La ola de terremotos ha dejado a miles de personas sin casa

¿Naomi Klein? Los desastres naturales se rehacen con buenas instituciones

stop

Los desastres naturales no crean un mayor crecimiento posterior, como defiende Naomi Klein. Todo depende de las instituciones

María Blanco

La ola de terremotos ha dejado a miles de personas sin casa

Barcelona, 23 de septiembre de 2017 (15:55 CET)

Harvey nació el 17 de agosto al oeste de las Antillas Menores. Nadie podía adivinar en ese momento que, tras un breve periplo, se intensificaría una semana después para convertirse en el huracán que asoló Texas el pasado verano. Ya como tormenta causó grandes daños por inundación en Barbados y otras islas. Pero al tocar Texas era ya un señor huracán de categoría 4 y tuvo efectos devastadores en este estado y en Luisiana. Tras él llegaron Irma, José, y María, un huracán de categoría 5.

A ellos hay que añadir dos terremotos en México, el primero el 7 de septiembre en la zona de Chiapas y el segundo, hace unos días en la zona de Morelos y Ciudad de México. En menos de dos meses, cuatro huracanes y dos terremotos en la misma región del mundo han ocupado los titulares de los noticieros. Como no podía ser menos, hay quienes recuerdan las teorías económicas que analizan los desastres naturales.

Por un lado, están quienes resaltan el potencial crecimiento del PIB durante la etapa de la reconstrucción. Una solemne barbaridad económica si no se explica adecuadamente. Las pérdidas calculadas generadas por el terremoto que ha afectado principalmente a Ciudad de México ascienden casi 3.000 millones de dólares. Obviamente la reconstrucción va a implicar la creación de bienes, la demanda de trabajo, la necesidad de capital. Pero eso no borra de un plumazo la pérdida de los ciudadanos, de infraestructuras, el colapso de la producción de las zonas afectadas, por no hablar de las vidas perdidas y la salud de los ciudadanos afectados que es lo más importante.

La reconstrucción en México implicará demanda de trabajo, pero eso no impide el colapso

No se puede tratar de manera homogénea la destrucción y la creación de bienes y servicios. Quienes así lo hacen, están centrándose en una cifra de una macromagnitud, sin entender el concepto de coste de oportunidad: esos recursos que ahora se aplican a reconstruir se podrían estar empleando para crecer aún más, si no se hubiera destruido esa riqueza, es decir, nuestro país estaría avanzando aún más.

En su infame libro La Doctrina del Shock, la popular periodista Naomi Klein, reinterpretaba torticeramente las ideas de Milton Friedman, cuyas ideas llevaron a una mejora económica en plena dictadura de Pinochet.

Ese hecho no implica que Friedman apoyara dictaduras, pero Klein le atribuía cierta intencionalidad, no sólo a él, sino a los economistas defensores del libre mercado. De acuerdo con la autora, las políticas económicas de Friedman no triunfaron por ser mejores sino porque se aprovecharon de desastres, situaciones de emergencia, de confusión social y situaciones excepcionales para aplicar a la fuerza sus medidas. Muchos economistas, como Stiglitz, criticaron hasta dónde había llevado las cosas Klein. Eso sí, el libro fue un hit.

Sin embargo, la realidad nos dice que tras un desastre natural son las políticas proteccionistas las que se endurecen. No me refiero a las inversiones dedicadas a reconstruir infraestructuras, edificios, etc. Me refiero, por ejemplo, a políticas de control de precios.

Naomi Klein, con su infame libro, reinterpretó torticeramente a Friedman

Tras el paso del huracán Harvey en el estado de Texas, se produjo escasez de productos como agua o gas. Cuando el profesor de la Ball State University, Steve Horwitz, explicaba en la CNN que las leyes de la economía no se suspenden cuando ocurren desgracias, y por eso suben los precios, muchos espectadores se indignaron.

Horwitz exponía que ese mayor precio lleva a los consumidores a no derrochar (por ejemplo bañando a las mascotas con agua embotellada) y además, el mayor precio anima a los empresarios a vender agua en esas zonas equilibrando la escasez. Si analizamos qué alternativas hay a la distribución vía precios, habría que pensar si los vendedores deberían atenerse al orden de llegada o subastar las botellas disponibles entre los interesados. No hay una mejor opción. Sin embargo, y a pesar de que la ortodoxia da la razón a Horwitz, es más popular proponer una política de control de precios para evitar la especulación. Como hizo el general Franco arruinando la agricultura española en los veinte años de autarquía que padeció España.

Otra cosa es si se trata de zonas donde no hay en absoluto agua, comida o medicinas, como actualmente México D.F. donde el trabajo de los voluntarios desescombrando y repartiendo provisiones está siendo excelente y ejemplar.

Las desgracias naturales no sirven de estímulo económico, sólo si funcionan las instituciones

La idea de que una desgracia natural puede servir de estímulo económico, similar a la extravagancia de Krugman quien animaba a que los dirigentes fingieran una invasión extraterrestre para estimular la economía, choca, finalmente, con las diferencias institucionales.

Podemos negarnos a verlo, pero lo cierto es que las mafias se han hecho con el control de la ayuda humanitaria allí donde las instituciones no son limpias y sólidas, desde algunos países de África hasta la ayuda a los refugiados en Italia. La recuperación de una catástrofe en aquellos países o regiones donde no está penalizado invertir, donde las instituciones están saneadas, la administración de la justicia funciona, es mucho más rápida y sólida que donde la situación es otra. La recuperación del Katrina según dicen los economistas estadounidenses, es lenta. La de Haití es inexistente.

Ojalá las desgracias que se han sucedido abran los ojos a la necesidad de que las instituciones económicas sean eficientes y limpias. Y no solamente en los países que han padecido una catástrofe. Las instituciones importan en todos sitios.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad