El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante su intervención en el pleno del Congreso de los Diputados. EFE/JAVIER LIZÓN

La carrerilla electoral de Rivera a cargo del cupo vasco

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La estrategia cruzada de Ciudadanos con el Partido Popular y el PSOE seguirá provocando choques entre los partidos constitucionalistas

Carlos Carnicero

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante su intervención en el pleno del Congreso de los Diputados. EFE/JAVIER LIZÓN

Barcelona, 24 de noviembre de 2017 (04:55 CET)

Albert Rivera está apostando muy fuerte por capitalizar la indignación que existe en el resto de España contra el nacionalismo catalán. La elevación del contencioso catalán al número dos del ranking en la preocupación de los españoles se ha extendido en una suspicacia con todo lo que tenga que ver con los nacionalismos periféricos.

Ayer se aprobó la actualización del concierto vasco y el cupo –la cantidad que tiene que pagar Euskadi por los servicios generales del Estado- con un debate crispado entre Albert Rivera y el ministro Montoro. La enmienda a la totalidad presentada por Ciudadanos fue rechazada por 294 votos. En la votación del cupo los votos en contra de la enmienda fueron 292 por la abstención del EH Bildu, en un acto de equilibrio entre su apoyo al régimen foral y el desacuerdo con que Euskadi contribuya a pagar gastos que repudia, como son los de Defensa.

Ciudadanos se quedó solo, con el apoyo de Compromís, que matizó su voto por considerar un contrasentido que se apruebe el acuerdo de financiación de Euskadi cuando está pendiente la nueva financiación del resto de las comunidades.

Albert Rivera quiere capitalizar la indignación por el cupo vasco

El sistema foral vigente para Navarra y Euskadi es un tema complejo de explicar. Su origen se remonta a 1878, al final de la tercera Guerra Carlista, y se adoptó en la conjunción del agotamiento económico general de España después de los esfuerzos de la guerra y como forma de encauzar las reivindicaciones forales, que hoy podríamos llamar autonómicas, que fueron una parte del origen de las confrontaciones carlistas y también el germen de los nacionalismos en España.

Los regimenes forales fueron suspendidos únicamente por el dictador Franco, al considerar a las “provincias vascongadas como traidoras”, lo que no sucedió con Navarra.  El sistema foral fue reconocido como un “derecho histórico” en la Constitución de 1978, sin duda como una vía de reconducir definitivamente el encaje de Euskadi en España y para satisfacer las exigencias del PNV.

La ofensiva de Ciudadanos se ha extendido con su apoyo al enfriamiento del PP en sus compromisos de reforma constitucional que Pedro Sánchez pactó con Mariano Rajoy como condición para apoyar la aplicación del artículo 155. Para Sánchez, el diálogo político para encontrar una solución estable al conflicto catalán pasa por una reforma constitucional que redefina el modelo territorial –una España plurinacional-  y revise el texto aprobado en 1978. Para Rivera es insostenible que se pueda situar la reforma constitucional como una forma de satisfacer las demandas de quienes en sus palabras “han protagonizado un golpe de estado contra la democracia en España".

El sistema foral fue reconocido como una vía de reconducir definitivamente el encaje de Euskadi en España

Todo hay que situarlo en el contexto de firmeza constitucional que quiere aplicar Ciudadanos en Cataluña, frente al “constitucionalismo acomplejado” del PSC, en sus apuestas por sus respectivos electorados catalanes. Los reproches del PSOE ha Ciudadanos han llegado al punto de que Pedro Sánchez afirme que el PSC no votará a Inés Arrimadas para la presidencia de Cataluña al considerar a Ciudadanos “la media naranja del PP”.

No es el mejor momento para este tipo de debates políticos cuando ya estamos prácticamente en campaña electoral para las elecciones del 21-D. Y el creciente endurecimiento de los discursos de Ciudadanos junto a sus buenas perspectivas electorales tanto en Cataluña como en España han disparado la confrontación entre el partido de Albert Rivera y el PSC y el PSOE.

En el PSOE, la rapidez del proceso de aprobación de la actualización del concierto y del cupo vasco ha desatado las alarmas entre los barones territoriales, siempre pendientes de los agravios que puedan existir en el trato a las llamadas comunidades históricas y el resto de las autonomías. Un debate latente desde que la Constitución de 1978 reconoció dos vías hacia las autonomías regionales y el papel que han jugado los representantes de Cataluña y País Vasco en las negociaciones para formar los sucesivos gobiernos de España en toda la transición.

El endurecimiento del discurso de Ciudadanos ha endurecido su enfrentamiento con el PSOE

No ha habido excepciones. Felipe González, José María Aznar -que llegó a presumir en sus negociaciones con Jordi Pujol que hablaba catalán en la intimidad- , José Luis Rodríguez Zapatero y en la actualidad Mariano Rajoy han negociado con nacionalistas catalanes y vascos la estabilidad de sus gobiernos. La moneda ha sido en todas las ocasiones habilitación de transferencias desde el Estado y partidas económicas, casi siempre en inversiones extraordinarias del Estado en estas comunidades autónomas.

La aprobación exprés de la actualización del concierto y del cupo vasco forma parte del paquete de negociación entre Mariano Rajoy e Iñigo Urkullu para lograr los votos suficientes para los Presupuestos Generales del Estado de 2018. El acuerdo estaba consumado antes de la eclosión de la crisis catalana, pero quedó paralizado por parte vasca con los sucesos del 1 de Octubre y la aplicación del artículo 155.

Recuperar el apoyo de los diputados del PNV es la estrategia del PP y también del PSOE

No es un tema menor. Recuperar el apoyo de los diputados del PNV –que es lo mismo que decir del Gobierno Vasco- es la estrategia del PP y también del PSOE, que es socio de gobierno del PNV, y  es una credencial de la vigencia de la vía vasca al desarrollo autonómico en contraposición al desafío catalán en busca de la independencia.

En diversas ocasiones, el lehendakari Iñigo Urkullu ha verbalizado la estrategia de su gobierno y del PNV en el desarrollo económico y social vasco, en un mundo globalizado en el que es impensable e imposible un proceso secesionista. La convulsión de lo ocurrido en los últimos meses en Cataluña podía haber sido contagioso en Euskadi, donde la tensión secesionista desde el final de ETA ha estado en franco retroceso.

La recuperación del acuerdo con el PNV ocurre en un momento en donde es más valioso un espejo que deje en evidencia las virtudes del nacionalismo vasco en contraposición con el desvarío catalán.

¿Cómo se observa estos procesos comparados en el conjunto de España?

Está claro que no está el horno para pastelitos en el estado de indignación de muchos españoles con los sucesos de Cataluña. Y es en ese criadero donde hay que buscar explicación a la radicalización del discurso antinacionalista de Albert Rivera.

Cualquier esperanza de unión de lo que pudo ser un frente constitucionalista en Cataluña ya no existe. O al menos, no puede plantearse por ahora, en espera de conocer los resultados catalanes.

Conjugar la estrategia del PP, con la urgencia de aprobar los presupuestos, la del PSOE, protagonizando la apuesta de la reforma constitucional, y la de Ciudadanos, en busca de un espacio estable en el mapa político español, seguirá propiciando confrontaciones entre los tres partidos en los próximos meses.

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