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La sociedad catalana vive una esquizofrenia y es que por cada catalán que apuesta por la independencia hay tres que buscan que reformular el encaje con España

Jordi García-Soler

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, dice que el soberanismo dará "miedo". EFE/Toni Albir

Barcelona, 04 de julio de 2017 (07:55 CET)

En su sustancioso análisis de los resultados de la encuesta publicada el pasado domingo por La Vanguardia sobre el referéndum unilateral que el Gobierno de la Generalitat presidido por Carles Puigdemont ha anunciado que piensa convocar para el próximo día 1 de octubre, Narciso Michavila, presidente de GAD 3, la empresa demoscópica que realizó este sondeo, se planteaba una pregunta de gran relevancia: “¿Dónde está la clave de esta aparente esquizofrenia?”

Michavila aludía a las obvias contradicciones de las respuestas dadas por el conjunto de los encuestados. Citaba algunas: “Por cada catalán que apuesta por la independencia de Cataluña hay tres que buscan reformular su encaje, sin llegar a la ruptura con el conjunto de España”. Y aportaba más datos: “¿Por qué hay un 16% de catalanes que votarían a favor de una república catalana no siendo la independencia su modelo preferido?”

Podría haber aportado muchos datos más. Por ejemplo, que el 42,6% de siente tan español como catalán, el 24,4% más catalán que español, el 18,4% solo catalán, el 5,5% solo español y el 4,4% más español que catalán. Con todos estos datos, que dan hasta el 77,2% de catalanes que de una manera u otra se sienten españoles –con una clara mayoría del 42,6% que asume esta doble identidad, con el 10,2% que se siente solo español o más español que catalán e incluso con el 24,4% que se siente más catalán que español, ¿cómo se puede explicar que el 54% se manifieste dispuesto a participar en una consulta unilateral sobre la secesión de Cataluña y que el 42,5% afirma que votaría a favor de la independencia?

Es difícil de entender que por cada catalán que apuesta por la independencia, tres busquen un mejor encaje

¿Es esto solo una “aparente esquizofrenia”? Claro está que el propio Narciso Michavila nos facilita algunas claves interpretativas. Concluye con esta interesante constatación: “En definitiva, para comprender lo que está pasando en el electorado catalán es necesario analizar todas las preguntas del barómetro sin confundir el espejismo de una única pregunta sobre el referéndum con la auténtica motivación de la sociedad catalana”.

Y deja un aviso para todo tipo de especuladores: “De aquí la tendencia en las encuestas sobre referéndums a manifestar una predisposición a votar que después no se refleja en las urnas”. Al respecto recuerda que el sondeo del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat (CEO) auguró una participación del 86% en el referéndum de 2006 sobre el nuevo Estatuto de Autonomia, pero la participación real fue del 49%. Podría haber recordado también que en la consulta del 9N las encuestas previas vaticinaban el 62% de participación y esta fue finalmente del 39%.

Entre Puigdemont, que dice que daremos miedo, al miedo de Baiget por su patrimonio, esa es la esquizofrenia

La sociedad catalana vive mientras sumida en un estado que va de la movilización entusiasta y apasionada de los sectores secesionistas más convencidos hasta el cansancio, el desinterés y la apatía de muy amplios sectores sociales, pasando por la creciente preocupación de quienes seguimos empeñados aún en hallar un punto de encuentro que haga posible, mediante el imprescindible diálogo institucional y político y previas las necesarias cesiones mutuas, un acuerdo que sea sometido finalmente a referéndum. A referéndum, sí, legal y acordado. Con un censo oficial de verdad. Con una autoridad electoral legal y legítima. Con unas normas establecidas de acuerdo con los parámetros exigidos en cualquier Estado democrático de derecho.

Mientras, el presidente Carles Puigdemont, en una demostración más de su tendencia al histrionismo, alardea de que “Cataluña da miedo, y más miedo que daremos”. Pero uno de sus consejeros, Jordi Baiget, se muestra dispuesto a ser encarcelado pero de ningún modo a perder su patrimonio… Quizá esto explique la “aparente esquizofrenia”. 

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