Carles Puigdemont permanece en Bélgica. / Foto: EFE/Archivo

Puigdemont, presidente del Català Buru Batzar

Nadie parece haberle contado a Carles Puigdemont que lo que sucede en Cataluña atenta contra sus propósitos a corto plazo

Carles Puigdemont y su grupo irreductible están a un paso de imponer su modelo falsamente bicefálico a ERC y Pdecat. Su propuesta es clara: él será el presidente del Català Buru Batzar, nuestro Arzalluz que pondrá y quitará presidentes y consejeros, que deberán ser obedientes o irrelevantes y, si no, tal como le sucedió a Garaicoechea, serán substituidos por un nuevo títere.

La propuesta de ir a un pleno de investidura con Jordi Sánchez de candidato tiene infinidad de ventajas para Puigdemont, que ha diseñado una legislatura de tres presidentes. Sánchez será breve dado que todo apunta a que pronto será inhabilitado. Tras Sánchez vendrá posiblemente Jordi Turull, que también será breve porque en otoño tendrá que afrontar un juicio. Solo tras estas dos presidencias breves y plagadas de retórica populista sobre presos políticos, exiliados y afrentas constantes, no solo al Estado y a España, sino a más de la mitad de la sociedad catalana llegará Elsa Artadi a la presidencia, eso si Puigdemont y sus incondicionales creen que les será inequívocamente leal, cosa de la que hoy dudan. Esta estrategia de presidencias breves, tensión e ingobernabilidad permitirá a Puigdemont mandar de verdad y llegar a las municipales del 9 de junio del próximo año con su artefacto político, Junts per Catalunya, vivo y sumar a sus incondicionales diputados un grupo numeroso de alcaldes a costa de ERC y la CUP.

ERC está noqueada y si la estrategia de Puigdemont se impone puede quedar fuera del tatami independentista por mucho tiempo. La posibilidad de una suma entre ERC, Pdecat, PSC y Comunes pactada a última hora, allá por el 29 de marzo, para deshacerse de Carles “el belga”, parece hoy una quimera porque un régimen de terror se ha impuesto entre los separatistas. Tampoco la opción de que los republicanos o el entorno de Pascal se plante ante Puigdemont y le diga “hasta aquí hemos llegado” parece hoy realista. Cualquiera que no avale las tesis de los carlistas es tachado automáticamente por sus terminales mediáticas de blando y traidor. Todo el mundo, dentro del independentismo, quiere hacer creer que está cerca de Puigdemont, aunque sea mentira. Todos quieren viajar a Bruselas para luego pasarse la semana contando que ha visto a Carles y cómo le va; eso da puntos dentro de un mundo que cada vez más se parece a un Versalles friky y menos a la vida real. Y esa no es forma de vivir.

Puigdemont ha perdido el contacto con la realidad de la calle en Cataluña

A Puigdemont se le puede tachar de muchas cosas como, por ejemplo, como es evidente, de fanático o irresponsable, pero hay que reconocerle capacidad de resistencia y una obstinación inaudita quizás propia de su fanatismo. Su máxima está clara: quien resiste gana. En eso es igual que Rajoy. Pero Puigdemont ha aprendido a negociar, administrar tiempos, manipular voluntades personales y comunicación, y solo hay algo que se le escapa: en su ya largo periodo de fuga voluntaria a Bruselas ha perdido el contacto con la realidad de la calle en Cataluña y su grupo de acumuladores de avios en la tarjeta de puntos de Iberia (líneas aéreas de España) no le dan información veraz de que está ocurriendo aquí porque viven en una burbuja de hiperventilados separatistas.

Si tomara el pulso de la calle para saber cómo reaccionará la sociedad a su propuesta de inestabilidad podría valorar si la suya es una estrategia de recorrido limitado, cosa que posiblemente le debe dar igual dado que él está en buscar la mejor manera posible en la que vivir.

Puigdemont quizás no sabe que en la última semana han sucedido cosas en Cataluña que sueltas pueden parecer irrelevantes pero, puestas una tras otra, son muy notables y ponen de manifiesto un cierto levantamiento social frente al secuestro del relato y la actualidad por parte del separatismo.

La campaña en las redes para solicitar la retirada de la pancarta instalada en Plaza Catalunya frente al punto de acreditación de congresistas del Mobile World Congress que hablaba de presos políticos, cosa literalmente falsa, y el éxito de la campaña que ha acabado con la retirada de la misma es algo que hace unos meses sencillamente no hubiera sucedido y pone de manifiesto el hastío de parte de los catalanes.

Crece la parte de la sociedad que se resiste a seguir en el marco y pautas dictadas por el separatismo

La reacción no solo del presidente del TSJC sino de abogados colegiados de a pie marchándose de la sala de actos del Colegio de Abogados cuando el presidente del Parlament, lacito amarillo al pecho, su puso a insultar a toda la carrera judicial y al mundo jurídico en general hablando de presos políticos es un acto de dignidad y también de valentía frente al poder separatista que hace poco hubiera sido imposible.

La encuesta del CEO, cocinada y controlada por dirigentes separatistas, da al separatismo su dato más bajo desde 2012 y dice que los catalanes prefieren el autonomismo a la declaración unilateral o la convocatoria de una manifestación por Tabarnia el domingo día 4 de marzo. Son síntomas de que crece la parte de la sociedad que se resiste a seguir en el marco y pautas dictadas por el separatismo populista y aspira a la normalidad y a un gobierno que trabaje dentro de la legalidad y la decencia.

Quizás Puigdemont haya conseguido secuestrar la voluntad de los diversos círculos independentistas y los manipule a su interés y conveniencia, pero parece que algo se le escapa por mucho que consiga sus propósitos a corto plazo y no parece que nadie se lo este contando ni él tenga intención alguna de enterarse de qué sucede aquí.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Joan López Alegre

Analista, Economía Digital

Joan López Alegre es autor de Hablar de todo y no saber de nada. Al margen de su carrera política, fue diputado en el parlamento catalán, es profesor de comunicación política en la UAO-CEU y licenciado en Historia (UB).

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