Miquel Iceta, junto a Gabriel Colomé, en la presentación del libro La Catalunya insurgente, donde el líder del PSC abogó por mantener la unidad civil de Cataluña. /ED

Iceta o la obsesión por mantener la unidad civil en Cataluña

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Iceta admite que el PSC no es el mismo partido que cuando se fundó, pero defiende la unidad civil de la sociedad catalana, que ve en peligro

Manel Manchón

Miquel Iceta, junto a Gabriel Colomé, en la presentación del libro La Catalunya insurgente, donde el líder del PSC abogó por mantener la unidad civil de Cataluña. /ED

Barcelona, 08 de noviembre de 2017 (13:32 CET)

Los partidos perfilan sus estrategias de cara a las elecciones del 21 de diciembre, sin que, aparentemente, las encuestas muestren que pueda haber grandes cambios respecto a los comicios de 2015. El PSC, con Miquel Iceta al frente, pretende representar un espacio moderado, más allá de las propias siglas, en un momento grave, donde todo se ha polarizado, y las estrellas emergentes en el panorama catalán son Oriol Junqueras, por un lado, e Inés Arrimadas, por el otro. Ese espacio moderado se pretende ensanchar, e Iceta lo intenta, con la incorporación, después de que muchos implicados hayan trabajado esas posibilidades, del democristiano Ramon Espadaler, que irá como número tres.

El partido está, sin embargo, más abierto de lo que parece, como señalan algunos expertos. Uno de ellos es Gabriel Colomé, autor del libro La Catalunya insurgente (Carena, 2017), que presentó Miquel Iceta, junto al autor, este martes en La Casa del Llibre. Colomé sostiene que las fronteras entre los diversos electorados pueden provocar cambios entre los bloques, el independentista y el llamado constitucionalista.

Y de eso depende en gran medida el futuro de Cataluña, de que se sea capaz de alcanzar acuerdos transversales, que hagan posible avances, sin romper la unidad civil de la sociedad catalana. Lo reivindió Miquel Iceta, al señalar que admitía que el PSC no es el mismo partido que cuando se fundó, en los años sententa, como producto de diferentes agregaciones de partidos y entidades socialistas. Pero Iceta sí insistió en que el objetivo es el mismo, “la obsesión por mantener la unidad civil de la sociedad catalana”.

El independentismo es el primer proyecto político en Cataluña, ¿pero a qué precio?

Lo que dejó en el aire Iceta es una pregunta polémica pero necesaria: si fracasa el PSC, si muere lentamente, ¿eso será indicativo del fracaso de Cataluña como la hemos entendido desde la recuperación de la democracia, e incluso antes, cuando los propios socialistas, el PSUC y toda una oposición de izquierdas y de origen católico como Josep Benet –tal y como lo analiza y lo explica con todo detalle Jordi Amat en su magnífico libro Com una pàtria (Edicions 62)?

El independentismo es ya el primer proyecto político en Cataluña. Pero, ¿a qué precio? Con la imposibilidad de llevar a cabo ese proyecto, porque un territorio no se separa de un estado de la noche a la mañana, el soberanismo ha partido la sociedad catalana en dos. Eso es así, y lo explica en su libro Colomé, con la implosión de todo el mapa político catalán. Que los partidos salten por los aires no es una cosa menor. Se rompen fidelidades, maneras de entender la vida, lealtades y confianza en el futuro.

Sólo los ciudadanos catalanes decidirán si quieren que ese pegamento social se mantenga

Iceta busca un espacio que fue, pero que puede volver a ser, aunque distinto, con otros ropajes. Considera el primer secretario del PSC que el debate político se “está empobreciendo mucho”, y que se ha alcanzado una batalla de “dogmas e incapacidad de escuchar a los demás”.

La prueba es que cuando se señala que el PSC podría ser determinante a partir del 21-D, el soberanismo se desgañita en considerar que eso sería, poco menos que una tragedia, por su papel “lamentable” con medidas como el 155 de la Constitución. Pero si todo el independentismo carga contra los socialistas catalanes, con verdadera saña, y el primero Oriol Junqueras, o conversos al soberanismo como Toni Comín, que califica de “tragedia” para el país la posición del PSOE y del PSC, será que supone un verdadero dique al proyecto divisivo que han puesto en marcha.

Sólo los catalanes decidirán el 21 de diciembre, y, probablemente, en otras convocatorias electorales a corto y medio plazo, si desean que ese pegamento de la sociedad catalana debe o no dejar de existir. Muchos de los dirigentes independentistas que denigran al PSC tal vez no sepan nada sobre cómo se pusieron en pie barrios enteros de las principales ciudades y pueblos catalanes con gobiernos municipales liderados por los socialistas. Pero los ciudadanos deberán asumir, todos, sus responsabilidaes cuando depositen el voto.


 

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