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El Círculo de Economía no conecta con una realidad, y es que se debe resolver democráticamente el problema catalán, haciéndolo legal

Agustí Colomines

Carles Puigdemont y Juan José Brugera, presidente del Círculo de Economía. EFE/AD

Barcelona, 26 de mayo de 2017 (19:29 CET)

El Círculo de Economía tiene un salón de actos que parece un búnker. Se accede a él por unas escaleras que parece que te lleven al infierno. Además, la sala tiene unas columnas que a menudo, cuando allí se agrupa demasiada gente, impiden ver con claridad a quienes están sentados en la mesa presidencial. A pesar de que la sede del Círculo está ubicada en una de esas calles señoriales del ensanche barcelonés, el salón de actos es tosco y la ventilación inadecuada. En ese búnker no corre el aire. Aunque se diga que el hábito no hace al monje, en este caso está claro que sí. El lobby empresarial catalán está envejeciendo mal, como su local.

El actual presidente del Círculo de Economía, Juan José Brugera (Badajoz, 1946), superados pues los 70 años, es todavía presidente de Colonial, la inmobiliaria que aspira a acogerse al régimen fiscal de las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión al Mercado Inmobiliario (Socimi), y entre 1999 y 2005 lo fue de la Fundación Esade. 

Es el socio número 80 de los 1.300 que tiene la entidad. Brugera relevó en el cargo al catedrático Antón Costas (Matamá, Vigo, 1949) a finales de 2016, siguiendo la tradición jesuítica de la entidad. Costas es un gallego-catalán a quien tocó presidir la entidad desde 2013, en los años álgidos del proceso soberanista que tanto le incomodaba. El reemplazo de uno por el otro no añadió nada nuevo bajo el sol del templo burgués, porque la mayoría de sus dirigentes parecen salidos de la misma sastrería, a excepción del marxista Josep Ramoneda, quien cumple la misión de ejercer el papel del pobre, sin serlo, en la casa del rico.

Brugera llegó a la presidencia del Círculo prometiendo abordar cuestiones de actualidad como el “malestar territorial en España” y, en especial, la situación en Cataluña. En este sentido, Brugera consideraba que en los años por venir “el Parlamento y el Gobierno de España deben abrir el debate y la búsqueda de alternativas que puedan satisfacer a una parte mayoritaria de la sociedad”. 

El lobby empresarial está envejeciendo mal, como su local en una calle señorial de Barcelona

Un planteamiento ambiguo, jesuítico, que no acababa de dar respuesta a nada. Esta semana, Brugera ha vuelto a la carga en el marco de las jornadas económicas que anualmente convoca el Círculo de Economía en Sitges.

Según afirmó Brugera ante el presidente Carles Puigdemont, lo que debería hacer el gobierno catalán es “acomodarse al marco legal” y acudir al Congreso de los Diputados. Leí en una entrevista que se publicó cuando Brugera asumió la presidencia del Círculo que, a diferencia de la anterior junta, que llegó a pedir un referéndum, su posición era favorecer el diálogo sin salirse del marco legal. Por eso no debe extrañarnos que en Sitges Brugera haya repetido lo mismo, dejando claro que no comparte la idea del presidente Puigdemont de impulsar, si es necesario, un referéndum unilateral, frente a la oposición del Ejecutivo de Rajoy.

Esa es la tesis del PP —compartida por el PSOE, por lo menos hasta ahora— que sostienen algunos empresarios de Cataluña, pero está muy lejos de lo que defienden, por ejemplo, Antoni Abad, presidente de la patronal de Terrassa Cecot, quien se dejó ver sin ningún problema en el acto del Pacto por el Referéndum, o de los capitanes de industria Pau Relat, Albert Esteve, Josep Mateu, Ramon Roca, Jorge Miarnau, Ramon Carbonell, Xavier Pujol, Rosa Clarà, Joan Manuel Sanahuja o Joaquim Boixareu, entre otros, patronos de la Fundació Privada d’Empresaris FemCAT dedicada al fomento de la empresa y cuyo soberanismo no es para nada disimulado.

Brugera y su apego al diálogo trampa que propuso Soraya Sáenz de Santamaría la semana pasada y que ya les comenté en mi artículo anterior, está muy lejos de la opinión de otros empresarios, desacomplejadamente independentistas como Albert Pont, del Centre Català de Negocis, entre cuyos  objetivos está “concienciar a los ciudadanos, empresarios y representantes políticos catalanes, de la necesidad de dotarnos de un Estado políticamente independiente, como instrumento que garantice la viabilidad económica de Cataluña, la competitividad de nuestras empresas, así como la correcta asignación de los recursos y los excedentes que genera nuestra economía”. Claro como el agua.

Gestionar el presente, como pretende el Círculo, no impedirá que le atrape el futuro

Rajoy quiere que Carles Puigdemont vaya al Congreso de los Diputados para poder decir que ha debatido con él la convocatoria del referéndum y Brugera le jalea a sabiendas de que eso no va a resolver de verdad la disputa. En Cataluña la mayoría de la gente (entre un 75 y un 80 por ciento, según el CEO) está a favor de que se celebre un referéndum acordado. Incluso lo defiende Daniel Granados, uno de los candidatos que competirá con Inés Arrimadas para dirigir Ciudadanos en Cataluña. Que eso no lo entiendan en Madrid o Sevilla tiene un pase, pero resulta incomprensible que un señor que dirige una entidad, teóricamente plural, con sede en Barcelona, justo enfrente de La Pedrera gaudiniana, se sume a la maquinaria propagandística del PP.

El problema catalán sólo se resolverá democráticamente, no es una amenaza para nadie

Brugera debería presionar a Rajoy, y a los que sólo quieren solucionar este conflicto con el típico “ordeno y mando” cuartelero español, exigiéndole que convierta en legal lo que dice que es ilegal. Con la ley en la mano, el jefe del Ejecutivo tiene la potestad de permitir la celebración del referéndum. Este conflicto es de naturaleza democrática, pues la mayoría parlamentaria en Cataluña responde al mandato de lo que se votó el 27-S, y sólo se resolverá democráticamente. No es una amenaza para nadie.

Cualquier otra posibilidad, incluso el uso de la fuerza o la suspensión de la autonomía, puede que tenga un efecto inmediato y frene a los independentistas de golpe, pero lo que sería pan para hoy se convertiría en hambre para mañana. Lo que vendría después sería todavía peor. Gestionar el presente, que es lo que parece que defienden Brugera y algunos de los socios del Círculo de Economía, no impedirá que les atrape el futuro.

¡Sean menos conservadores, por favor!

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