigdemont.

La idea de la patronal es que ahora se abre un nuevo periodo lleno de oportunidades, pero todo depende en estos momentos de cómo acabe el sainete español, con dirigentes que no quieren asumir que el mandato ciudadano debe traducirse en un Gobierno viable, y que no se puede invitarlos, de nuevo, a unas elecciones buscando que todo sea más fácil.

El problema para Foment, como para otros organismos económicos, como el Círculo de Economía, es que no salga el gobierno que querrían, el de las reformas, soportado por el PP y el PSOE, y también por Ciudadanos. Ha entrado en juego Podemos, y el partido de Pablo Iglesias ha logrado irritar a buena parte del mundo económico. No por el diagnóstico que realiza, sino por la falta de propuestas creíbles.

Pero hay que aprender a moverse en todas las circunstancias. Foment lo lleva haciendo en Cataluña desde la Diada de 2012.
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