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Las dos entidades, la ANC y Òmnium Cultural actúan como la correa de transmisión del proceso, que genera ilusión, y el comercial que protagoniza el engaño

Miquel Porta Perales

La ANC y Òmnium Cultural han sabido organizar grandes manifestaciones independentistas, sin pensar en la existencia del Estado.
La ANC y Òmnium Cultural han sabido organizar grandes manifestaciones independentistas, sin pensar en la existencia del Estado.

Barcelona, 22 de septiembre de 2017 (04:55 CET)

La Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural juegan un papel fundamental en el desarrollo del “proceso” soberanista.

La primera, la ANC, es el funcionario mayor que recibe las órdenes de la superioridad, las observa y las transmite a la fiel infantería procesista. Y no solo eso: la ANC vela por el cumplimiento de dichas órdenes y, cuando se tercia, apela a lo que convenga –la nación catalana, los sentimientos nacionales catalanes, la dignidad nacional de Cataluña, el victimismo nacionalista, la democracia nacionalista encarnada en el inexistente derecho a decidir, el referéndum ilegal o la solidaridad con los represaliados, por ejemplo- para logar la movilización del independentismo y sus simpatizantes. Más: en no pocas ocasiones, la ANC ha jugado a ser una suerte de Tribunal de Cuentas Nacional de Cataluña que presiona y fiscaliza a la Generalitat para que no se distancie del recto camino nacional que seguir.

Por su parte, Òmnium Cultural se distingue por un doble papel: en primer lugar, es la correa de transmisión del “proceso” y de la ANC; en segundo lugar, es el incansable comercial del “proceso” que se entrega en cuerpo y alma a vender las excelencias –bueno, bonito y barato, por decirlo a la manera del comercio clásico- de la mercancía independentista.

La ANC ha jugado a ser una suerte de Tribunal de Cuentas Nacional de Cataluña, es el comercial del proceso

Ante el referéndum ilegal del 1-O, la ANC y Òmnium Cultural siguen con su trabajo. En esta ocasión, el funcionario ofrece ilusionismo y el comercial engaño. Vayamos por partes.

Si observamos los documentos gestados por la ANC con motivo de la Diada del Sí y el referéndum del 1-0, comprobamos que es el funcionario mayor del “proceso” –del Régimen y el Movimiento, podríamos decir- el que habla de un “tsunami de ilusión” que conducirá “desde el compromiso con la democracia a la mayoría por la independencia” de un “nuevo Estado en forma de república”. Si la ilusión es una falsa percepción de la realidad y una esperanza sin fundamento real, si la ilusión es eso, la ANC es un vendedor de ilusión –ilusionismo- en el doble sentido del término: la ilusión de quien vende como democrática la práctica antidemocrática del independentismo; la ilusión de quien vende a plazo fijo una República Catalana que no está disponible en el mercado.

Hay más. La ilusión es también efecto óptico y complacencia. Cosa que delata el relato de una ANC que habla de “causa justa”, de “hacer un país mejor”, de “un país que va a más, que no se detiene” y que “se prepara para dar el salto definitivo a la Historia en mayúsculas”. El secesionismo o ese populismo convencido del papel que le ha reservado la Historia.

Todavía hay más. La ANC –como funcionario mayor que vela, presiona y fiscaliza el “proceso”- indica al ciudadano el “qué, cuándo, dónde y cómo” de la movilización independentista.

El secesionismo quiere ciudadanos obedientes y disciplindos, que cumplan órdenes y desfilen en orden

Por ejemplo, hablando de la Diada del Sí: que si los manifestantes han de ubicarse en “48 tramos”, que si hay que consultar el “plano clarísimo” en la web, que si la “gente lleve la camiseta de diadas anteriores, de entidades o de cualquier causa o idea que le motive”, que si a las “17 h. se comenzarán a desplegar 4 macropancartas desde los extremos de los ejes”, que si a las “17.14 h. las pancartas avanzarán hacia el punto central por encima de los asistentes”, que si al “paso de las pancartas los asistentes se pondrán la camiseta de la Diada del Sí y provocarán el estallido del color amarillo”, que si el “amarillo fluorescente de la camiseta de 2017 será la estela que acompañará las pancartas al punto de confluencia”.

La ANC –el secesionismo- quiere ciudadanos obedientes y disciplinados. Que cumplan las órdenes y desfilen ordenadamente. La cosa recuerda el patio de la escuela de primaria, el conductismo de Pavlov y Watson, el Gran Hermano de Orwell o la demostración sindical del Primero de Mayo en el Bernabéu en tiempos de Franco.

Ese comercial del “proceso” que es Òmnium Cultural ofrece –como avanzaba- engaños. Basta leer el manifiesto Crida per la Democràcia para comprobarlo. Por cierto, menuda ironía que quienes se burlan de la democracia hagan una llamada a la democracia.

El contenido de la Crida: un Estado que suspende leyes aprobadas por el Parlament (no dicen que por anticonstitucionales), que margina las infraestructuras (que se lo cuenten a otras Comunidades Autónomas), que politiza la justicia (¿desde cuándo hacer cumplir la Ley es politizar la Justicia?), que ataca el catalán (que se lo digan a los castellanohablantes, a los bilingües y a los que son multados por rotular en castellano), que ataca la escuela (¿lo habré leído bien?), que ataca a las instituciones y a los representantes políticos (que no, que un Estado de derecho no ataca nadie, que un Estado de derecho hace cumplir la Ley a quienes la incumplen).

"Somos víctimas de un Estado que pone en peligro el sistema de convivencia", y lo dicen ellos

Y por si fuera poco, Òmnium Cultural, que jalea las prácticas antidemocráticas, que impulsa un referéndum a todas luces ilegal, y por tanto antidemocrático, como aquellos que orquestaba el General, se queja: “somos víctimas de un Estado que pone en peligro el sistema de convivencia y cohesión social”. Y lo dicen Ellos.

Otra cita de la Crida per la Democràcia: “la única alternativa que nos queda es defender la democracia con todas nuestras energías”. No, por favor.

Finalmente, cabe señalar el estajanovismo, la habilidad y la eficiencia de la ANC y Òmnium Cultural –un particular mix de filosofía del tendero, MBA, reality coach y reality transurfing- para colocar en el mercado un producto averiado. Hannah Arendt: no hay engaño sin autoengaño.

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