El pleno del Parlament de Catalunya. EFE

¿Quién debe librar la batalla en el conflicto entre Cataluña y España?

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Los partidarios de una nueva relación con España dentro del estado de derecho deben rearmar un catalanismo abierto, superador de las ideologías

04 de enero de 2018 (04:55 CET)

El conflicto entre Cataluña y España es para algunos una cuestión de fuerza mayor; un conflicto del que quieren formar parte y añadirse hasta fundirse en su problemática. Son personas que ven en las afrentas a Cataluña, en el trato de jueces, fiscales, políticos, instituciones o medios de comunicación, ataques a su propia persona. Estos ciudadanos han decido que la razón debe quedar supeditada a las emociones, construyendo un muro de afectos para evitar perder la Cataluña que ellos consideran de los catalanes.

Estos ciudadanos, representados por la mayoría parlamentaria independentista, no cesarán en su empeño hasta que no se repare la dignidad de Cataluña, hasta que no se libere a los presos, hasta que no se restaure al “legítimo presidente de la Generalitat”. Esas cuestiones son prioritarias incluso al propósito de establecer la República en Cataluña o la vuelta a la normalidad de las instituciones autonómicas. Para estos ciudadanos el camino a la independencia es un camino reparador en la medida de que es un camino de lucha en el que todos se reconocen y se hermanan.

¡Ah! ¡El encanto de estas luchas es que el espectador de ellas tienen también que librarlas! Nos dice Nietzsche en su obra El nacimiento de la tragedia. Su afirmación es útil para mostrar hasta qué punto toda la sociedad catalana está afectada por el conflicto, tanto si quiere participar en él o no. El cambio más significativo  acontecido en estas últimas elecciones es que todo el mundo es consciente de que ya no pueden ser meros espectadores, sino que deberán librar la batalla.

Es prioritario avanzar hacia una nueva relación con España dentro del estado de derecho, aunque las elecciones no permitan pensar en una pronta solución

Los que creen en poder establecer una nueva relación con España dentro del estado de derecho son hoy conscientes de que los resultados no permiten pensar en una pronta solución, pero que debe ser prioritario avanzar hacia ella. Estos ciudadanos se sienten motivados en rearmar un catalanismo abierto, superador de las ideologías y capaz de deslizar en la política catalana la necesidad de un cambio de ritmo; pasar de la aceleración a la reflexión.

La diferencia entre los ciudadanos que consideran la derrota o la rectificación del estado español como únicas vías posibles, y los que creen que el diálogo permanente permitirá clarificar intenciones para avanzar en acuerdos, es que los primeros ya han resuelto que el Gobierno de Cataluña debe seguir librando la batalla y  los segundos que consideran que debe acabar para priorizar establecer acuerdos. 

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