Puigdemont puede morir matando, lo que sería nefasto para la economía catalana y española. /EFE

La estrategia de Puigdemont: morir matando

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La estrategia de seguir adelante, de morir matando, por parte de Puigdemont creará una enorme incertidumbre, lo peor para la economía española

María Blanco

Puigdemont puede morir matando, lo que sería nefasto para la economía catalana y española. /EFE

Madrid, 21 de octubre de 2017 (12:52 CET)

La crisis catalana sigue ocupando las portadas de los periódicos nacionales y de muchos internacionales. Una vez que ha pasado el furor post-referendum, además de analizar las posibles alternativas políticas, ahora que el gobierno va desvelando qué medidas va a tomar, los analistas se han centrado en hacer el “suma y sigue” de las empresas de todo tipo que están trasladando su sede fuera de Cataluña. Se especula acerca de la transitoriedad de la medida, del diferente impacto que tiene el cambio de sede social frente al cambio en la sede fiscal. Se anticipan las pérdidas de unos y otros mientras no queda claro que la independencia vaya a ser una realidad.

Aparentemente, si se mantiene el orden constitucional, en un tiempo mayor o menor, Cataluña volverá a la normalidad económica y muchas empresas podrían decidir volver a establecer allí su sede (social o fiscal). Pero hay unas pérdidas que ya son irrecuperables. La ministra Dolors de Montserrat afirmaba esta semana que los bancos habían perdido en un solo día 4.000 millones de euros en cuentas bancarias. La quiebra de la confianza del mercado es una marca difícil de borrar. Y los tiempos políticos están dejando un amplio margen para la caída de las expectativas.

El cambio de sede social de casi 900 empresas es, en muchos de los casos, un cambio de sede fiscal. En el primer caso se trata de asegurar la protección jurídica de la empresa frente a los accionistas. En el segundo, además se trata de no pagar impuestos a la administración catalana, no porque sea menos oneroso tributar en otras partes del territorio español, sino porque se espera que, de lograrse la independencia, el recién estrenado gobierno subiría los impuestos de sociedades de manera tan notable como para que estas empresas decidan cambiar la sede. Ambos cambios, que suelen ir asociados pero no siempre, indican dos cosas: la percepción del carácter obcecado de Puigdemont y la desconfianza acerca de la política económica de los independentistas.

El peor escenario para la economía, siempre, es la incertidumbre

Pero tras la cascada de traslados de sedes, que no ha cesado, y que ha provocado colapsos en las notarías barcelonesas, llegó el desaliento inversor en los sectores más sensibles: el turismo y el sector inmobiliario, dos actividades que ya se veían amenazados por las políticas económicas de los gestores políticos más radicales, como la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

Otros signos preocupantes apuntan, no solamente a la economía regional de Cataluña, sino a la nacional. La Bolsa cayó casi un 1% el lunes y hay nerviosismo y la prima de riesgo ha subido hasta 120 puntos. El castigo de la confianza del mercado a los bonos españoles, sin ser escandaloso, sí nos aporta un referente respecto al pulso exterior. Obviamente, la toma de medidas por parte del gobierno de Rajoy, la actitud de los otros dos partidos mayoritarios (que tendrán su precio político más adelante), y el respaldo de las instituciones europeas, pueden frenar estos dos indicios. Pero es indudable que ya hay pérdidas ciertas no sólo privadas, para las empresas, sino también para Cataluña. Y si, como parece, no va a darse la independencia después de todo, vamos a ser todos los españoles quienes las asumamos vía impuestos o vía deuda.

De momento, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal publicó un importante informe el pasado 18 de octubre en el que estudiaba, en primer lugar, el nivel de incertidumbre. Como es sabido, desde un estricto punto de vista económico, el peor mal de una economía es la incertidumbre, entre otras cosas, porque no permite realizar planes a largo plazo (y a veces ni a largo) ni a consumidores ni a productores y eso es altamente desestabilizante para cualquier economía. Es interesante observar cómo se vivió más incertidumbre cuando estalló la guerra de Irak, que coincidió con la tragedia del Prestige, que al sobrevenir la crisis de las subprime.

La pretensión de Puigdemont de seguir adelante es un morir matando, que no evita su derrota, sino que la envilece

Más relevantes aún son las consideraciones respecto al reflejo que puede tener una contracción de la actividad económica y la bajada del empleo en Cataluña sobre la economía española. Así, de acuerdo con la AIReF, por cada punto porcentual de PIB perdido en Cataluña se correspondería con una caída del PIB conjunto de España de 0,2. Por su parte, respecto al empleo, una caída del empleo catalán del 1% traería consigo un efecto similar en el resto de España del 0,17% y del 0,21% en el nivel conjunto.

Esta situación no parece preocupar a Puigdemont ni a los partidos radicales independentistas, que han llegado al extremo de animar a sus acólitos a retirar efectivo de los bancos Sabadell y La Caixa con el único objetivo de perjudicar su situación. Un error ridículo pero un botón de muestra del espíritu de lo más radical del independentismo. Puigdemont sabe el enorme e irreversible perjuicio que su actitud está causando a los ciudadanos catalanes. Pero todo vale con tal de no ceder. El liderazgo significa visión y servicio, lo opuesto a la actitud que estamos presenciando. Un morir matando que no evita su derrota, sino que la envilece.

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